El público del rugby sigue siendo un ejemplo

Probablemente el rugby pueda ganar el Nobel de la paz, descubrir la vacuna definitiva contra todas las cepas del coronavirus y pagarle al FMI, que seguramente seguirá siendo cuestionado. Más allá de los haters de siempre, a quienes cualquier bondi los lleva al odio, los ovalados deben aceptar que tienen flancos por dónde cuestionarlos con razón.

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Sobre todo tras los episodios de violencia generados por patotas de adolescentes o jóvenes jugadores cuyo pico máximo de salvajismo se dio en la muerte de Fernando Báez Sosa, trágico hecho del cual se van a cumplir dos años en poco más de un mes, el 18 de enero.

CUBA salió campeón.

CUBA salió campeón.

El rugby, a partir del episodio ocurrido en Vila Gesell, se vio su ombligo y, en conjunto o individualmente (a nivel clubes) tomó algunas decisiones, como prohibir el alcohol en los terceros tiempos o instruir con charlas antiviolencia y hasta de género a sus socios.

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Hasta hasta algunos Pumas debieron participar de cursos por ese estilo, especialmente los que fueron autores de los tuits xenófobos que, juntados con el fallido homenaje a Maradona a días de su muerte, terminaron por ubicar en la vereda de los malos a un equipo que se había destacado por lo inmaculado y popular.

Pero… como se ve y se acepta todo eso, también hay que rendirse ante la evidencia de que el rugby sigue siendo un ejemplo de comportamiento en una cancha. Este sábado se jugó la final de la URBA en el CASI, escenario habitual por ser el único club que puede albergar 8.000 personas sin cambiar mucho su estructura. Como sucede frecuentemente, las hinchadas (con bombos y banderas, como en el fútbol), estuvieron.

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No vamos a gastar letras en dedicarle mucho a la cuestión de los visitantes, que jamás ha estado bajo la lupa en el rugby. No solo fueron las dos barras (no bravas), sino que, como es usual, compartieron la misma tribuna. Y nada de estar separados por una reja, policías o el Rotary Club de San Isidro. Nada.

Las dos horas en que los hinchas del SIC y CUBA dejaron la piel alentando a sus equipos transcurrieron exactamente así, cantito va, cantito viene, sufriendo y disfrutando por un resultado. Ni un incidente hubo. También, como siempre.

Al rugby se le cae encima, y con razón, cuando suceden los hechos que conocemos y hasta cuando Los Pumas se mandan sus chambonadas. No quita que a su público se lo deba tomar como ejemplo, al menos cuando éste se encuentra dentro de una cancha

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