El fútbol que le gusta a Riquelme

Se lo suele ver ahí en un palco, con su mate, sus laderos del Consejo y sus invitados, mirando los partidos casi sin cambiar de expresión, pase lo que sea que pasa en la cancha. Algún comentario por ahí con uno, algún gesto menor con otro, la expresión inalterable, ni media sonrisa.

Así estaba Riquelme hasta que a los 35’ del segundo tiempo, Fabra armó el golazo con el que Boca se ponía 2-0. Ahí, Román aplaudió, de pie, ostentoso, frenéticamente.

Riquelme podrá haber hablado de “inocencia”, en el sentido de cierta falta de oficio para cerrar los partidos, de tener más malicia y no dejarse madrugar ni sorprender. Habrá hasta usado la palabra “tramposo”, una exageración en el pedido de estirar los minutos cuando el resultado está a favor.

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La reacción de Román al gol de Fabra.

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Podrá Riquelme festejar todo triunfo, el que se consiga con solidez y el que llegue más afortunado; el que se alcance en los 90 o en los imprevisibles desempates a penales.

Pero a no dudar que el fútbol que él quiere para Boca, el que le encantaría que se pudiera plasmar todos los partidos, es el que representó esa jugada del colombiano: empaladita, pared con Molinas de cabeza, enganche pie a pie y definición cruzada.

Existe cierta percepción errada de que al hincha de Boca sólo lo puede el “huevo-huevo-huevo”, que lo único que lo conmueve es la resbalada de diez metros para quitar y tirarla afuera, la suela con el rival, le condecoración de la orden del esfuerzo.

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Román en su palco con dos cracks calidad pura: Beto Márcico y Rojitas (@sebavdr).

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Pero además de haber tenido a Rattin, Suñé, Serna, Boca crió cincos como Gago y Banega; fuera de Pernía, Nicolau, Rogel, Bermúdez, Schiavi, tuvo defensores como Meléndez, Sacchi, Marzolini, Simón, Samuel, cuya calidad técnica era infinitamente más apreciable que su carácter (que lo tenían).

Y hubo un Rojitas, y que el máximo ídolo es justamente Román, uno de los más brillantes y lúcidos futbolistas que hayan nacido en nuestras tierras.

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