El 8/12 derrotamos al Muñeco, el 9/12 festejamos

Fueron 48 horas desenfrenadas, con emociones sin control. Hubo mil millones de interpretaciones en los últimos días. Pero algo quedó claro, al menos para mí: en algún lugar de su cabeza Gallardo siente que necesita irse de River. Es algo lógico luego de casi ocho años de sostener un piano sobre sus hombros. En realidad es un piano, es el Monumental, son los jugadores y son los hinchas de River que cada día nos despertamos y sin movernos de la cama respiramos tranquilos porque está él. Es una presión tan grande para cualquier persona normal que lo más inteligente hubiese sido correrse un par de años, tomar aire y volver más adelante.

Pero hay un detalle: Gallardo no es una persona normal. Es genio, loco, maldito, generoso, metódico, bestial, bondadoso, avasallante. Todo eso multiplicado por mil. Se banca lo que sea, incluso perder la chance de irse ganador, precisamente para volver a apostar a ganador. Y entonces el tipo se destapa con tres palabras, “elijo seguir estando”, para que millones tiraran cuetes al aire festejando y otros tantos buscaran palas para hacer un pozo y enterrarse. Otra frase para ser bandera nos dejó, a la par de “la guardia alta”, “fue parte de la estrategia” o “que la gente crea porque tiene con qué creer”.

Gallardo se quedó por amor a River, a sus dirigidos y a sus hinchas. No le demos más vueltas. No hay otros motivos esta vez. Dijo “merezco seguir un año más” y por primera vez no le creo. Merecía irse, en realidad, porque se lo ganó. No pensó en él en esta encrucijada. Pensó en los demás. Eso quedó en evidencia post partido contra Racing, cuando el mundo lo vio afuera.

¿Qué pasó desde entonces hasta el 8 de diciembre? Millones de ruegos y plegarias que fueron atendidas, fundamentalmente los reclamos de los jugadores que hasta le cantaron en la cara para que no se vaya, una patriada fuerte que habla muy bien de nuestro plantel poniendo los huevos arriba de la mesa para pedirle que estire su decisión un año más, así como él tantas veces convenció a sus hombres clave para que siguieran en el club, algo de lo que pueden dar fe Nacho, Enzo, Montiel, Borré, Zucu y tantos más.

Hinchas del River Plate celebran el tercer aniversario del triunfo de su equipo ante Boca Juniors por la final de la Copa Libertadores 2018 en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Los tres dedos son por los tres goles convertidos en Madrid. Foto: EFE

Hinchas del River Plate celebran el tercer aniversario del triunfo de su equipo ante Boca Juniors por la final de la Copa Libertadores 2018 en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Los tres dedos son por los tres goles convertidos en Madrid. Foto: EFE

Fueron dos días encadenados en los que pasó de todo, el 8/12 también quedará grabado como el día en que el Muñeco nos eligió con el corazón como nunca antes… La conferencia de prensa con el anuncio, la caravana por las calles de Buenos Aires, la locura total desatada en el Monumental para recordarles a los bosteros que el 9/12 es imperecedero y también para imaginar, a pedido del gran pastor, lo que hubiese significado el dolor por una derrota en el Bernabeu. Naaaa, mejor dejá, que eso lo sigan sintiendo otros. Demasiado para 48 horas al recontra palo.

El Monumental explotado de gente para festejar los tres años de la gesta de Madrid. Foto: Juano Tesone

El Monumental explotado de gente para festejar los tres años de la gesta de Madrid. Foto: Juano Tesone

Esta vez la ola de afecto que generamos todos te llevó puesto, Marcelo querido. No analizaste demasiado las cosas. Te dejaste llevar hasta que apareciera el famoso “click” porque no nos quisiste fallar. Un gesto de amor gigante que nunca se olvidará.

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