Tras dos semanas sin agua, vecinos de un barrio de La Matanza aseguran que si llegara el virus sería “una catástrofe”



Lavarse las manos y quedarse en casa. Estas dos recomendaciones se repiten una y otra vez en la lucha contra el enemigo común, el coronavirus. Pero en el barrio Las Casitas, de González Catán, no tienen agua desde hace dos semanas y tienen que salir a trabajar para poder darle de comer a sus familias. El respeto de las normas se hace difícil y temen lo que podría pasar si llegara el virus.

“Sería una catástrofe si entra el virus al barrio como pasó en Villa Azul porque acá estamos sin agua. Vivimos entre basurales a cielo abierto, tosqueras, arroyos y zanjas. Estamos sumidos en el olvido”, lamenta la vecina Carolina Gómez Bojorge. Y asegura que, aunque no hay confirmaciones oficiales, han visto ambulancias que se llevaron a vecinos, con protocolo de Covid, de los asentamientos que rodean el barrio.

El problema del agua no es nuevo para los cinco mil vecinos de Las Casitas y en ocasiones han llegado a estar hasta un mes sin este servicio. Sin embargo, en contexto de la Pandemia, piden al Municipio y a Aysa una “solución urgente” porque desde el 23 de mayo que están sin agua.

Los vecinos aseguran que el tanque está torcido y que podría caerse sobre las casas

Actualmente el barrio cuenta con un tanque de más de 30 años de antigüedad que abastece a las casas porque el plan impulsado por Aysa llegó hasta una cuadra antes de Las Casitas. “Necesitamos agua corriente porque el tanque no da para más”, destaca la vecina.

Hasta el miércoles de la semana pasada un camión cisterna de Aysa iba todos los días para que los vecinos pudieran acercarse con sus baldes a cargar agua que debían utilizar para beber e higienizarse. Esto provocó que disminuyeran el consumo de líquidos e incluso de vegetales ante la imposibilidad de lavarlos. Tampoco pudieron lavar ropa porque priorizaron dar otro tipo de uso al agua que podían obtener.

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Al día siguiente, desde el Municipio se acercaron con una bomba nueva pero la potencia rompió los caños, deteriorados por el tiempo. Entonces, los arreglaron de manera provisoria y hasta el domingo dieron media hora de servicio por día.

El Municipio acercó una bomba nueva pero la potencia rompió los caños, deteriorados por el tiempo.

“Siempre fue imprescindible el agua, pero ahora es grave la problemática. Hay mucha gente mayor y niños que no se pueden higienizar. Además, hay vecinos que están saliendo a trabajar porque no les queda opción y nosotros estamos haciendo una cuarentena comunitaria y no está cada uno en su casa porque no se puede”, asegura Gómez Bojorge.

Otro de los riesgos que denuncian en el barrio es la posibilidad de que el tanque se derrumbe sobre las viviendas. “Está obsoleto y torcido hacia un costado. A cinco metros está la primera casa y podría caerse arriba”, dice el vecino Carlos Franzzini.

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Desde Aysa explicaron que “el barrio está desvinculado de la concesión y posee un sistema de provisión de agua propio, atendido por el Municipio, con bombas y perforación”. Sin embargo, cuando son solicitados por la Comuna asisten a los vecinos con camiones cisterna.

Ante la falta de soluciones definitivas, los vecinos consideran inclusive la posibilidad de cortar la Ruta 21 para visibilizar su reclamo ya que tienen miedo de no poder tomar los recaudos de higiene necesarios para evitar el contagio del virus.

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