El festejo de Ramírez en medio de la tristeza por su mamá

“Uno piensa que entra a la cancha y ya está, no pasa nada. Pero no es así. Ver a tu mamá mal, sin pelo… Es algo chocante para mí y para toda mi familia. Me costó muchísimo y le estoy poniendo garra y corazón”. Juan Ramírez convive con una mezcla de sensaciones que le cuesta explicar, porque la felicidad y la satisfacción de dar otra vuelta olímpica con Boca es apenas un bálsamo para el dolor en el alma que siente el volante de 29 años por la enfermedad que sufre su madre desde hace meses. Por eso, sus lágrimas en el festejo del campeonato no eran sólo una expresión de emoción. También había tristeza, impotencia, incertidumbre. De hecho, el zurdo extrañó la presencia de su mamá en la Bombonera frente a Independiente, ya que debía permanecer en reposo en su casa porque los puntos de la operación a la que fue sometida en los últimos días aún están en proceso de sutura. Con esa tremenda carga, Ramírez nunca dejó de entregarse al máximo en cada entrenamiento con el plantel del Negro Ibarra y dio lo mejor en los 21 partidos (13 como titular) que jugó en la LPF 2022, aunque el delicado momento personal que atraviesa no le permitió rendir en su mejor nivel.

Ramírez puso la firma en Boca hasta diciembre de 2026 con el Chelo Delgado. (Prensa Boca)

Ramírez puso la firma en Boca hasta diciembre de 2026 con el Chelo Delgado. (Prensa Boca)

Si bien Ramírez destacó el apoyo de “mi señora, mi hija, mis hermanas y mi viejo” para encarar esta situación familiar sin desenfocarse de su trabajo diario en Boca, también ponderó la compañía y la banca de Riquelme y toda la dirigencia del club; el propio Román la semana pasada elogió el esfuerzo y el profesionalismo del volante. “Tiene a la mamá muy enferma y no para de competir. Le mando un beso”, fue el mimo público del vice. “Román y todo el club se portaron de maravillas conmigo”, le agradeció el zurdo a su ídolo, que además fue el responsable de su llegada a Boca en el mercado de pases de invierno del año pasado.

En los últimos días, Ramírez vivió otra alegría inmensa en su carrera además del título de la Liga, porque extendió su contrato con Boca hasta diciembre de 2026, dos años más que el vínculo que tenía firmado. Y esta decisión de los directivos fue otro empujón anímico para Juan, que en este semestre no convirtió ningún gol y su nivel estuvo muy por debajo de lo que puede brindar y ya ha demostrado con la camiseta azul y oro. “No fue un buen año para mí. Tuve muchas lesiones, la enfermedad de mi mamá… Me jugó una mala pasada en lo personal”, admitió el zurdo surgido en Argentinos y con pasado en Talleres y San Lorenzo, aparte de sus breves estadías en el Colorado Rapids de la MLSy el Almería de España.

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El volante completó los 90’ una sola vez en el torneo en la segunda mitad del año: en la derrota contra Banfield en la Bombonera (0-3). Aunque integró el 11 de Ibarra en partidos decisivos como el superclásico, en el triunfo ante Atlético Tucumán y en la última fecha contra Independiente. Entonces, fue un jugador importante para la obtención del título, el tercero del talentoso de Moreno en Boca. De todos modos, su mayor mérito fue levantarse cada día con la mentalidad de afrontar su compromiso con el club a pesar de que “fueron meses difíciles para mi familia, ver cómo se le cae el pelo a mi mamá… Vas a entrenar sin ganas, pensando en cómo está”, explicó el futbolista que durante casi todo el 2022 lidió con un esguince en el tobillo izquierdo y otra molesta lesión en el glúteo.

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Para superar esa adversidad incomparable con cuestiones deportivas, el volante justamente se aferró al desafío competitivo de Boca y a la agradable convivencia con sus compañeros. Sobre el césped la tuvo que pelear cada mañana, cada práctica. Y fue una de las mejores muestras de su personalidad, que en ciertos casos puede parecer débil por su perfil bajo y su humildad. Aunque está claro que salir a la cancha en una situación tan delicada es más difícil que ganar cualquier partido para un futbolista. Ramírez lo hizo. Ganó esa lucha constante y la seguirá peleando, porque el sueño de ver a su madre recuperada es su motor emocional más potente. “Quiero que se mejore, que salga todo bien ahora que la operaron”, fue su deseo en pleno festejo del campeonato.

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Obviamente, el zurdo necesita estar en su casa junto a la familia. Precisa las vacaciones para disfrutar esos momentos y recargar energías, pero antes seguirá dejando todo para cerrar el año con más vueltas olímpicas, en la Copa Argentina -el miércoles es la semifinal contra Patronato- y el Trofeo de Campeones -el 2 de noviembre ante Racing o Tigre.

No es nada fácil para él mantener la intensidad mental y física que demanda el equipo, pero jamás va a dejar de cumplir con sus compañeros, el cuerpo técnico y la institución, porque cumplir con esas obligaciones también son el deseo y la exigencia de su madre, la mujer que le enseñó a pelear en la vida. Y que ahora pelea por su vida junto al hijo, que es mucho más que uno de los campeones del equipo de Ibarra. “Quiero estar los minutos que me toque. A veces la gente no se da cuenta, pero repercute mucho en tu rendimiento. No se lo deseo a nadie”. Los deseos son para mamá…

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