cómo trabaja River para seguir sometiendo a sus rivales

“Nos exigimos porque para nosotros el entrenamiento es igual al partido. Nos entrenamos para jugar de la manera en que queremos y eso muchas veces requiere mucha atención física, mental, futbolística. Pero ésa es nuestra metodología, se sostiene hace mucho tiempo: no vamos a dejar de entrenar como entrenamos”. Hace un puñado de meses, cuando todavía no era campeón de la Liga, a Marcelo Gallardo le consultaban en conferencia de prensa si evaluaba bajar el ritmo de trabajo durante la semana para cortar la racha de lesiones. El Muñeco decía que no, que en todo caso era un riesgo que había que asumir y que la única manera de jugar con la intensidad de River era practicar con las mismas revoluciones.

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En ese sentido, no suena raro que incluso el descanso haya sido activo para los futbolistas del CARP: el profe Pablo Dolce les dejó una rutina de una hora y media de trabajo diario para los últimos días de vacaciones antes de regresar a los entrenamientos. Casi todos los jugadores tienen un gimnasio en sus casas y laburan allí, algo que no es una excepción estival: durante el resto del año la línea que baja el cuerpo técnico es que complementen por las tardes con las máquinas el trabajo que realizan en las mañanas del River Camp.

Sí, la preparación física es una de las claves del éxito del campeón. Y aquí, en San Martín de los Andes, todos están con la lengua afuera. Tanto que hubo un par de dobles turnos en los que el plantel terminó tan extenuado que el cuerpo técnico bajó sesiones de entrenamientos los días posteriores. El sábado, sin ir más lejos, hubo una práctica picante con pelota por la mañana y otra de resistencia física en las pendientes del golf de El Desafío que fundieron a más de uno. Por eso este domingo sólo hubo un turno de mountain bike y por la tarde el grupo descansó.

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El plantel le da a la pelota en la pretemporada. Prensa River.

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Más allá de las lesiones, que fueron muchas en el último tiempo, lo cierto es que el equipo de Gallardo también es muy distinto al resto en el fútbol argentino por ese ardor, esa energía y esa potencia con las que se sostiene por cada 90 minutos que dispute. Con mirar los partidos alcanza: sin ir demasiado lejos, los tres juegos que lo coronaron en 2021 fueron elocuentes y muy similares. Un gol en los medianamente peleados primeros tiempos y de a tres o cuatro en los segundos, cuando Racing en dos oportunidades y Colón empezaron a sentir el lógico desgaste. En Santiago quedó en evidencia que River no baja la marcha nunca, ni siquiera en los últimos minutos de un partido ya definido: el tanto de Rollheiser llegó a los 84’ y el de Carrascal, a los 90’.

Números de un River arrasador

No es casualidad, entonces, la estadística del último semestre: el lapso de juego en el que River hace más diferencia es la última media hora. Sí, en la segunda mitad del año pasado el equipo del Muñeco hizo 61 goles, de los cuales 27 los anotó en los 30 minutos finales de cada partido. En el primer tercio convirtió 12 y en el segundo, 22. Desde ya, la supremacía fue total y a todo nivel: River fue el campeón, el que más partidos ganó, el que menos perdió, el que más goles hizo, el que menos recibió, el que tuvo al goleador del torneo, el mejor como local, el mejor de visitante, el mejor en los primeros tiempos y el mejor en los segundos. Pero en el análisis pormenorizado hacia los últimos minutos de sus presentaciones hizo más daño.

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Son apenas números pero tienen un sentido: cuando las piernas de los rivales empiezan lentamente a pesar un poco más, las de River siguen como si nada. Y para eso la preparación y, sobre todo, la intensidad de los entrenamientos configuran el gran secreto a voces de esta era. Pero no se trata simplemente de la exigencia por exigir, piensa MG, sino del convencimiento, de forjar una mentalidad a nivel grupal que normalice esa demanda que baja del entrenador.

River intensifica los trabajos en la pretemporada. Prensa River.

River intensifica los trabajos en la pretemporada. Prensa River.

“La pretemporada viene muy dura, pero ya me imaginaba que era así. Los entrenamientos con el Cacique también eran a morir. Tiene esa sangre charrúa de estar con el cuchillo entre los dientes y exigirte en las prácticas para que después en los partidos podamos meterle los 90 minutos y aprovechar cuando el rival quizás se pincha. Acá creo que Marcelo es muy similar, nada más que en Talleres por ahí teníamos que correr más al rival y en River el estilo de intensidad es más desde el juego”. La declaración de Tomás Pochettino en la nota con Olé describe un poco la similitud de un “alumno” de MG como Alexander Medina en cuanto a los entrenamientos. Pero evidentemente lo de River está a otro nivel: quedó bastante claro en Córdoba cuando, con un hombre menos durante todo el partido, pareció terminar incluso más entero desde lo físico que la T y le ganó 2-0 para encaminarse al título.

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Es una cuestión espiritual. Cuando vos formás un equipo, primero lo pensás con buenos jugadores que te identifiquen desde lo futbolístico, pero también con jugadores con personalidad. Y cuando digo personalidad no es de la boca para afuera, no: la personalidad se forja de otra manera, es hacerse fuerte en otro lugar, en el grupo humano, algo que nace desde adentro de las entrañas del grupo. Y ahí vos ya sabés que podés ir a competir a cualquier lugar y tenés la seguridad de que el equipo no va a flaquear. Y eso se fue forjando de a poco con los entrenamientos mismos. Nosotros entrenamos como jugamos. Había momentos en los que teníamos que parar los entrenamientos, porque teníamos tanta agresividad para jugar que terminábamos lastimándonos entre nosotros, y esas cosas están buenas, totalmente. Había jugadores que llegaban acá y les decían a sus compañeros: ‘Pero, pará, ¡¡¿¿ustedes entrenan así??!!’. ‘Sí, entrenamos así’. ‘Ah, pero ustedes están locos’, respondían”.

La frase de Marcelo Gallardo no es de ayer, ni siquiera es del año que pasó, sino de una entrevista a este diario en enero de 2017. Cinco años después, con un plantel completamente diferente, el método del deté sigue siendo el mismo y su definición es de una actualidad rasante. Esa mentalidad es la que tiene este River que se caracteriza por tratar bien a la pelota, como sucedió toda la vida, pero con el agregado de una voracidad que lo diferencia de las versiones estéticas pero algo más cadenciosas de otros tantos equipazos de estos 120 años de historia, incluido el predecesor campeón con Ramón Díaz en 2014.

Por eso Gallardo es tan especial para River: porque tomó la esencia identitaria de la casa y la resignificó, la hizo evolucionar a otro nivel. El ritmo ya no se puede bajar nunca más.

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