de sufrir el desarraigo al festejo especial en familia

“La camiseta es para mi mamá que está allá en la tribuna”. Gonzalo Morales termina de hablar con la tele después de cumplir otro de sus sueños, el del gol en la Bombonera, se encuentra con toda la banda de alcanzapelotas que lo mira embobado y, anticipándose a algún mangazo, necesita hacer la aclaración, mientras señala al sector en el que su familia también estaba viviendo un sueño.

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Lo del Toro Morales fue tan rápido que casi no tuvo tiempo para entrenarse con el plantel de Primera. Hace alrededor de diez días, antes del partido con Godoy Cruz, le avisó Mariano Herrón que tenía que mudarse de cancha porque Hugo Ibarra lo necesitaba. Enseguida, el viernes 23 en Mendoza, entró por Romero faltando ocho minutos y tuvo su debut en la Liga. Cinco días más tarde, el Negro lo mandó de titular contra Quilmes por la Copa Argentina y metió su primer gol. Y este domingo, a nueve días de su estreno, ingresó faltando 19 minutos frente a Vélez y le dio a Boca el triunfo y la punta del campeonato a cinco fechas del final. “Pasó todo muy rápido, de un día para el otro”, dice el pibe con toda su naturalidad y simpatía que hacen virales cada una de sus declaraciones.

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Lo que no pasó rápido para Morales fue su primer año en Buenos aires. En 2016 lo vieron en Deportivo Atalaya de Córdoba, un club con el que Boca tenía un acuerdo para captar chicos de la provincia, y lo trajeron a La Candela para verlo en el selectivo. En ese tiempo jugaba de enganche, unos metros más atrás que ahora, y “gustó como para incorporarlo” a la Novena en 2017, según recuerdan en el club ante la consulta de Olé.

Gonzalo Morales,  en Deportivo Atalaya de Córdoba.

Gonzalo Morales, en Deportivo Atalaya de Córdoba.

En el medio, para su mala fortuna, renunció Coqui Raffo y llegó Claudio Vivas como coordinador, por lo cual el chico tuvo que pasar una nueva prueba casi sin saberlo, porque lo tuvieron en observación durante las primeras semanas de la nueva gestión. Pero finalmente le fue muy bien y en 2017 se instaló en la pensión de Casa Amarilla.

Gonzalo Morales, en sus comienzos en Boca.

Gonzalo Morales, en sus comienzos en Boca.

“Le costó la adaptación ese primer año y estuvo por volverse a Córdoba, hasta que la familia empezó a acompañarlo, a viajar ellos para que no sufriera tanto el desarraigo”, cuenta Piero Foglia, quien lo fichó en Atalaya en 2012, luego de verlo jugando una tarde en la canchita de 7 que tiene el club del barrio Argüello.

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Su primer torneo amistoso con la azul y oro fue en diciembre de 2016 en Esquel, un año después ya instalado en Boca la rompió y fue goleador en otra competencia en Dolores, y también recuerdan en el club un golazo desde afuera del área que le hizo a River en Ezeiza en un superclásico de Séptima.

Gonzalo Morales, en sus comienzos en Boca. Con Diego Mazzilli, quien lo descubrió junto a Horacio García y Madurga.

Gonzalo Morales, en sus comienzos en Boca. Con Diego Mazzilli, quien lo descubrió junto a Horacio García y Madurga.

Después de ese primer año difícil, claramente ya todo anduvo mejor. Tal es así que hoy en día Morales sigue viviendo en la pensión de Casa Amarilla y cada vez que puede se muestra agradecido con la gente que cuida a los chicos. Desde el celador hasta los cocineros. De hecho, como los más chiquitos que viven ahí le preguntaron cómo era debutar en Primera, en estos días les dedicó unas lindas palabras a través de las redes del club: “Sigan trabajando, esforzándose día a día, que no falten a entrenar, y que le sigan metiendo porque algún día les va a tocar. No sabés nunca cuando va a tocar pero si te llaman tenés que estar preparado”.

Admirador de las diagonales de Benedetto y Luis Suárez, pero también seguidor de Firmino y Gabriel Jesús, primero en las Inferiores le decían “Chanchón” y luego lo cambiaron por “Toro”, el apodo que le gusta más y le queda como anillo al dedo por su potencia y estilo de ir para adelante como loco.

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Es un delantero moderno, no de los que trabajan entre los centrales, no es posicional. Sin entrar en comparaciones, del estilo de Salah. Y siempre tuvo muy buena definición, siempre se toma un segundo más para definir. Como ante Vélez, que hizo un amague, una pausa que descolocó al arquero”, agrega Foglia en la charla con Olé.

Morales soñó con el gol en la Bombonera y se le cumplió en su primer partido. No por nada el mayor de cuatro hermanos se ocupó de mandarle los pasajes a su familia para que estuviera presente en la cancha. Así, papá Gonzalo, mamá Tamara e Isabella, la más chiquita con dos años, pudieron verlo en vivo y en directo, mientras que Magalí e Ignacio se quedaron en casa. “Es un sueño, todavía no lo podemos creer, es más allá de lo que me imaginé. ¨¡Pasó todo muy rápido!”, dice muy emocionada la madre del héroe del domingo.

El gol además fue para ella (en el festejo corrió para el sector en el que se encontraban) y también la camiseta y el pantaloncito. Y luego del partido y los saludos en el campo de juego y en el vestuario, llegó el momento del reencuentro con su familia, que se quedaba en Buenos Aires hasta ayer por la noche, y la celebración más íntima que revela mamá Tamara: “Lo vimos y estaba muy feliz. A él le gusta la hamburguesa con papas. Así lo festejamos”.

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