Boca compró una bomba de tiempo

Puede decir Battaglia que tiene fuerzas para seguir, y está bien, es entendible. Como jugador corajudo e inteligente que fue, no se da por vencido pese a lo que viene mostrando su equipo. Puede decir Diego González que no entiende por qué se habla tanto si Boca está entre los primeros cuatro y peleando en la Libertadores. Se pueden decir públicamente muchas cosas pero detrás de eso hay una realidad compleja por todo lo que viene pasando, que no se esconde por una reunión ni se tira a la basura.

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Cuando el Consejo estaba convencido de que el ciclo Battaglia no daba más, el DT da pelea. La dio a fin de año, cuando a pesar de ser campeón nadie quería confirmar que le iban a hacer un contrato, y repite ahora en una crisis futbolística. Es cierto que está en camino en todas las competencias, tanto como que el equipo no juega a nada. Como que la Bombonera estuvo caliente más allá de que hace un mes festejó en el superclásico: ni eso lo impidió.

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Claro que este momento no es solo culpa de Battaglia, sino también de quienes conducen: no es la primera vez que, pese a los títulos logrados, se viven tiempos así en Boca. Algo similar sucedió con Russo, que resistía pero terminó KO. Lo mismo iba a pasar ahora, pero pese al descontento, a que no hay identidad de juego luego de tantos partidos en el cargo, a que sigue la involución, el Consejo de Riquelme decidió darle algo más de oxígeno. Y entonces será una bomba de tiempo en cada partido, empezando por el del sábado en Santiago del Estero (¿con qué 11?, el martes viene Corinthians). ¿Cuántos técnicos han sobrevivido y salido adelante estando a prueba a cada paso? ¿Alcanzará con ese mensaje totalmente de circunstancia de que de esta salimos todos juntos, plantel y entrenador?

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El Consejo intentó imponer el regreso de Almendra pero Battaglia no cedió. Lo quería afuera, y lo mismo, el DT se plantó. Van 36 partidos y una identidad desdibujada, empatando con equipos de menor nivel (Arsenal, Colón, Godoy Cruz, Lanús, caída con Huracán) y de local. Cada parte tiene muy clara la postura, más allá de este pacto que no apaga el fuego sino que es más riesgoso y mete más presión.

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