A 35 años de la epopeya en el Azteca –



Maradona se consagr en Mxico 86

La gesta de Mxico ’86 supone una de las ms luminosas de la historia del deporte argentino propiamente dicho, en la medida que reuni una gama de matices virtuosos cuya suprema expresin, Diego Armando Maradona, se corresponde con la impronta que slo pudo haber sellado el guionista ms ingenioso.

Fue el gran Mundial del “10”, por supuesto, pero tambin fue el gran Mundial de Carlos Salvador Bilardo y de unos cuantos jugadores capitales para apuntalar la estrategia y facilitar el sublime despliegue del genio en su salsa.

Y fue, por cierto, el Mundial de Julio Grondona, en la medida que tuvo espaldas de sobra y conviccin como para dar un simblico puetazo sobre la mesa y sostener variopintas presiones que, adems de un sector de la prensa especializada, emanaban de los dominios del mismsimo presidente Ral Alfonsn y en equis momento convirtieron a Bilardo en un denostado entrenador con los das contados.

El rendimiento de la Seleccin, ciertamente, no haba ayudado a disipar los fantasmas: fueron aos de experimentacin copiosa y un brumoso ensamble que deriv en una clasificacin descolorida, sufrida y agnica.

De hecho, tres de los principales protagonistas del partido con Per en el Monumental no jugaron en Mxico: Ubaldo Matildo Fillol con un par de atajadas clave, y Daniel Passarella y Ricardo Gareca en la providencial sociedad que rubric el 2-2 determinante.

Segundo gol de Maradona frente a Inglaterra

Lo de Passarella, su presencia en el plantel y su ausencia en las canchas, permanece en el revoltijo del cajn donde conviven las ancdotas y las leyendas y, segn parece, ah quedar por siempre jams.

Lo mismo da: en todo caso, Passarella tendr el privilegio de constar en los dos planteles argentinos ganadores de la Copa del Mundo, y Jos Luis Brown, el “Tata”, que en 2019 parti al infinito csmico, de haber representado una verdadera gema del hroe accidental.

Podra decirse que partido a partido se cumpli el apotegma de que todo buen equipo se arma de atrs para adelante, y tambin, en clave de sabidura coloquial de Ral Scalabrini Ortiz, que “en el camino se acomodan los melones”.

De la formacin del debut con Corea del Sur sali para siempre Nstor Clausen, despus del segundo partido, con Italia, qued al margen Claudio Borghi, a la vez que perdi terreno Oscar Garr e incluso Pedro Pablo Pasculli aun cuando en octavos de final anot el gol decisivo con Uruguay.

La Seleccin se recibi de equipo con Uruguay de aspirante al ttulo con Inglaterra, de la mano “de Dios” y del botn zurdo del prestidigitador de Villa Fiorito con “la jugada de todos los tiempos””

El embudo defensivo, un gran Sergio Batista como nmero 5 de manual, Ricardo Giusti en la solidaria contribucin del amigo de todos, el ida y vuelta de Jos Luis Cucciufo y Julio Olarticoechea en el bilardiano rol de “laterales volantes” y el dinamismo de un sorprendente Hctor Enrique (el ltimo llegado a la fiesta de la convocatoria) expandieron una solidez colectiva que hubiera resultado insuficiente sin altas dosis de dos miembros del Club de la Ductilidad y del Gran Hacedor.

Por saber: el desmarque fecundo de Jorge Valdano (siempre bien perfilado, presto a tocar, descargar y llegar al rea a la hora sealada) y la generosa caja de herramientas de Jorge Burruchaga, que se inici como 4, sigui como 5, altern como 8 y por aquellos das ya era un todo campista pleno: haca de todo un poco y todo bien.

En el arco Nery Pumpido, lejos del perfil del arquero gana partidos y cmodo en la ropa de quien es capaz de estrechar al mximo el margen de error y brindar seguridad a sus compaeros.

Y Maradona, tomando las cosas donde las dejaba la solvencia colectiva y ofrendando las mejores respuestas a las preguntas imposibles de responder incluso por grandes futbolistas.

A Blgica se le haba ganado sin apremios, en buena medida por el descomunal envin de un duelo de cuartos de final con aureola de una copa en s misma y, claro, gracias a un Maradona ya trepado al cielo de su cielo”

La Seleccin se recibi de equipo con Uruguay de aspirante al ttulo con Inglaterra, de la mano “de Dios” y del botn zurdo del prestidigitador de Villa Fiorito con “la jugada de todos los tiempos” (Vctor Hugo dixit).

Entretanto, los planetas se alinearon: eliminado Inglaterra, la llave propia se despej y de la otra se encarg Francia para dejar en el camino a Italia y Brasil y caer slo con las locomotoras alemanas.

A Blgica se le haba ganado sin apremios, en buena medida por el descomunal envin de un duelo de cuartos de final con aureola de una copa en s misma y, claro, gracias a un Maradona ya trepado al cielo de su cielo.

De la final ganada hace 35 aos en el Estadio Azteca han corrido ros de tinta y sin embargo persiste la ventana abierta a una pregunta que no por carecer de respuesta renunciar a su sentido: hubo algo de destino escrito en el hecho de que el tercer gol argentino llegara por un magistral pase de Maradona cuando Karl-Heinz Rummenigge ya haba hecho daos significativos y haba olor a remontada.

Era el Mundial de Argentina allende la tierra propia, era el Mundial del Bilardo Gran DT y era el Mundial del Maradona que puesto en la mquina de la aritmtica retrospectiva toc 62 pelotas por partido, recibi un promedio de 7.4 infracciones”

Jams lo sabremos, pero admitamos que la creencia en un guio astral, o del orden que fuere, nos invita a esa potica de la predestinacin sin la cual los acontecimientos del deporte perderan sustancia y sabor.

Era el Mundial de Argentina allende la tierra propia, era el Mundial del Bilardo Gran DT y era el Mundial del Maradona que puesto en la mquina de la aritmtica retrospectiva toc 62 pelotas por partido, recibi un promedio de 7.4 infracciones, busc el arco rival 49 veces, hizo cinco goles y sirvi a Burruchaga la corrida ltima, definitiva y gloriosa.

A despecho de que no hay nmeros ni palabras que sepan contener semejante grandeza, memorar Mxico ’86 es justo, debido y reparador: albicelestes y felices das, redondos como una pelota nmero 5.



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