“Todo el maldito dinero a la ciencia”: el pedido de Lorrie Moore que se actualiza



Con la preocupación por la pandemia, hace días que me daba vueltas en la cabeza una frase: “Todo el maldito dinero para la ciencia”. La había oído hace mucho en un podcast del New Yorker en el que unos autores leían cuentos de otros. No tenía ninguna otra precisión.

“Todo el maldito dinero a la ciencia”, pienso, a medida que pasan los días, las semanas, y seguimos tratando de llegar al día en que haya una vacuna, si ese día llega. Que seamos muchos, que muera la menor cantidad de gente posible, que tengamos aire para seguir corriendo esa carrera. Todo el maldito dinero -es una traducción, por estas pampas usaríamos otra palabra- a la (maldita) ciencia.

Con esos datos mínimos me largué a googlear, sin mayores resultados. ¿Qué palabras exactamente eran las del cuento? Después me acordé de que la narradora era una bailarina y abracadabra, en el buscador apareció un título, Dance in America. Era un cuento de Lorrie Moore… ¡de Lorrie Moore! La que estuvo el año pasado en Buenos Aires para el festival FILBA, la que escribió ese libro maravilloso que es ¿Quién se hará cargo del hospital de ranas? 

Entrevista pública de Lorrie Moore en el festival Filba. / Rafael Mario Quinteros

El cuento, por suerte, está también en castellano y se llama Danza en Estados Unidos. Forma parte del libro Pájaros de América, que es difícil de conseguir en librerías argentinas pero en la web se consigue, en versión digital. También los Cuentos Completos. 

Mi relato hablaba de una bailarina, digamos, retirada que, para sobrevivir, va a dar charlas por distintas zonas. Tiene un discurso inflamado, emocionante, en el que ya no cree: “carisma alquilado”, dice ella misma. Universidades, colegios, es una antigua celebridad.

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En eso va a un pueblo donde vive un amigo al que hace mil años -doce- que no ve. Y se aloja en su casa: en las conversaciones entre ellos se ve la complicidad de siempre. El amigo -Cal- tiene un hijo con fibrosis quística, una enfermedad compleja que afecta a los pulmones. La ciencia, dice Cal, va haciendo algunos progresos: “Si tuviera tres años en vez de siete habría más esperanza”. Otra vez, la carrera. Quizás la cura llegue, ese chico seguramente no.

Así que es él, el amigo, quien dice mi frase. “No tengo nada contra las artes. Tú estás aquí. El dinero para el arte te ha traído hasta aquí. Es maravilloso. Las artes son fantásticas y maravillosas. Pero en serio: propongo que demos todo el dinero, hasta el último jodido céntimo, a la ciencia”.

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El tema cruje hoy, cuando los Estados dan vuelta los bolsillos para aliviar los efectos económicos de la pandemia. Ya se sabe que Alemania destinará 1.000 millones de euros para la cultura, en este contexto. ¿Y por casa? Pronto para decirlo: hubo algunos subsidios para artistas y mucha actividad online, organizada por centros culturales y teatros, en la que se recauda lo que se puede.

En conversaciones informales, autoridades de algunos museos públicos cuentan que el presupuesto para operar este año será… cero. Se trabaja con lo que está colgado, se pagan los sueldos y los gastos fijos y listo.

La cultura -el cine, los libros, el teatro por streaming, la música- nos ayuda a respirar -nada menos- en este tiempo, en esta carrera. Y no es sabio estrangularla. Pero vuelve la frase del cuento de Lorrie Moore: ¿todo el maldito dinero a la ciencia?

Algunos párrafos

“He aceptado la invitación de mi viejo amigo Cal de alojarme en su casa. Enseña antropología en Burkwell, una de las muchas universidades que hay por aquí. Él y su esposa tienen una casa que antes había sido de una hermandad y que nunca se han molestado en arreglar. ‘Era la única forma de poder vivir en una casa así de grande —contó—. Además, sentimos una fascinación perversa por las ruinas.'”

…………

“El hijo de Cal, Eugene, tiene fibrosis quística. Toda la vida de Eugene es una competición con la investigación médica.

—No tengo nada contra las artes —dice Cal—. Tú estás aquí. El dinero para el arte te ha traído hasta aquí. Es maravilloso. Es maravilloso verte después de tantos años. Es maravilloso que financien las artes. Es maravilloso. Tú eres maravillosa. Las artes son fantásticas y maravillosas. Pero en serio: propongo que demos todo el dinero, hasta el último jodido céntimo, a la ciencia.

Algo lo ahoga. Puede ser el optimismo de los incrementos, las pequeñas cantidades, los capítulos; pero no lo he visto en doce años y ha tenido que contarme toda la historia, desde el principio, y toda la historia es muy triste.

—Los dos teníamos el gen, pero no lo sabíamos —explica—. Así es como funciona. Las probabilidades son de uno de cada veinte multiplicado por uno de cada veinte, y luego después de eso, incluso sólo uno de cada cuatro. En total uno de cada mil seiscientos. ¡Bingo! Tendríamos que mudarnos a Las Vegas.”

PK

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