creer, pero ahora en un milagro

Diga lo que se diga, la derrota contra Boca marcó, en mi opinión, el fondo de la olla de este River modelo 2022. Pero también creo que de las grandes frustraciones se puede aprender más que de las victorias. Será cuestión de tiempo -y de jugar más partidos- para ver si estamos enderezados nuevamente o si esto ya es una cosa juzgada que nos lleve a pensar solamente en lo que será el 2023.

Por razones obvias, de todos los golpazos que nos comimos en lo que va del año -incluido el baile que nos dio Vélez en la ida de los octavos de la Libertadores- este es el que más molestó. Está claro eso: ¿o acaso hay algo peor que perder contra tu clásico rival? El domingo pasado quizás hayamos visto el peor superclásico jugado en la era Gallardo. Creo que lo fue. Ante eso la necesidad de levantarse era absolutamente imperiosa, obligatoria. Hoy había que ganarle a Banfield, y ni eso se logró. Para colmo, nos embocaron con un gol de lateral, lo que marca el descontrol en el que vivimos sumergidos.

Derrotado... Una imagen cada vez más recurrente en este River versión 2022.. Foto: Marcelo Carrol

Derrotado… Una imagen cada vez más recurrente en este River versión 2022.. Foto: Marcelo Carrol

De ahora en más, si River pretende ser campeón deberá sostenerse y rendir varias materias que que hasta no hace mucho las daba de taquito, con los ojos cerrados. A saber: dar vuelta partidos que empieza perdiendo (una sola vez lo logró en 10 meses, precisamente contra Banfield, en el 2 a 1 de abril pasado), volver a superar en intensidad a todos sus rivales, no perder segundas pelotas y presionar arriba para que ese pressing genere situaciones de gol. Mucho para lo que somos hoy.

Contra Banfield se vieron mejoras con respecto a Boca, pero fallamos en otro de esos ítems a subsanar: si nos llegan dos veces y nos hacen dos goles no sirve de nada todo lo demás. 

Ya no hay margen para nada. Hay que ganar los ocho que quedan y rezar. Atravesar a Patronato y buscar revancha contra ellos y, en el peor de los casos, aspirar solamente a clasificar a la Libertadores. Es la realidad que nos toca y tenemos que tener pelotas –las mismas pelotas que tiene la gente para llenar el Monumental cada domingo y cada miércoles– para al menos no perder la presencia dentro de la cancha.

Siempre creímos. Gallardo nos enseñó eso. Sucede que ahora en lo que tenemos que creer es sencillamente en un milagro.

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