Vacuna contra el coronavirus: ¿será o no obligatoria?



¿Va a ser obligatoria o no va a ser obligatoria? Y si va a ser obligatoria, ¿cómo se controlará que la gente se la aplique? Las dudas sobre la vacuna del coronavirus, luego del anuncio del Gobierno nacional del acuerdo para comprar 25 millones de dosis  de la vacuna rusa Sputnik V, son muchas. Y respecto de este punto, hubo una contradicción muy importante entre los propios funcionarios del oficialismo: mientras la viceministra de Salud de Nación, Carla Vizzotti, afirmó que la vacuna será “gratuita y obligatoria”, el titular de esa cartera en la Provincia, Daniel Gollan, lo desmintió: “Saquen esta mentira de que será obligatoria”.

Una reciente encuesta de la Universidad de Belgrano mostró que, pese a la urgencia de la vacuna para frenar la pandemia, un porcentaje significativo de la población muestra reticencias. Es que nunca antes una vacuna se había desarrollado tan rápido. Según la encuesta de la UB, sólo el 38% de los entrevistados dijo que querría ser de los primeros en recibir la vacuna. Otro relevamiento de Opinaia preguntó por la vacuna de qué país genera más confianza. El 13% votó por la rusa, pero los porcentajes bajos alcanzaron a todas las demás: 15% para Alemania, 12% Reino Unido y 8% Estados Unidos.

Es, como se ve, un tema sensible. Por eso, además de Gollan, el jefe de Gabinete de Kicillof, Carlos Bianco, también salió a aclarar que “no va a haber vacunación compulsiva” sino que será “voluntaria y bajo consentimiento”.

La idea del Gobierno nacional es incluirla en el calendario de vacunación y que como tal sea gratuita y obligatoria, aunque para poder establecer esta obligatoriedad es necesario contar con la disponibilidad total de las dosis para vacunar, que se irán confirmando a medida que se firmen los contratos.

Pero Lisandro Bonelli, jefe de Gabinete del Ministerio de Salud, aseguró en que “no vamos a perseguir a la gente para que se vacune. Vamos a apostar a la concientización y a la persuasión”. La vacuna de coronavirus sería, en este caso, como la de la influenza: se buscará que quienes estén en grupos de riesgo se vacunen. Están analizando mecanismos para usar las bases de datos de distintos programas del ministerio o de organismos como el Instituto Nacional del Cáncer para contactar a estas personas, por ejemplo vía mensaje de texto y recordarles se tienen que vacunar.

Todo esto, claro, cuando la vacuna esté. Para eso faltan las aprobaciones de los ensayos de fase III, que se esperan a fin de mes, y la firma de los contratos de compra, que se hará una vez que se promulgue la ley que da un marco regulatorio a esta adquisición especial. Se estima que esto último ocurrirá en las próximas horas.

“La obligatoriedad en una vacuna que genera tanta incertidumbre no es un factor que sume, sino al contrario”, opina Iris Aguilar, jefa de Inmunizaciones de la provincia de Mendoza e integrante de la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn). Para Bonelli, el concepto de obligatoriedad no busca ser “una exigencia, sino que implica que la gente entienda la necesidad de dársela”.

“Cuantas más personas se vacunen, mayor posibilidad de alcanzar inmunidad comunitaria y controlar el avance de la pandemia”, remarca el infectólogo Pablo Bonheví, integrante del comité asesor sobre la importancia de que la población objetivo se inmunice. Ahora bien, ¿hay forma de controlar si no se va a vacunar? “Hay mecanismos de control, como en las escuelas para las vacunas pediátricas. En adultos es más complejo, se han propuesto a través de la Ley de Vacunas puntos como la renovación de DNI para recordar la necesidad de completar las vacunas de adultos”, señala.

Bonelli insiste en que no habrá persecución y que tampoco habría que firmar un consentimiento a la hora de vacunarse. Suponiendo que se efectivicen las compras a los distintos laboratorios con los que se están negociando, ¿la gente podrá saber qué vacuna le están dando? “No sólo puede, sino que tiene que saberlo. En su carnet de vacunación le consignarán qué marca de vacuna es”, afirma Aguilar.

Aquí hay un dato clave. La mayoría de las vacunas son en dos dosis y “no son intercambiables”, remarca la experta. Así, si alguien recibe una primera dosis de la vacuna X, deberá recibir la segunda dosis de la X, no puede recibir ni la Y ni la Z.

¿Y puede alguien negarse a recibir una determinada vacuna y pedir que le apliquen otra? Aguilar anticipa que es muy probable que no todas las vacunas estén en todos los centros. Como ya había señalado Clarín, la cadena de frío va a ser fundamental en logística de la campaña de vacunación. Algunos desarrollos pueden conservarse en una heladera a temperatura estándar de 2 a 8 grados, pero otros requieren temperaturas más bajas. La Sputnik, por ejemplo, precisa -17° y la de Pfizer, -80°. Los vacunatorios no cuentan con ultra-freezers para mantener estos fármacos, como sí los tienen los centros de hemoderivados. Aguilar explica que ya se está trabajando en un esquema logístico y que seguramente este tipo de vacunas se enviarán a centros urbanos (donde se cuenta con esta infraestructura) y a los lugares más alejados, las que tengan menos complicaciones para su conservación.

Pero, aclara la especialista, esta diferencia respecto de la temperatura no influye en la “calidad” de las vacunas. “Tiene que ver con la plataforma que se usó para su desarrollo. Todas las vacunas que se aprueben van a ser seguras y efectivas”, enfatizó.

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