Un experimento y una luz de esperanza para que puedan volver los conciertos



Un grupo de investigadores de Alemania podrían tener buenas noticias para aquellos que están frustrados por no poder ir a conciertos en todo el mundo, dado que las actividades se han visto limitadas por la propagación del COVID-19.

El análisis de un concierto bajo techo organizado en agosto sugiere que el impacto de esos eventos en la propagación del coronavirus va desde lo “bajo a lo muy bajo”, siempre que los organizadores garanticen una ventilación adecuada, protocolos de higiene estrictos y una capacidad limitada, según los investigadores alemanes que realizaron el estudio.

“No hay ningún argumento para no tener tal concierto”, dijo en una entrevista el Dr. Michael Gekle, parte del equipo de la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg que llevó a cabo el estudio. “El riesgo de infectarse es muy bajo”.

vista desde atrás del experimento que se hizo en Alemania para comprobar el riesgo de contagio en un concierto. Foto: Gordon Welters/The New York Times.

El estudio se publicó online y se anunció en una conferencia de prensa el jueves, pero aún no ha sido revisado por pares.

El evento de prueba, uno de los primeros exámenes minuciosos de cómo se podría transmitir un virus entre una multitud en un recinto cerrado, fue seguido de cerca por la industria mundial del entretenimiento, que se ha visto obstaculizada por las restricciones de cierre en la mayoría de los países desde que estalló la pandemia a principios de este año.

Algunos expertos expresaron su escepticismo sobre los resultados, diciendo que era necesario reproducirlos y revisarlos, y que se necesitaba más información sobre la forma en que los investigadores utilizaban el modelo.

El Dr. Gabriel Scally, presidente de epidemiología y salud pública de la Sociedad Real de Medicina, dijo que los hallazgos eran potencialmente “útiles”, pero que podría ser difícil replicar los controles que los investigadores habían implementado en muchos eventos de la vida real.

Crónica de un experimento

Para medir los contactos durante el concierto, que se celebró en Leipzig, primero se sometió a los voluntarios a una prueba de detección del virus y se les hizo un control de la temperatura antes de entrar en el recinto.

A cada persona se le dio un desinfectante de manos con un tinte fluorescente y un rastreador digital de localización, y se simularon diferentes escenarios de distanciamiento social durante 10 horas. Incluyeron descansos para que los asistentes fueran al baño y para simular la compra de comida y bebida a los vendedores.

En un escenario, los participantes no fueron distanciados, en otro fueron parcialmente distanciados en una formulación de tablero de ajedrez, y en un otro estuvieron estrictamente distanciados.

Los investigadores también utilizaron una máquina de niebla para observar el movimiento del aire dentro del recinto y calcular la probabilidad de exposición a las gotas de aerosol.

En un modelo, las boquillas de chorro en el techo sobre las filas más altas del estadio enviaban aire fresco a través del piso interior. En otro, el aire fresco se aspiraba en el estadio, desde el techo y las boquillas de los chorros se apagaban.

Los modelos informáticos encontraron que 10 veces más personas estarían expuestas a los aerosoles de una persona infectada en el segundo escenario comparado con el primero, sugiriendo que la circulación regular del aire disminuyó la densidad de cualquier virus en los aerosoles, dijeron los investigadores. El distanciamiento social redujo aún más la exposición a los aerosoles, dijeron.

“Sabíamos que la ventilación era importante, pero no esperábamos que fuera tan importante”, dijo Gekle.

La simulación también encontró que el contacto prolongado (de al menos varios minutos) era el más alto durante los descansos en la programación, y cuando los miembros de la audiencia entraban en el lugar.

Pero Paul Linden, profesor de mecánica de fluidos en la Universidad de Cambridge, dijo que el modelado informático no había tenido en cuenta factores como el calor que subía del público o la turbulencia del aire interior.

Agregó además que era difícil precisar si era el patrón de flujo de aire o la menor ventilación del lugar de reunión lo que conducía a una mayor exposición a los aerosoles. Como regla general, añadió, los lugares de reunión necesitaban introducir tanto aire limpio como fuera posible para reducir las tasas de transmisión.

El equipo alemán ya ha hecho una serie de recomendaciones sobre las directrices de seguridad en los eventos en vivo, incluida la instalación de una nueva tecnología de ventilación que intercambie aire de forma eficaz y regular, descansos para comer y beber sentado, la obligatoriedad de utilizar máscaras y la orientación de los asistentes a través de múltiples entradas.

Los organizadores del evento recibieron las conclusiones con un cauto optimismo.

“Obviamente, si las máscaras van a funcionar para conciertos más grandes, entonces es un gran progreso”, dijo Emily Eavis, co-organizadora del Festival de Glastonbury, un evento al aire libre que atrajo a multitudes de alrededor de 135.000 personas antes de que la pandemia lo cerrara este verano, aunque añadió que era demasiado pronto para saberlo.

“Esperamos tener más noticias para finales de año”, agregó.

Y los investigadores de otros países están trabajando en estudios similares con la esperanza de encontrar una forma segura y viable de reabrir la vida nocturna incluso con la pandemia todavía presente.

“Estamos siguiendo de cerca y con gran interés todas las iniciativas similares en Europa”, dijo Marta Pallarès, portavoz del Primavera Sound, un festival anual en España, en un correo electrónico.

Los organizadores del Primavera Sound están ayudando a llevar a cabo un estudio para comprobar si las pruebas rápidas de coronavirus pueden ser una medida de detección eficaz para los eventos musicales en vivo.

“Todos estos proyectos son tremendamente importantes para asegurar un nuevo futuro para la música en vivo”, añadió Pallarès.

© 2020 The New York Times

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