el “deporte” de Messi, Gago, los pibes, el “cagazo”, su casi retiro…

Sus ojos se abren más. Eleva el tono de voz. Se mueve en una de las butacas de la platea, a metros de la estatua de Carlos Gardel. Sacude sus brazos. Mira hacia un lado y para el otro. Gesticula. Pone la vista sobre el campo de juego. Darío Cvitanich se apasiona cuando despliega su arsenal de convicciones. Parecen sentencias, pero no son más que certezas que incorporó a lo largo de su vida futbolística. Argumenta cada idea con conceptos que poco le cuesta exponer por la facilidad que le permite su formación.

Jugador reflexivo como pocos, futbolero como muchos, a los 37 años Darío dialogó con Olé en una charla extensa. Por momentos, varios, brindó lecciones que excedieron al juego en sí. Cómo tratar a los pibes; la importancia de lo mental detrás de la pelota, el aprendizaje; los manejos de los triunfos y las derrotas; la relevancia de los técnicos y sus funciones; su preparación para el retiro y muchos más temas fueron abordados por este futbolista. Cuando se embala en la conversación toma velocidad.

“Estoy muy bien en lo anímico. Trato de estar siempre con una actitud positiva, más allá de que en lo deportivo no estemos pasando un buen momento o vengamos de meses de no estar bien. No es una situación ideal. A mí eso no me cambia la actitud de cómo enfrentar los días. Al contrario, me motiva más”, cuenta Cvita. 

Cvitanich ganó dos títulos en Racing: Superliga 2018-2019 y el Trofeo de Campeones de ese año.

Cvitanich ganó dos títulos en Racing: Superliga 2018-2019 y el Trofeo de Campeones de ese año.

-En diciembre vence tu contrato con Racing. ¿Vas a renovarlo?

-Fui y soy muy feliz acá. Siempre analizo todo una vez que termina… Me han tocado momentos muy lindos. Y hoy, que no lo son en lo deportivo, no cambia mi forma de actuar. Cuando llegue al 12 de diciembre (ese día se extingue su convenio), me sentaré a evaluar… Veré qué pretende el club, el cuerpo técnico y qué es lo que quiero yo también. Pueden estar de acuerdo las partes o no. Puede que una de ellas decida dividir los caminos, y va a estar todo muy bien. Eso es parte de un crecimiento. En algún momento se va a terminar… Seguirá mi sentimiento hacia este club y todo lo que aprendí en estos tres años.

En Boca jugó un año y ganó el Apertura 2011, con 12 puntos de ventaja sobre el segundo: el Racing de Simeone. Y perdió la final de la Lbertadores con Corinthians.

En Boca jugó un año y ganó el Apertura 2011, con 12 puntos de ventaja sobre el segundo: el Racing de Simeone. Y perdió la final de la Lbertadores con Corinthians.

-¿Está la chance de que te retires del fútbol?

-Hoy te digo que mi idea es seguir jugando. Quizá finaliza mi contrato, pasan 10 días desde que dejé de entrenarme y la cabeza me dice: “Che, Darío, quedate y andá a ver a tus hijas jugar al hockey”. Y se termina. Soy muy del día a día. Aprendí a vivir así porque la vida me llevó por un montón de lugares. Me siento bien física y mentalmente, y eso me da un indicio de que seguramente siga jugando algunos meses más. El lugar hoy no lo tengo del todo claro ni decidido. Pero estoy muy tranquilo. Sé que lo que vaya a encarar lo haré convencido, tratando de hacer las cosas bien y al ciento por ciento para dar todo de mí.

-Dijiste que la vida te llevó por muchos lugares. ¿Y qué cosas te enseñó?

-Tuve la suerte de haber cumplido 18 años de trayectoria desde que debuté. Son 20 si les agregás los dos que me entrené con la Primera. Siempre me acuerdo de mi primer traspaso: fue de Banfield al Ajax de Holanda. Firmé por cinco años. Y me dije: “Juego ese tiempo y me vuelvo a la Argentina”. Esa era mi cabeza a los 22 años. Terminé en México (Pachuca), en Miami, en Francia (Niza), pasé por Boca, volví a Banfield… Y cuando pensé que me quedaba e Banfield… apareció Racing. Hoy, a mis 37 años, no sé qué haré mañana en lo futbolístico. En toda la carrera nos vamos pegando golpes y vamos triunfando. Por eso no miro al pasado ni hacia el futuro. Trato de centrarme en el día a día.

-¿Qué fue lo que no disfrutaste en el fútbol?

-Tenemos una linda profesión, pero vivimos a mil. El contexto te lleva a eso. Jugás un domingo, hacés un gol divino o ganás y el lunes estás de nuevo pensando en más. Me tocó ganar un título con Racing (el Trofeo de Campeones, en 2019) y al otro día irme de vacaciones. Después tenés que verlo por youtube o alguien te lo recuerda. “¿Por qué no me quedé un ratito más disfrutando?”, pensás. De grande aprendí a disfrutar.

-Cuando ganaron esa Copa estallaste en un llanto. Ahí sí disfrutaste…

-Miré a la tribuna y vi a mis hijas llorando, gritando… Pude estar presente en un momento presente. Y fue un logro personal para mí. Lo mismo el clásico (NdeR: el 1-0 histórico sobre Independiente de 2020, con gol de Marcelo Díaz cuando Racing tenía dos jugadores menos). Era muy consciente de lo que estaba pasando y de cómo lo estaba disfrutando.

En el Ajax de Holanda estuvo en dos ciclos: 2008-2009 y 2011. Lo dirigió Van Basten.

En el Ajax de Holanda estuvo en dos ciclos: 2008-2009 y 2011. Lo dirigió Van Basten.

-Por eso de vivir a mil, ¿alguna vez te arrebató algún deseo que no hubiera sido conveniente ejecutar?

-En mi mejor momento, en Banfield, antes de irme a Holanda quise dejar el fútbol. Veía la realidad de mis amigos, que estudiaban. Yo ya tenía mi contrato, mi primer auto y una vida diferente a la de ellos. Pero no la pasaba bien como ellos… Se sentaban a comer y se cagaban de risa. Yo me quedaba maquinándome con el partido que había jugado mal, con el gol que había errado o con que tenía que exigirme más para irme afuera, progresar y ayudar a mi familia… Tenía 19 años, eh… Quería disfrutar como mis amigos del momento presente. Y no podía.

-¿Y entonces?

-Llamé a mi representante y le dije que no jugaba más. “¿¡Estás loco!?, me respondió. Después empecé con terapia, a verle el lado bueno a otras cosas. Sentí presiones que hoy viven los chicos de 17 ó 18 años. Esta burbuja donde nos ponen a los jugadores todo el tiempo… Cuando se pincha,  te caes en un abismo y no sabés de dónde agarrarte. Fueron muchas cosas que me sirvieron. Gracias a Dios que pasé por eso. Y hoy soy de las cosas más simples.

En 2015 actuó en el Pachuca de México.

En 2015 actuó en el Pachuca de México.

-¿Hoy los pibes están más contenidos que antes?

-Se habla más. Antes no había psicólogos en los clubes y los grandes no estaban tan cerca de los chicos como nosotros ahora. Yo les insisto mucho con la profesionalidad, la disciplina. Hacemos un deporte que, en la semana, lo practicamos dos o tres horas por día. Y el domingo jugamos. Lo que ves adentro de la cancha es lo que ves afuera… Un tipo desordenado adentro, lo más probable es que no tenga una vida muy ordenada. Un tipo desfachatado adentro a veces también lo es afuera. Uno pensante para jugar también puede serlo afuera. No se puede separar la vida del fútbol. Y los domingos entramos todos con una mochila.

-¿Qué lleva esa mochila?

-El examen que rendimos. Por eso les pido a los chicos que disfruten. Que los momentos de gloria no sean extremos y que los de derrotas no sean el fin del mundo. La mayor cantidad del tiempo tienen que sostenerse en la línea media del equilibrio. Eso los va a llevar a hacer una carrera, a progresar. Y es fundamental es el estudio. Que aprendan, que sepan tomar decisiones buenas en sus vidas para que esas mochilas sean lo más livianas posibles y puedan rendir. Tienen que ser receptivos, escuchar para entender el juego, para saber lo que un técnico quiere de ellos, para poder aplicarlo en la vida. Podés tener un técnico excelente dos meses, después otro que no te deja nada, después otro que te enseña un montón… Pero el fútbol es una escuela.

Después de pasar por Pachuca, se fue al Miami FC de los Estados Unidos, en 2016.

Después de pasar por Pachuca, se fue al Miami FC de los Estados Unidos, en 2016.

-¿En esa escuela qué técnicos te dejaron más?

-No hablo de nombres propios, pero vos podés tener un entrenador que te deje muchas cosas aunque los resultados no sean buenos. Me ha tocado jugar con técnicos que me dejaron nada y sacamos un montón de resultados. Bah, quizá me sirvió para aprender lo que no hay que hacer… Y tuve entrenadores que me enseñaron muchísimo y ni siquiera he jugado con ellos. Hoy valoro todo. En su momento me calentaba porque no me ponía determinado entrenador, pero ahora lo veo desde otro lado. Hoy los chicos de 17 ó 18 años se enojan también si no juegan.

-¿Te sentís un ejemplo para los pibes?

-Se demuestra más con el ejemplo que con la palabra. Tengo mucha simpatía con ellos. Generó cercanía y a veces soy un nene más entre ellos, je. Es la forma de tratarlos. Ellos mismos vienen a hablarme. Tienen una necesidad de aprender muy grande. Hoy los técnicos también deben ser docentes. De lunes a lunes. Es más importante que te le acerques a un chico, lo abraces y le digas algo puntual, que enseñarle un montón de movimientos. Los técnicos no sólo deben prepararse desde el luego, sino también e el trato con la persona.

Surgió de las Inferiores de Banfield, donde vivió dos etapas: 2003-2008 y 2017-2018. Dabove, DT del Taladro, declaro que le gustaría su regreso.

Surgió de las Inferiores de Banfield, donde vivió dos etapas: 2003-2008 y 2017-2018. Dabove, DT del Taladro, declaro que le gustaría su regreso.

-Es imposible no imaginarte como técnico en el futuro…

-Si bien estoy por terminar el curso, no me veo como técnico. Porque me gustaría ser de una manera casi obsesiva, como los que me gustan a mí: los Simeone, los Beccacece, los Guardiola… Para hacerlo como lo hacen ellos, tenés que ser obsesivo. Estar en todos los detalles. Y aparte, le tenés que sumar lo humano. No sé si estaría predispuesto a llegar a las 7 de la mañana a una práctica y estar hasta las 3 de la tarde todos los días de mi vida. Y con la ingratitud de que hiciste todo eso: formaste 50 pibes y duraste tres meses porque te echaron por malos resultados. Yo me iría tranquilo si tres chicos de los 30 entendieran por dónde va el fútbol y que eso les sirviera para los próximos diez años.

-¿Te considerás un obsesivo?

-No, pero sí híper responsable. Me queda un mes de contrato y sigo viniendo a las 7 de la mañana. Agarro al Profe para ir al gimnasio, sigo siendo uno de los últimos en irse del club. Salgo a comer y si hay que mantener un peso de 73 kilos, lo voy a mantener ahí. A veces me junto con mis amigos y me dicen: “Dale, boludo, comete esto, tenés 37 años”. Y les contesto: “¿Sabés qué pasa? El día que lo haga, dejo de ser yo”. Después, si te errás un gol abajo del arco te van a putear igual,eh. Pero es mi forma de ser y lo que hoy mal o bien me mantiene en un club como Racing. Es lo que a mí me permite exigirles a los chicos. Porque yo dependo de los chicos, no ellos de mí.

-¿Cómo es eso?

-A mí me gustaría estar en el banco, que los chicos la rompan, ir 5-0 y entrar ahí. Siempre les digo de quedarnos un rato más en las prácticas para patear al arco o hacer lo que necesiten. “Vos me vas a salvar el domingo, no te voy a salvar yo”, les aviso. ¿Querés que te salve a los 37? A los 20 yo me ponía salvar a los de 35. Corría, iba, tiraba el centro… Y si tenía que ir a cabecear, tipo Patoruzú, iba. Si me pedían A, yo hacía A, B, C, D, E y F. Hoy los tiempos cambiaron.

-¿Un ejemplo?

-Hoy te miran como diciendo: “Che, dale, salvame vos”. Yo no voy a correr como ellos. No tengo la suerte de tener esa velocidad, esa fuerza. Hoy lo único que me queda es la cabeza. Quiero convencer a los más chicos de que son unos fenómenos porque yo me quiero beneficiar con ellos. Y que nos beneficiemos todos. No tengo la capacidad de los pibes, ni física ni técnica ni de potencia. Quiero ser egoísta y pensar que me hagan ganar. Llevate la pelota, que te aplaudan, que te saquen dos mil fotos. Pero yo me voy a ir tranquilo a mi casa: voy a llegar y a decir: “Che, estamos en un buen momento”.

-En un fútbol argentino donde salen partios muy malos, ¿falta pensar más?

-La cabeza es muy importante Por algo todavía hay jugadores de 37, 38 ó 39 años… Es porque piensan. Si no, no deberíamos estar. No soy el más pensante ni mucho menos, pero algo se puede hacer en este fútbol. Y gracias a Dios, mal que mal, sigo teniendo ofertas.

-Dabove dijo que le gustaría tenerte en Banfield.

-Sí, lo escuché. Y bueno… Me pone contento que me llamen cuando todavía no terminó el torneo. Dijo que escuchaba mucho mi nombre por lo que yo hacía en el vestuario y que le hablaban muy bien de mí… Eso para mí no tiene precio. No hay título que valga eso.

-¿Qué entrenadores te marcaron más?

-Aprendí de todos. Me tocó tener a Van Basten en el Ajax. Me enseñó mucho desde la delantera, pero no nos fue tan bien con él. Después me dirigió un técnico en Francia que me enseñó muchísimo porque tenía un ayudante de delanteros. Pude explotar mucho eso. Acá, Chacho (Coudet) te manejaba mucho la parte técnica y muchísimo la de la cabeza. Coudet tenía un combo perfecto. Con Beccacece no jugué mucho, aunque aprendí muchos movimientos. Parecido a Fernando (Gago). Con Falcioni, mucho desde el orden. Él analizaba cada jugador y por dónde tenías que ir, con un juego más directo. Con Claudio (Úbeda) y el Lagarto (Fleita, su ex ayudante), con Pizzi algunas cosas puntuales de delantero. A todos les saqué cosas buenas y todos tuvieron cosas malas. Ellos lo sabrán y nosotros también nos dimos cuenta desde adentro.

-Licha López alguna vez dijo que jamás pudo disfrutar de un partido. ¿Lo hablaste eso con él?

-Y… Salvo que vayas ganando 5-0… Y ahí parás un segundo, mirás el espectáculo, estás ahí. Lo hablaba con Licha hace poco. Con  37 años me sigo poniendo nervioso. Llega la hora del partido y, aunque no vaya a jugar, digo: “Ojalá que hoy ganemos”. Algunos piensan que debería vivirlo de otra manera porque estoy en mi última etapa. Pero no. No me puede chupar un huevo perder. O que nos vaya mal. En un momento la pasás mal. Porque tenés eso ahí adentro… Y cuando no se dan los resultados, pienso que soy yo, que algo estoy haciendo mal. Sigo sintiendo esa adrenalina.

-¿La sentías cuando jugaban sin público por la pandemia?

-No, ahí no. No podíamos generar esa adrenalina, ese cagazo. A mí me gusta jugar cagado. El cagazo te lleva a tener los cinco sentidos despiertos. Tengo que estar en todo porque, si no, el de la tribuna me va a putear. Acá (en el Cilindro) salíamos a jugar la Libertadores sin gente y no podíamos meternos una inyección de adrenalina.

-¿Por qué Racing tuvo un año flojo en lo deportivo?

-De a poco fuimos perdiendo el convencimiento. Es difícil tener a 30 tipos convencidos. Hay que estar todo el día con el inflador, es lo que tratamos de hacer nosotros. Además, no hemos logrado acoplarnos todos. Tenemos muchos buenos jugadores y no tenemos un muy buen equipo. A mí me gustaría tener mucho menos jugadores y un muy buen equipo. ¿Quién es el mejor equipo del mundo? El City. ¿Y el que mejores jugadores tiene? El City, te dicen. Pero yo, como equipo, me quedo con el Bayern Munich.

-¿Te dolería irte de Racing después de un año difícil?

-Me iría feliz, sea el momento que sea. Porque yo fui feliz. Hice pocos goles, estuve en momento muy lindos… Y nadie me va a sacar esa felicidad. Me he ido de lugares… En Francia fui muy feliz. Y en Holanda, pese a que estuve en un lugar espectacular, no fui tan feliz. Después, habrá gente que te recordará bien, mal, más o menos…

¿Qué te enamoró tanto de Racing?

-Hace tres años que estoy acá, es mucho tiempo. Cuando tomé la decisión de irme de Banfield por cuestiones personales, le pregunté a mi representante qué ofertas había. Si estaba Vélez me iba ahí, si estaba Huracán lo mismo. Menos Lanús, me iba a cualquier lado. Eso fue a las 4.30 de la tarde. A las 5 me avisó que estaba lo de Racing, le dije que lo cerrara ya. Y le corté el teléfono. Cuando llegamos a Mar del Plata a la pretemporada, la gente gritaba: “Darío, Darío”. “Uy, esta gente está loca”, pensaba. Veía papás e hijos llorando. Y abuelos. “No le podemos fallar a esta gante”, me decía. En Banfield estaba cómodo, pero me le jugué por Racing y me salió bien.

-Se nota que Racing te marcó mucho.

-Mi hija más grande me había dicho que quería verme levantar una Copa y lo pude hacer en Racing. Y la más chiquita (Carmela, de cinco años) me dijo que es hincha de Racing. Y haré todo lo posible para que siga siendo de Racing. La más chica es de Boca.

-¿Qué te quedó de Boca?

-Me quedó un lindo recuerdo. Estuve un año. Y en un momento me quise volver a Europa. Yo la pasé muy bien. Román (Riquelme) y el Flaco (Schiavi) nos dijeron: “Muchachos, si no le damos bola a los de afuera, nos concentramos acá…”. Salimos campeones invictos (Apertura 2011), peleamos el título con Racing (escolta, a 12 puntos), ganamos la Copa Argentina y perdimos la final de la Libertadores (con Corinthians). Me sentí muy expuesto todos los días, pero lo tomé como un desafío. Siempre me gustaron los desafíos.

-¿Y ahora cuál tenés?

-Muchos desafíos personales: en este último tiempo me dediqué a estudiar. Hago cursos de finanzas, de economía, de inglés… Me gusta mucho para mi post retiro. Empecé a entender, desde hace un tiempo, que esto se termina y la vida seguirá. Cuanto antes lo entendés, más preparado estás para enfrentar la vida de cualquier ser humano, cuando ya no te recuerden más o sólo unos pocos lo hagan. No creo que vaya ser duro el retiro. Hoy, en el día a día, lo paso bien, pero al domingo no lo extraño tanto, eh. Me gusta, pero bueno. Yo en la pandemia la pasé bien, no la sufrí, me sirvió para la introspección. Como les digo a los chicos: aprendan de los momentos malos y disfruten de los buenos. No se tienen que caer nunca.

-¿Cuál es el plan de Gago con los juveniles?

-Quiere potenciarlos. Hoy todos los clubes necesitan técnicos que más que nunca hagan eso porque ya no pueden competir en los mercados con Paraguay, Uruguay, Chile ni, muchísimo menos, Brasil. Hoy tenés que mirar para tus Inferiores. Para eso necesitás técnicos que les enseñen a jugar al fútbol a los chicos. Un club de Europa puede venir con un millón de dólares para llevarte a un jugador que vos creas que tiene mucho potencial. Pero la necesidad te llevará a venderlo. El país te empujará a eso.

-Pero te desprendés rápido de pibes que pueden darte más en lo deportivo…  

-Hay los clubes tienen que vender a los jugadores que explotan. Si tenés un Mercedes Benz, sabés que nunca perderá su valor. Pero cuando lidiás con jugadores de fútbol, si están bien valen esto. Y si no, abajo… Hay un montón de casos de “esperemos porque en un año valdrá mucho más”, pero eso no ocurre y se desvalorizan. Es difícil, pero hay que sincerarse. Para eso, te tienen que salir chicos de abajo. Y tenés que hacer un plan integral. Encontrá petróleo. Que salga y salga. Si querés un club ordenado, sin deudas y que salgan buenos jugadores, tenés que decirle a la gente que habrá que hacer esto. Y no se hace de un día para el otro.

-¿Cuáles son los principales conceptos de Gago?

-Actitud e intensidad al 100%. Si tu 100% son 10 minutos, al próximo deben ser 11. Y al otro, 12. Pide mucha movilidad y nos da libertad para jugar. Y todo el tiempo jugar a uno o dos toques. Porque el fútbol se volvió muy dinámico. Y en la post pérdida. En el fútbol argentino se corre mucho y mal. Vos ves cómo juega el City. Pero tarda 10 segundos en recuperar. No corren más, pero lo hacen con más intensidad. Pero tienen todos los movimientos automatizados y coordinados. Uno levanta la cabeza y ya hay cinco movimientos distintos. Hoy en Argentina lo ves en el River de Gallardo: la presión post pérdida, siempre juegan para adelante. Cuando ya cruzaste tres cuartos, ya tenés que seguir hacia adelante. Cuando llegás ahí arriba, tenés que terminar la jugada porque eso lo mata al rival. Yo a los pibes les pido que cinco veces por partido al menos pateen al arco. Lo mismo a los laterales: ¿podés tirar cuatro centros? Decisión hay que tener.

-¿Te identificás con el fútbol que pregona el DT?

-Sí. Me gustan técnicos así porque te dan todas las herramientas. Te dicen todo. Qué va a pasar, dónde te van a presionar, cómo te van a jugar los rivales, por dónde tenés que atacar… Prepara cada partido pensando en el rival más allá de su idea. Y el día del partido, te dice: “Liberá tu cabeza. Muchachos, ahora ustedes, tomen decisiones”. Te da todo, te entrena, te automatiza un montón de cosas en la semana. Hasta ahí llega el cuerpo técnico. Después puede acertar con los cambios, pero ahí adentro decidimos nosotros. Por eso me da mucha cosa cada vez que se va un técnico; me siento culpable. Porque no pudimos representarlo, jugando peor o jugando mejor.

-¿Ves que el equipo ya representa lo que quiere el DT?

-Creo que va a tener que convencer a los jugadores de que pueden. Yo sé también que pueden. Nosotros hacemos nuestro trabajo porque vemos el potencial que hay. Pero ellos tienen que creer y querer hacerlo. Tengo que tener las ganas de querer. Eso es dificilísimo y fundamental. A mí me puede decir: “Vos andá al 100% a marcar al dos. No las vas a recuperar, eh. Vas a ir 50 veces pero nunca la vas a recuperar”. Yo me tengo que convencer de ir al 100 con el dos. Y la va a recuperar el otro.

-¿El hincha tendrá que acostumbrarse a convivir con el riesgo de la salida desde el fondo por abajo?

-Todo tiene un todo. Si vos la llevás de abajo es porque vas a subir al equipo. Si presionás arriba al rival es porque después el rival tendrá que recorrer 70 metros para definirte. Si parás un equipo en un tiro libre en contra afuera del área, es porque le das al arquero toda el área. ¿Quién te va a hacer un gol de cabeza desde afuera del área? Todo tiene un fundamento. A veces la gente se agarra la cabeza cuando salís jugando de atrás. “¡Tirala lejos!”, pueden gritar.

-Ya se vieron desde afuera algunos movimientos de la idea del DT.

-Hay cosas interesantes, pero son proyectos. Tenés clubes que pagan 12 contratos diferentes a 12 técnicos. ¿Cómo pueden subsistir los clubes así? Tenés que ser sincero con la gente. “Esto es así: puede salir o no”. Pero dales un año de tiempo a los técnicos, no les des dos o tres meses. Es muy difícil que en Europa echen a un técnico a los cuatro meses. En Francia perdimos diez partidos seguidos. Acostumbrado a la Argentina, me dije: “Este está arafue”. Y nada. Después de un mes levantamos y terminamos terceros. Hoy los europeos nos ganaron. ¿Cuántos jugadores te vienen a buscar de Argentina? Van por lo de Bélgica, Holanda, Inglaterra… Porque te copiaron el potrero de Argentina y a eso le agregaron disciplina. Entonces hoy, cuando vienen a Sudamérica, sólo se llevan casos puntuales.

-¿Fue difícil tener tres entrenadores en un año en Racing?

-Es que viene uno y le dice al cuatro que tire todo al cajón (juego por las bandas), llega otro y le pide que juegue para adentro, y el tercero te dice para el otro lado… Y vos pensás, en algún momento: “¿Para dónde juego la pelota?, ¿Qué hago?”. Y si al chico no le das la suficiente autonomía para que defina, lo mareás.

-¿Cuál es tu rankings de equipos argentinos que más te gustan?

-River, Defensa y Justicia y Talleres.

-¿Qué opinión tenés de esta versión de Messi en la Selección?

-Tuvimos que leer o escuchar que Messi necesitaba ganar la Copa América para… Él también pareció sentirlo así, pero… Yo, que no sé si hago el mismo deporte que Messi, ja, rescato la actitud mental de él. Y entiendo por qué realmente es el uno. Desde la mentalidad, es el uno. No paró hasta que consiguió ese título. Se formó un equipo por y ganó la Copa América. Al tipo lo liberó la sociedad más allá de que él haya sentido esa liberación. Este es el único país que se permitió cuestionarlo.

-¿Y al equipo cómo lo ves en general?

-Veo una Selección muy convencida. Con y sin pelota. Y eso lo ha favorecido mucho. A nivel Sudamérica está muy bien Argentina, pero habrá que verlo en la elite de la elite, contra selecciones de Europa. Tiene con qué, tiene jugadores para medirse con los mejores. En algún momento, para crecer, vas a tener que enfrentarte con los mejores: Alemania, Inglaterra, Bélgica, Francia… Potencias. Y lamentablemente recién lo vamos a poder ver en el Mundial.

-¿Qué mensaje les dejarías a los hinchas de Racing?

-Yo soy un agradecido. Me han tomado mucho cariño. Yo fui muy respetuoso y lo seré siempre con la gente de este club que me dio mucho más de lo que yo pude haberle dado. Racing me permitió vivir momentos divinos, únicos. Y me ensaño cosas para mi vida. A veces no nos damos cuenta nosotros de lo que es la pasión. Llegara una ancha y ver al nene llorando, arriba del papá llorando, y el abuelo al lado llorando en la pelea por el campeonato… O el día que jugamos el clásico, ver eso, para mí no es algo normal. Fueron cosas que me marcaron. Y agradezco haberlas vivido.

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