El paradigma Gallardo

Gallardo ya es un fenómeno transriverplatense pues acaba de invertir el paradigma que rige en la Argentina, cuando no en gran parte del mundo. Ha sido él quie tomó la decisión de extender un año más su ciclo. Una era que de por sí es contracultural en una época en la que los ciclos de los entrenadores parecen estar siempre a un partido de la autopsia.

Los 3.130 días que acabará cumpliendo ininterrumpidamente en el cargo lo ubicarán cómodamente como el segundo período más longevo de la historia de River detrás del de José María Minella (4.745) y por delante del de Ángel Labruna, a quien ya había superado (2.373). Pero también lo posicionarán en el cuarto lugar del ranking nacional, dejando en el quinto lugar a Carlos Timoteo Griguol (siete años y medio en Ferro) y lo ubicarán sólo detrás de Victorio Spinetto (13 años en Vélez), del propio Minella y de Guillermo Stábile (10 años en Racing). Un trinomio que, vale recalcarlo, se sostuvo en una época con menor ansiedad resultadista, allá por los 40 y 50.

Esta anormalidad contemporánea puede dimensionarse más si el caso se contrasta con los de los cuatro grandes que completan el top five: desde el 6 de junio de 2014, en esos clubes en total desfilaron 32 entrenadores, sin contar otros diez interinatos. Y seis de ellos son los que contrató Boca, aquellos que padecieron directamente los éxitos supinos del Muñeco.

Porque a excepción de Carlos Bianchi, cuatro de los DTs que lo sucedieron sufrieron las inclemencias de los cruces contra River: Arruabarrena quedó salpicado por las eliminaciones en la Sudamericana 14 y Libertadores 15, Guillermo Barros Schelotto se autoeyectó después de caer en la final de Madrid y Gustavo Alfaro perdió todo su crédito luego de la eliminación en las semifinales de la Libertadores 19, mientras que el auspicioso ciclo de Sebastián Battaglia empezó a tambalear después de la derrota 1-2 en el Monumental, el 3 de octubre. En ese contexto, Miguel Ángel Russo no pudo sostenerse ni siquiera habiendo eliminado dos veces a River en un mismo año (Copa de la LPF y Copa Argentina).

Los éxitos tampoco han sido combustible de la perpetuidad: ni en Boca, donde se ganaron siete títulos locales, ni en el resto. Los proyectos duran hasta el siguiente par de derrotas consecutivas. Edgardo Bauza ganó la Libertadores con San Lorenzo pero luego emigró, dándole paso a una sangría preocupante de nueve entrenadores en siete años y medio. De Ariel Holan, quien fue dos veces campeón con Independiente, se pronosticaba un caso clonado al del Muñeco: le había devuelto la histórica identidad estética al equipo, con el añadido de la Sudamericana y la Suruga, pero las diferencias con sus propios jugadores y con la dirigencia acabaron poniéndole fin a una etapa que duró 879 días. Fue Racing, quizás, el que más se asemejó al proyecto riverplatense: Eduardo Coudet, campeón con un estilo ofensivo, llegó a los 729 días corridos. Y antes , el primer -y exitoso- ciclo de Diego Cocca duró 548.

En Europa no se consigue

Quizás lo que distingue todavía más a Gallardo es que se ha logrado sostener en un nuevo contexto internacional. Europa ha adoptado esa especie de ansiedad crónica por los resultados importada desde Sudamérica. Allí, donde sólo Diego Simeone ha logrado sostenerse casi diez años consecutivos (los cumplirá en 14 días), hubo tiempos en los que Arsene Wenger y Sir Alex Ferguson eran algo mucho más normal, con dos décadas en el Arsenal o el Manchester United.

Eso cambió radicalmente, a punto tal que desde que Gallardo está en su cargo por el Barcelona pasaron cinco técnicos, otros siete por el Real Madrid aun cuando en siete años ganó tres Champions, seis por el Chelsea, siete por el Inter, otros tantos por el Milan y el Bayer Munich, cinco por el United y cuatro por Juventus. Es decir que el fenómeno del flujo continuo es habitual: son pocos los que alcanzan los mil días al frente de una institución, independientemente de los títulos que se puedan cosechar.

Quizás sea por eso que en el Viejo continente, donde antes sí se respetaban los procesos largoplacistas, se estén fijando en Napoleón, quien sin sus 13 títulos acaso no hubiera sobrevivido a la inclemente picadora. Posiblemente no haya tiempo para que el Muñeco se transforme en un Ferguson: matemáticamente hablando sólo ha transitado el 32,15% de la carrera del escocés en el United. Pero conceptualmente cambió el paradigma: en el país donde se exigen cambios continuos, a él se le festeja que siga.

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