Vanina Correa, la arquera de la Selección que pidió licencia como cajera para cumplir el sueño de jugar en Europa



Disputó tres Mundiales y los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, pero a los 37 años Vanina Correa tenía un ítem pendiente en su carrera como deportista: jugar en el fútbol europeo. Hasta ahora había sido un sueño imposible. No por su capacidad, si no por su decisión de quedarse en Argentina. Madre de Luna y Romeo, sus mellizos de 6 años, cuando una oferta llegaba, la arquera daba la misma respuesta: “No, no quiero irme, quiero quedarme”.

No sabe qué cambió ahora: quizá fue el encierro por la cuarentena o la incertidumbre en torno al regreso del fútbol en el país. Desde el 21 de septiembre, Vanina vive en Barcelona tras arreglar por una temporada con el Espanyol. Comparte un departamento con dos colegas: una rusa y una paraguaya. Y todos los días el WhatsApp acorta la distancia con Luna y Romeo, mientras espera el día en que pueda subirse a un avión para visitarlos, ya que una de las cláusulas del contrato le permite viajar cada tres meses a Rosario.

“Fue súper difícil. Lo pensaba por ellos. Dejarlos tanto tiempo…”, resalta la santafesina, que no puede evitar que se entrecorte su voz. “Si bien me dan la posibilidad de volver cada tres meses a Argentina a verlos, es mucho tiempo en el que tengo que estar acá sin ellos”, agrega quien está entre las convocadas para el debut de este sábado contra Atlético de Madrid, uno de los equipos más fuertes.

La última noche en casa la recuerda y la comparte: “Fue un poco difícil la despedida. Me pasaban a buscar a la 1.30. Ellos sabían que me iba, que tenía la valija en la puerta… Fue difícil, fue difícil dejarlos”. Se recompone y sigue: “Los llevé a la cama, los acosté, me acosté un ratito con ellos hasta que se durmieron y pude irme tranquila, sabiendo que estaban durmiendo y que no iban a llorar cuando dejara casa”.

La arquera argentina Vanina Correa fichó para el Espanyol en España y dejó estas declaraciones imperdibles, para entender un poco el sacrificio de cada profesional. 👏 pic.twitter.com/uHeuzuj8o8

— SportsCenter (@SC_ESPN) September 23, 2020

Madre a tiempo completo, Luna y Romeo se acostumbraron a sus viajes con la Selección y a que la tecnología sea el nexo de comunicación mientras están al cuidado de su abuela.

“Hablamos todos los días súper bien. Los veo y los escucho bien. Ahora están contentos con el calorcito de Rosario y aprovechando la pileta”, dice, algo más relajada, a la espera de la próxima videollamada con el celular que les dejó. “Ellos se manejan: cuando quieren hablar conmigo, directamente me llaman o me mandan un audio o fotos. Estamos en contacto todo el tiempo”, subraya.

El deseo de Correa era irse con sus hijos, pero la posibilidad de llevarlos a vivir a Barcelona se esfumó por la pandemia. “Ellos no pueden salir del país ni tampoco entrar a España. Yo pude salir por el contrato de trabajo y la única forma de entrar acá es con la visa de trabajo. Una vez que termine la pandemia y se habiliten los viajes desde Sudamérica, seguramente buscaré la forma de traerlos. Pero por el momento está complicado”, explica.

Antes de subirse al avión, la arquera se tuvo que hacer dos hisopados, requisitos para que al llegar a España pudiera comenzar a entrenarse sin hacer cuarentena. Así fue como llegó el 21 y al día siguiente ya había comenzado a practicar con el argentino Manuel Rodrigues, el entrenador de arqueras del Espanyol.

“Me están apurando un poquito y el lunes empecé a entrenarme con el equipo. Lo hago tranquila, sin hacer algo de más, para no provocar una lesión. Ellas vienen de dos meses de pretemporada, hicieron varios partidos y me llevan muchísima ventaja. Hace seis meses que no juego un partido y corro con un poquito con desventaja. Pero estoy tranquila. Haciendo el período de adaptación y adaptándome al equipo y al juego”, analiza.

Vanina Correa posa para Clarín durante los Juegos Panamericanos de Lima, donde Argentina fue de plata. Foto Maxi Failla

Su realidad, a horas del arranque de la Liga, podría haber sido distinta, pero la propuesta, que llegó “en plena pandemia”, pasó un tiempo en stand by. “Jugar en España fue algo que siempre me llamó la atención y nunca quise hacerlo”, se sincera. “Pero mi idea era quedarme en San Lorenzo, porque la verdad que estaba súper cómoda y con un grupo súper lindo”, refuerza.

“Quizás el encierro y saber que en los próximos años se termina mi carrera, que tenía pendiente lo de irme a jugar afuera, fue lo que hizo que lo vea y lo analice -teoriza-. Porque después del Mundial me llegaban las ofertas y automáticamente decía: ‘No, no quiero irme, quiero quedarme’. Fue el encierro, más que nada, que dijo: ‘Andá a vivir a otro lado, viví de otra cosa, viví otra experiencia’. Por mi carrera, por agregarle ese ítem más a todos los años de fútbol que hice y vivir pura y exclusivamente del fútbol como es acá. Estuve un tiempo hablándolo con mi familia y fueron ellos me empujaron a que venga acá”.

Llegó el momento de “tramitar todos los papeles, que en plena pandemia es un caos”. Fueron sus compañeros en la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez, donde es cajera, los que la ayudaron. “Yo con el tema de hacer todo online soy un desastre y ellos enseguida se sentaban en la computadora y trataban de darme una mano”, agradece.

Como ni jugar en Europa alcanza para vivir del fútbol femenino, Vanina habló con el intendente, Alberto Ricci, y tomó una licencia en la Municipalidad para probar suerte en el Espanyol. “Es una persona que apoya mucho el deporte. Cuando le comenté, me dijo que aprovechara la oportunidad de vivir del fútbol y que me quedara tranquila, que si quería volver a la muni iba a tener mi puesto de trabajo”, remarca.

Vanina Correa, con la camiseta del Espanyol. Usará el número 13 y llevará en el dorsal su apodo: “Vani”. Foto Gentileza Prensa Espanyol

“Tengo la posibilidad de estar acá, hacer lo que me gusta, tener un sueldo y poder vivir del femenino. Pero no es algo que el día que vuelva a Argentina pueda decir: ‘Ya no trabajo más’. Eso no va a suceder. El día que vuelva a Argentina volveré a la muni a trabajar. También tengo dos chicos y el trabajo es fundamental. No puedo darme el lujo de dejar de trabajar. Por eso me da tranquilidad saber que si decido volverme, voy a tener mi lugar de trabajo”, agrega.

Además del respaldo de su familia y de su empleador, Correa encontró sostén en sus compañeras de la Selección. “Cuando llegó la oferta de Espanyol, les pregunté a las chicas que están acá cómo fue la adaptación y si estaban bien. Y ellas me decían que me viniera, que seguramente una vez que esté acá no iba a querer volver. También hablé con las chicas que ya tenían un contrato para venirse y coincidían en que fuera a probar. Fue eso también: que las chicas me dijeran que probara y la calidad de aprendizaje y exigencia del torneo”, afirma.

-Si Luna y Romeo pueden viajar y vos te querés quedar, ¿pensás en esa posibilidad de no volver?

-Por ahí. Mi idea es cumplir el contrato, que es de una temporada, y después veremos. Llegué hace menos de 10 días y estoy tratando de adaptarme y acomodarme. Después iré viendo si me siento cómoda, si tengo ganas de volver, si no tengo ganas, si me quiero traer a los chicos una vez que se pueda. Vamos a ver cómo se da cuando termine esta temporada y ver si existe la posibilidad de poder quedarme y traerlos o directamente a lo mejor digo: ‘Basta, me quiero quedar en Argentina’ y me vuelvo.

La convivencia y la competencia

Vanina Correa está acostumbrada al ruido. Con un par de mellizos de 6 años, el volumen alto en la tele y el celular y los juegos son parte de su vida. En Barcelona también comparte departamento con dos personas: sus compañeras Dulce Giménez, defensora y capitana de la selección paraguaya, y la delantera rusa Nadezhda Alekseevna Karpova.

“Nadia (Nadezhda) habla una mezcla, un poco más de inglés, pero entiende y hablamos. Con Dulce, al ser sudamericanas, nos entendemos un poquito más. Ella toma su tereré y yo mi mate. Compartimos un poquito más y nos hacemos compañía, porque todas estamos en la misma situación de encontrarnos solas lejos de la familia”, cuenta.

La comunicación no es mucho más fluida debajo de los tres palos: la otra arquera del equipo es la estadounidense Kelsey Dossey, de 24 años. “Tratamos de comunicarnos como podemos, porque ella no habla muy bien español y yo no hablo inglés. Y está Montse (Montserrat Quesada Carrasco), que ella está en el B y la suben a Primera y casi ni habla. Estamos las tres entrenando a full. Son arqueras de calidad y tenemos una competencia sana. Como te digo, tratando de comunicarnos como podemos en los entrenamientos”, confiesa y se ríe.

Espanyol terminó último el torneo pasado, sin ganar un solo partido, y salvó la categoría por decisión federativa en plena pandemia. Correa explica que fue “una temporada complicada”, con mucho recambio en el club.

“Yo creo que va a haber una mejora en el juego con un técnico nuevo (Rubén Casado Rayo). Esperemos que esta segunda mitad de año sea mejor. La idea es terminar entre las 8 primeras. Sabemos lo difícil que es eso en un torneo como en el de España, pero es un buen objetivo para nosotras. Yo veo un equipo joven, con muchas ganas y ansiosas por demostrar lo que son”, valora la santafesina, que está entre las convocadas para el debut contra Atlético de Madrid, uno de los equipos más fuertes.

La “arquera de clase mundial” que sorprendió en Francia 2019

La atajada de Vanina Correa a la inglesa Nikita Parris. Foto AP

El viernes 14 de junio de 2019, Vanina Correa fue tendencia en Twitter. En la red social, personas que nunca antes habían visto un partido de fútbol femenino se sorprendieron por la actuación de la arquera frente a Inglaterra, por la que la FIFA la eligió como MVP, pese a que Argentina perdió 1-0 ese partido. “Lo suyo hoy fue de una arquera de clase mundial”, la elogió también Phil Neville, el entrenador de las inglesas.

Aquellas atajadas, entre ellas el penal a Nikita Parris -una de las delanteras más destacadas del mundo-, también provocaron que los clubes se fijaran en esa morocha alta con una enorme experiencia en Selección, pero una carrera desarrollada íntegramente en el fútbol argentino.

“Después del Mundial tuve ofertas, pero irme no era una posibilidad. Solo quería quedarme en Argentina, jugar ahí y pelearla para que el torneo creciera. Hacer fuerza porque siempre quise tener un torneo profesional y que los clubes tengan interés por el femenino. Por eso mi idea era quedarme”, cuenta un año después.

Entonces era arquera de Rosario Central, club en el que permaneció unos meses más hasta que pasó a San Lorenzo, con uno de los contratos más altos del fútbol argentino y que también le permitía permanecer en Rosario, vivir con sus hijos y trabajar en la Municipalidad de Gobernador Gálvez.

Pero el coronavirus le puso un freno al fútbol en marzo de este año. Poco después, en julio, llegó la oferta del Espanyol. “Esta posibilidad le llega en un momento excelente, porque el Mundial de Francia le vino muy bien y ella físicamente está muy bien: no pareciera que tiene 37 años. Al Espanyol lo que más le gustó fue la experiencia, la seriedad y lo profesional que es. Con toda la experiencia que tiene, estar muy bien físicamente y haber jugado un muy buen torneo con San Lorenzo, llega en la plenitud de su carrera”, opina Luis Loredo, su representante desde hace dos años.

Mientras Correa viajaba a España, sus ex compañeras de San Lorenzo regresaban a las prácticas. “Vi que las chicas están empezando a entrenar, pero todavía no tienen fecha confirmada para un inicio del torneo. Cuando tomé la decisión, estaba casi segura de que este año el torneo en AFA no iba a arrancar. Acá es otra cosa; es estar para el club y el club estar para las jugadoras y yo me siento súper cómoda”, compara.

Y sigue: “Es diferente: ya es una liga bien armada y un club con una estructura armada en cuanto al femenino. Me gusta estar acá. El club trata a las chicas tal cual como a la Primera de varones. Tienen todo acorde a una Primera División y te encontrás con lo diferente, que es vivir solamente del fútbol”.

La Selección argentina, en el Mundial de Francia 2019. Foto AFP

Para la arquera, “en Argentina se están adaptando ahora”. Y opina: “Después del Mundial, nosotras hicimos un piso: más abajo no podemos ir. Desde ahí hay que ir para arriba. Nos encontramos con esta pandemia que nos hizo perder prácticamente todo el año. Pero los clubes se están adaptando a lo que es el femenino, encontrar el espacio físico, darle la importancia que se merece y cuando las jugadoras tengan una base de entrenamiento, el torneo tendrá otra calidad. Eso se va a notar”.

La actuación de la Selección en Francia disparó las oportunidades de las jugadoras para irse al fútbol europeo, como es su caso. “Quizás antes no había tanta visibilidad y en Europa no conocían a las jugadoras sudamericanas, no había videos. Hoy eso cambió: hay mucha tecnología, se puede hacer un seguimiento de los entrenamientos y partidos de las jugadoras. Entonces empiezan a buscar y encuentran ese material que necesitan para saber si las jugadoras que quieren contratar les sirven”, indica.

Y ese crecimiento, considera Correa, se reflejará en la Selección: “Que las jugadoras vivamos pura y exclusivamente del fútbol le da otra calidad a la Selección. También el roce internacional es fundamental. Tanto en Italia como en España hay otro ritmo de juego, súper exigente, y competís contra chicas de todo el mundo. Eso le va a dar otro nombre a la Selección y más calidad, sobre todo”.

HS

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