el dar la cara y la templanza

Uno de los grandes focos del Súper en el Monumental será Darío Benedetto. Porque es un 9 peligroso, goleador, que ya convirtió en clásicos. Porque es referente de Boca, líder de su equipo. Y principalmente porque tendrá una nochecita muy especial, en la que los hinchas de River lo esperarán con ganas, con ese folclore tan especial que no es difícil de atravesar, seas lo profesional que seas o tengas la frialdad de un cirujano. Lo sufrió Pablo Pérez, recibido con parches cuando jugaba para Independiente, y ahora el delantero le tocará afrontarla con los colores de su vida.

Pero Benedetto sabe, es consciente, de que él solito, por una instantánea de dos segundos, por una reacción en el límite, quedó en la historia. Por ese lengüetazo fuera de lugar a Montiel en el festejo del 1-0 en Madrid, que terminó en pesadilla. Ahora lo mejor del delantero, en este caso, lo destacable, es que decidió acelerar su recuperación física y poner el pecho en el superclásico. Ya mostró, pese a su pobre paso (en lo futbolístico) por el Marsella y el Elche, que tiene pasta y que su presencia no pasa inadvertida para cualquier defensa, al menos en el fútbol argentino.

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Se había ido, por decisión propia y empujando para lograrlo, en la previa de la semi de 2019. Hoy pudo haber quedado afuera, pero por lo importante que es se propuso recuperarse y todo apunta a que estará. Haciendo lo que debe hacer un líder: dar la cara en una parada brava, dispuesto a saber convivir con los gritos, con el gaste de todo un estadio que lo aturdirá.

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Prueba de fuego para Benedetto: mostrar templanza y jugar su partido, con el plus de no lesionarse como aquella noche en Madrid. Dio un primer paso importante, con un mensaje a sus compañeros y a su gente: bancarse la parada y dientes apretados en un superclásico, para él, de máxima presión.

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