de la racha negativa a dos goles en una semana

Cuando Gallardo dijo tras la victoria ante Unión que era importante que Braian Romero tuviera “la voluntad de querer y de no quedarse”, no hizo más que describir el espíritu combativo de su #19: si algo ha caracterizado al delantero de Villa Uruguay es su tenacidad. Si peleó -y laburó, y laburó…- hasta alcanzar su anhelo de jugar y ser campeón con el cuadro del que es hincha, ¿cómo no iba a superar una adversa en el ciclotímico fuero del gol?

Aquello que celebró en Santa Fe, Romero lo ratificó frente a Lanús en el Monumental: cuando tuvo que ejecutar, lo hizo con la suficiente confianza como para derrotar a Monetti y salir a celebrar haciendo elástica la camiseta, estirando ese parche del CARP que luce hace un año sobre la tetilla izquierda y sin poder creerlo del todo.

Braian, es cierto, sólo debió culminar una obra maestra del juego colectivo. Una que se inició con combinaciones de Paradela y Mammana, que forma a partir de una inteligente lectura de Barco para reorientar el ataque y que comenzó a redondearse por un buen avance de Elías Gómez y un penúltimo toque de taco de JP. Delicia que le sirvió al Rubio la posibilidad de gritar su decimoquinto gol en River.

Dos festejos en una semana, ¿hace cuánto no le pasaba?

El momento de la definición de Braian (Juano Tesone).

El momento de la definición de Braian (Juano Tesone).

Braian marcó dos goles en partidos consecutivos, algo que no conseguía desde octubre del año pasado, cuando les había anotado a Talleres (2-0) y Argentinos (3-0). Fue precisamente en su momento top de su impecable segundo semestre de 2021, cuando marcó 12 goles y concedió tres asistencias para el ganador de la LPF en el que no terminó siendo titular, aunque sí determinante cuando Gallardo lo necesitó.

Y existe un punto de contacto entre aquel esplendor de Braian y este presente de confianza nutrida: Romero parece sentirse más cómodo en un esquema con dos puntas. Un dibujo táctico que Gallardo decidió reutilizar frente a Unión -había sido la horma del campeón de la LPF, luego cambió al 4-1-4-1- para ganar peso ofensivo pero a la vez pensando en amalgamar un equipo confiable al que pueda adaptarse fácilmente cualquiera de los delanteros que suenan para reemplazar a Julián Álvarez.

En un contexto de inminente nostalgia, River necesitaba a un Romero embebido en fe. Resulta importante tener a un delantero con el botín calibrado a diez días del adiós del Araña y mientras el club oscila entre la dificultad por reflotar las negociaciones por Miguel Ángel Borja y la utopía de fichar a Luis Suárez. Si hace falta, Braian está. A pura voluntad.

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