el backtage del festejo familiar de River

Los díaz del campeón…

Agustín se prueba la medalla. Paulo Díaz, papá, lo corre. Fernanda sonríe acompañada por Ítalo Díaz, el abuelo de los dos chicos -uno de dos, el otro de 27- que disfrutan. Se trata de tres generaciones ligadas al fútbol. Porque el abuelo fue jugador y ve feliz a su hijo, al que le costó la adaptación en River, y también a su nietito. Voló sólo para ver el partido ante Racing. La vuelta fue apenas una de las cosas que le agradó del viaje. Su campeonato lo disfrutó en cancha después del festejo.​

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Agus y Paulo, felices.

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Un hijo te cambia la vida

Robert Rojas habla con uno, dos, cinco medios a la vez. Y a upa está Ian, un pequeño de casi ocho meses que se divierte intentando quitarles las cabezas de espuma a los micrófonos. Mamá, Karen Bernal, se acerca a buscar al pequeño que se resiste a dejar los brazos de papá. El niño le cambió la vida al Sicario, que a partir de su nacimiento a fines de marzo le cambió la rutina. Y lo ayudó a su consolidación. Un disfrute que se ve en la risa del autor de dos goles decisivos y de su peque…

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Robert Rojas y su hijo, campeones.

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Un señor DT y sus enormes muñequitos

Benja está a upa de papá. No entiende mucho lo que está pasando. Papá es Gallardo, el tipo más querido para las 72.054 almas que gritan a su alrededor. Tiene dos añitos y cuatro meses y Marcelo Daniel tiene devoción por él. También sus hermanos mayores, los que pueden estar presentes, Santino y Matías, pues Nahuel está abocado a Colón aunque celebra desde Santa Fe.

“Mis hijos son lo más preciado que tengo y festejar con ellos es lo que más me da placer”, dice el hombre que tiene en vilo a todo Núñez. Y tiene razón. Son ellos los que estuvieron, en distintas etapas, incluso acompañándolo a pocos metros, como alcanzapelotas. Lo fue el Chino, enganche; también Santi, quien hasta hace un par de años no quería saber nada con la pelota pero un día decidió probar suerte. Y quedó en River como centrodelantero.

Ahora ellos, todos, se entrelazan en una fotaza que replicará el club en sus redes, que se volverá un sinónimo de “familia”. Esa a la que el deté le dedica la misma pasión que a la dirección técnica. “Conozco a Nahuel y se nota del palo que viene”, le decía a Olé Braian Romero en relación al mayor del clan G. En cancha, amontonados, todos también fueron campeones y laderos de Napoleón. El hombre al que todo un pueblo sigue pidiéndole que no deje de ser líder de una familia futbolera.

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Pancita llena de gol…

Pidió la pelota. No sabía si Yael Falcón Pérez le había adjudicado a él el gol o a Gustavo Canto en contra. Federico Girotti sólo quería una cosa: la redonda. La necesitaba para anunciar algo: que será papá. Pilar Batalla, su novia, festejando en casa se abrazó a una pancita que el jueves lució más grande. Y que en el corazón del Monumental destacó por cómo Fede se encargaba de acariciarla incansablemente. Ese es su título: su primer hijo. Una alegría dentro de otra.

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Fede Girotti, Pilar y el futuro bebé.

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Guardianas de una sonrisa

Papá está feliz. No cerró bien el año: una trombosis venosa en el pie izquierdo frenó su andar… Sin embargo, ellas están y le despiertan una sonrisa. Son Catalina y Agostina, las hijas de Nicolás de la Cruz con Vanessa Brito, su pareja. El uruguayo está chocho con la Copa y casi que no siente dolor, porque ellas pueden con todo. Por eso están en esa vuelta, luciendo la medalla acompañando a uno de los pilares del arranque del torneo. En familia todo es más fácil.

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De la Cruz y sus hijas, junto al trofeo.

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Amor de arco a arco

El buzo verde se multiplica por dos. Pero, en realidad, en la familia Armani son tres. Daniela Rendón es la mamá del bebé de tres meses que dormita en sus brazos. El que sonríe es papá Franco. El pequeño Armani -los papás no dieron a conocer el nombre- recorrió en brazos ese campo de juego por el que hubo vuelta, alegría, pases y una consagración que, quizás, fue la última de Gallardo. Él podrá decir en un futuro que estuvo presente. Un amor de arco a arco.

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La familia Armani, unida.

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