Boca y su autoboicot tóxico

La Bombonera late y habla. Pero no se trata sólo de un reclamo impaciente de los hinchas viscerales que tienen. El “en Santiago, cueste lo que cueste…” planteando la necesidad imperiosa de ganar la Copa Argentina el miércoles 8 es un reflejo no sólo aferrado a un resultado. Es un síntoma de lo que está transmitiendo Boca en su totalidad.

Cuando los problemas vienen de todos lados la paciencia general se va agotando. Si el equipo no responde en el juego, si no se dan los resultados, si institucionalmente tienen que salir a aclarar y explicar cada paso porque no se entiende… Encima, como si fuera poco, se suman conflictos totalmente evitables. Cuando la cantidad de errores no forzados es tan grande, los riesgos de la derrota siempre se acercan y entonces las alarmas se encienden en todos lados y una noche posible de fiesta se termina cerrando con un cantito ultimátum que le agrega presión a una coyuntura que está lejos de trabajar con tranquilidad.

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Y entre esa autoflagelación que parece sumergirse continuamente este Boca, aparecen en el banco tres jugadores que iban a ser titulares. Battaglia la lleva como puede y habla de “intoxicados” pero una indisciplina sería el hecho que los bajó del once titular. ¿Pasaría esto en otro plantel, en otro club, en otro contexto? ¿Por qué le crecen los enanos todos los días y todo el tiempo?

Toda situación se transforma en conflicto. Y si no, haciendo un repaso rápido de la última semana, queda expuesto: desde la renovación de un contrato, la chance de negociar un préstamo, un diluvio que muestra las debilidades del campo de juego, la opinión de un ex vicepresidente (Pergolini) al irregular profesionalismo de alguno de sus jugadores más importantes. Boca deberá encontrar rápido un punto de inflexión en donde empezar a reconstruirse y dejar de autoboicotearse.

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