Un mundo exhausto contiene la respiración mientras EE. UU. elige a su líder



JERUSALÉN — Si el mundo pudiera votar en las elecciones del martes, Israel sería una de las regiones más republicanas del planeta.

El gobierno de derecha de Israel ha recibido un sinfín de favores políticos de parte de la Casa Blanca del presidente Donald Trump, además de un respaldo incondicional que culminó en acuerdos de normalización con tres países árabes que hicieron que Medio Oriente de pronto se sintiera un poco menos hostil para el Estado judío.

Una victoria del ex vicepresidente Joe Biden implicaría una pérdida significativa para el primer ministro Benjamín Netanyahu.

Joe Biden, el candidato presidencial demócrata, habla con los periodistas antes de abordar su avión en New Castle. Foto Hilary Swift/The New York Times.

Sallai Meridor, quien fue embajador en Estados Unidos, dijo que habría “más distancia” entre la Casa Blanca y Netanyahu que durante el mandato del presidente Donald Trump. “Tal vez perdamos lo que conseguimos, y quizá no ganemos nada más”, comentó.

Las elecciones presidenciales estadounidenses siempre acaparan la atención internacional, pero este año es excepcional: Trump ha dominado los ciclos de noticias y crispado los nervios en casi todos los rincones del planeta como pocos líderes en la historia.

Tras soportar su impulsividad, su desprecio por los aliados y su coqueteo con los adversarios, el mundo está sobre ascuas mientras espera a ver si Estados Unidos elegirá continuar por ese camino rocoso.

Los alemanes informan obsesivamente sobre la contienda en las primeras planas de sus periódicos, en innumerables pódcasts y en una serie de documentales con títulos como: “Crazy Trump and the American Catastrophe” (la locura de Trump y la catástrofe estadounidense).

Trump es acompañado en el escenario por el político británico pro-Brexit Nigel Farage en un mitin de la campaña de reelección. Foto Doug Mills/The New York Times.

Los australianos alivian sus preocupaciones con apuestas sobre el resultado, en las que las probabilidades tienden considerablemente a favor de Biden.

Y en Ucrania, donde la solicitud de Trump de información que incriminara a Biden en materia política lo llevó a un juicio político, a algunos les preocupa que, en caso de una elección reñida, él pueda presionar al presidente Volodímir Zelenski para que le haga otro favor: un mensaje congratulatorio para otorgarle legitimidad a un canto prematuro de victoria.

“Somos vulnerables porque dependemos del apoyo político de Estados Unidos”, dijo Alyona Getmanchuk, directora del New Europe Center en Kiev.

Ningún país ha observado el desarrollo de la elección estadounidense con más indignación y agravio que China, y pocos tienen tanto en riesgo.

Las tensiones por el comercio, la tecnología y el coronavirus han llevado las relaciones a su peor nivel desde que Washington reconoció por primera vez a la República Popular China en 1979.

Aun así, pocos funcionarios chinos parecen mantener la esperanza de que una derrota de Trump conlleve mejoras.

En cambio, dada la retórica cada vez más extrema de “ser duros con China” de la campaña de Biden, parecen considerarlo un desafío más complicado.

En Rusia, a la que la CIA acusa de montar un esfuerzo clandestino para lograr la reelección de Trump, los medios de comunicación pro-Kremlin han resaltado la posibilidad de violencia y caos, y han permitido que comentaristas que afirman que la democracia estadounidense está corrompida hasta la médula declaren que la campaña es un momento de “te lo dije”.

“¿Estados Unidos está a un paso de una guerra civil?”, rezaba un titular en el Komsomolskaya Pravda, el tabloide más popular del país.

Sin embargo, una mayoría de rusos dice que no le interesa quién gane.

“Trump fue un buen presidente para Rusia, pero no importó”, comentó Arsen P. Arutyunyan, de 25 años, propietario de un pequeño negocio en Moscú. “Dejen que Putin sea un buen presidente para Rusia”.

Para los europeos, la reelección de Trump confirmaría que Estados Unidos está renunciando a su papel de liderazgo en la alianza occidental.

Además de cuestionar la membresía de su país a la OTAN, Trump ha retratado a la Unión Europea como un competidor y un rival, ha abierto brechas entre los países europeos —con su apoyo al brexit y su inclinación hacia los líderes alemanes y franceses cuando pretendían abandonar el bloque— y ha promovido el populismo de derecha.

Muchos europeos temen que Trump actúe de manera más radical y aún menos restringida en un segundo período, pues tendría más libertad de seguir sus instintos, como los que guiaron su respuesta a la pandemia de COVID-19, en la que ignoró a los epidemiólogos, se burló de las personas que usaban cubrebocas e insistió en que el virus simplemente desaparecería.

En contraste, una presidencia de Biden sería recibida como “un regreso a la civilización”, dijo François Heisbourg, analista francés de temas de defensa.

Las actitudes de los funcionarios británicos son más ambivalentes, dado el apoyo ferviente al brexit por parte de Trump —Biden afirmó que se opondría a este proceso— y su estrecha relación con el primer ministro Boris Johnson.

No obstante, Trump sí tiene simpatizantes: algunos dirigentes del centro y el este de Europa aprecian que haya reforzado la presencia de soldados estadounidenses en las fronteras de Rusia.

Milorad Dodik, el primer ministro de la República Srpska, una de las dos entidades de Bosnia y Herzegovina, se refirió a Biden como un “enemigo de los serbios” e instó a los serbio-estadounidenses a que votaran por Trump.

Los riesgos que implica la elección del martes son personales para los miles de solicitantes de asilo que están varados en la frontera norte de México con la esperanza de obtener refugio en Estados Unidos.

Joel Fernández Cabrera, originario de Cuba que ha estado esperando durante un año en Matamoros, México, dijo que le subió el ánimo al ver que Biden iba arriba en las encuestas.

“Todos están atentos porque es el único rayo de esperanza que tenemos”, explicó. “Nuestras expectativas son muy muy altas. Si Biden gana, todos vamos a celebrar”.

Por otro lado, el presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha alentado con vehemencia la relación diplomática de Trump con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, pues dice que tiene una mayor probabilidad de lograr un avance que las negociaciones mucho más meticulosas en niveles más bajos que Biden seguramente reanudará.

No obstante, a la sociedad le preocupa el flirteo de Trump “con un dictador que mandó a ejecutar a su tío, asesinó a un ciudadano surcoreano e hizo estallar una oficina de enlace intercoreana”, mencionó Cheon Seong-whun, exdirector del Instituto de Corea para la Unificación Nacional, un centro de investigación financiado por el gobierno.

“Trump ha sorprendido a los surcoreanos en repetidas ocasiones, lo cual los tiene en un estado de alerta constante”, afirmó. Las encuestas muestran que están a favor de Biden en una proporción de casi cuatro a uno.

En Medio Oriente, donde la política exterior de Trump ha tenido mayor impacto, una victoria demócrata podría dejar a los dirigentes autocráticos de Egipto, Arabia Saudita y Turquía con pocos amigos en Washington, según comentó Hisham Melhem, columnista del periódico libanés Annahar Al Arabi.

Esto podría incitar a Arabia Saudita, que Biden ha tachado de “Estado paria”, a proponer la normalización de las relaciones con Israel, si acaso solo para mitigar los llamados a reevaluar la alianza saudita-estadounidense, comentó.

Por el contrario, una victoria de Trump no le ofrece ninguna garantía a Israel.

Muchos israelíes temen que un segundo gobierno del presidente Trump, libre de la necesidad de complacer a los votantes evangélicos pro-Israel, pueda precipitarse a cerrar un nuevo acuerdo demasiado indulgente con Irán.

Un anuncio publicitario de campaña muestra al primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu estrechando la mano del presidente Donald Trump, encima de un parque en Tel Aviv, Israel, el 6 de septiembre de 2019. (Sergey Ponomarev/The New York Times)

Joe Biden, el candidato demócrata a la presidencia, habla con reporteros antes de abordar su avión en New Castle, Delaware, el 22 de octubre de 2020. (Hilary Swift/The New York Times)

Melissa Eddy colaboró con este reportaje desde Berlín; Julie Turkewitz, desde Bogotá, Colombia; Steven Erlanger, desde Bruselas; Monica Mark, desde Johannesburgo; Mark Landler, desde Londres; Kirk Semple, desde Ciudad de México; Sheyla Urdaneta, desde Maracaibo, Venezuela; Anton Troianovski e Ivan Nechepurenko, desde Moscú; Declan Walsh, desde Nairobi, Kenia; Steven Lee Myers y Choe Sang-Hun, desde Seúl, Corea del Sur, y Damien Cave, desde Sídney, Australia.

c.2020 The New York Times Company

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