El menos común de los sentidos

Durante el juego, el árbitro Facundo Tello se había mandado un par de buenas macanas. Había premiado una piña de Insaurralde a Villa con una módica tarjeta amarilla, sin ayuda de su asistente Brailovsky, que estaba bastante más cerca. Más tarde, había amonestado alegremente a Fabra por una falta común, olvidándose de que ya le había sacado amarilla antes y entonces lo tenía que echar.

Tello es un árbitro de bastante rápido progreso, a quien la Dirección de Arbitraje candidatea al Mundial de Qatar. Tuvo un meritorio arranque de carrera, que se empezó a complicar a medida que creció la exposición, la responsabilidad y la envergadura de los partidos. Acá ya empezaba a imponerse la sensación de que no sabía bien dónde estaba parado, de que se le perdía el partido, se le escapaba.

Los jugadores tampoco entienden el criterio de Tello (foto Marcelo Carroll).

Los jugadores tampoco entienden el criterio de Tello (foto Marcelo Carroll).

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Ya la media hora del segundo tiempo le cayó el diluvio. Aunque rápidamente se vio que las condiciones para seguir jugando iban a ser muy irregulares, hizo el intento de llegar hasta el final del partido.

Y acá hay que separar lo reglamentario del sentido común básico, materia en la que Tello se lleva el más contundente aplazo de la noche del sábado. Cuando la pelota no corre, cuando se frena, y hay serio peligro de que se lesionen los jugadores, están dadas las condiciones para suspender. Esto pasaba desde los 35’.

Si hiciste seguir para tratar de completar, ¿qué lógica tiene cambiar de idea cuando ya faltan solo 2’?

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Allí hasta se le pelearon jugadores y auxiliares, en una escena final de ridícula espera mientras trataban de desagotar el piso con secadores como los que tenemos en el patio. Le salió bastante bien: ya cerca de medianoche, pudo concluir el clásico. Zafó de tener que citar a todos otro día para ir a jugar dos tiempos de 3’.

Pueden saber más o menos de leyes; tener mejor o peor ojo. Pero un árbitro sin sentido común es un peligro.

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