Así no se aprovecha una chance

La Copa Argentina es una oportunidad. Además de que cada pase de fase implica un premio económico, nada desdeñable para los de finanzas más fuertes y una gran ayuda para los que la pechean a pulmón, es una oportunidad en el terreno de lo deportivo. Boca y Agropecuario no la aprovecharon.

Se podrá decir que Boca sigue su camino a otra posible estrella. Cuando se levantan las copas nadie piensa en cómo se llegó. Y Boca va, ese objetivo se cumplió.

Boca tiene algo que festejar. Un cheque y sigue en carrera (Télam).

Boca tiene algo que festejar. Un cheque y sigue en carrera (Télam).

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Toda otra expectativa, fortalecer un funcionamiento, probar variantes de juego, dar rodaje a los que no son titulares y vienen precisando jugar, se vio frustrada. Un partido en el que el rival, que es de una categoría inferior, queda con diez a los pocos minutos y 0-1 a los 24, es casi una invitación. Es como para que Orsini, por ejemplo, empiece a decir: para esto me trajeron. Y no.

Otra manera de no aprovechar esta chance deportiva es la estúpida forma en que Milton Leyendeker pareció entender que se afronta una situación como esta: jugar contra el más poderoso de Primera es una gran vidriera, una ilusión, los 15 minutos de fama en tu vida.

Leyendeker eligió utilizarlos para pegarle al Changuito Zeballos una patada criminal, alevosa, ya lejos de donde estaba la pelota. Una patada que casi lo tira a la platea y lo sacó del partido.

El asistente González despierta al referí Ramírez, que solo amonestaba a Leyendeker.

El asistente González despierta al referí Ramírez, que solo amonestaba a Leyendeker.

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(Paréntesis para el bisoño árbitro Maximiliano Ramírez: su trabajo es para tener pulso firme y tomar las decisiones que hay que tomar, al minuto 90 o al 4. Para su suerte, estaba el asistente Pablo González, una suerte de VAR humano que entró a la cancha y le dijo: lo tenés que echar).

Burdas excusas de que nunca quiso pegar y no tuvo “mala intención” no cancelan lo que todos vimos. Leyendeker duró 4’ en la cancha y terminó de condenar a su equipo a una inferioridad mayor todavía. Y después fue a disculparse al vestuario, pero ya no encontró a su víctima: estaba en el hospital, gravemente lesionado.

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