Superman: cómo fue el accidente que cambió la vida del actor Christopher Reeve



El accidente envuelve una ironía que difumina la línea entre la ficción y la realidad. Superman se cayó del caballo y quedó cuadripléjico. La tragedia que protagonizó el actor Christopher Reeve, el mejor Clark Kent de la historia, quedó grabada a fuego entre colegas, productores y directores del cine de Hollywood. Pero sobre todo en el público.

Se cumplieron 25 años del momento en el que la vida de Reeve cambió para siempre y el 10 de octubre de este 2020 signado por el coronavirus serán 16 desde el fallecimiento del actor nacido en Nueva York a causa de una mala reacción a un antibiótico.

En 2021, el director Zack Snyder estrenará la mini serie “Justice League”, donde Superman volverá a estar en escena. El hombre de acero volverá a ser encarnado por Henry Cavill, que ya se puso la capa roja en “El hombre de acero” (2013), “Batman v Superman: El amanecer de la justicia” (2016), y “Liga de la Justicia” (2017).

Henry Cavill se calza el traje que supo ser de Christopher Reeve. /WARNER BROS.

Pero para convencer a Warner Bros que Cavill debía ser quien interpretara a Superman, Snyder echó mano en los archivos de los estudios y encontró el traje que había hecho a famoso a Reeve: “No teníamos el traje hecho cuando Henry estaba haciendo las pruebas, por eso vestía el traje original de Christopher Reeve”.

Sin embargo, el legado más importante que dejó Reeve no está en las pantallas. En 2005, su fundación junto a la Universidad de California consiguió reparar lesiones medulares de ratones usando células madre provenientes del tejido nervioso de seres humanos. Un súper héroe.

Quién fue Christopher Reeve

Reeve en el traje de Superman.

Nació el 25 de septiembre de 1952 en Nueva York y junto a su hermano Benjamin se crió en Princeton, donde se mudó con su madre tras el divorcio de sus padres.

Estudió en la Princeton Day School, sonde trabajaba como ayudante del director de la orquesta del instituto, era barítono en el coro de la escuela y a los 15 años debutó como actor en el escenario del festival de teatro de Williamstown.

Su formación académica y artística continuó en la prestigiosa Universidad de Cornell, donde fue uno de los dos actores seleccionados para estudiar arte dramático en la Julliard School de Nueva York. El otro fue Robin Williams, con quien forjó una amistad inquebrantable.

Reeve era una actor de teatro y debutó en Broadway en 1976 en la obra “A matter of gravity” junto a Katharine Hepburn. Sin embargo, su trabajo sobre las tablas no le era redituable y evaluó abandonar la actuación para trabajar junto a su padre. Pero justo en ese momento se enteró de una audición para el papel de un superhéroe.

Reeve era rubio, pero decidió teñirse el pelo de negro y escondió sus ojos celestes detrás de unas gafas para llegar al casting en la piel de Clark Kent. Cuando el director Richard Dooner lo vio, le dio el papel de inmediato.

“Superman” (1978) fue la producción más cara de la historia del cine en ese momento y se convirtió en un fenómeno global que multiplicó por seis su presupuesto en taquilla y Reeve recibió dulces elogios de la crítica por su interpretación.

Superman vuela por el cielo de Nueva York en la película de 1978. (AP)

“Para eso hacía falta un gran actor, venido del teatro y con presencia física, como Reeve. Cuando él vuela no solo lo hace con los efectos especiales, vuela con el rostro, con la mirada… Y cuando es Clark Kent, lo es con todo su cuerpo”, dijo Arturo González-Campos, cómico y autor del libro “Marvel, ¡qué hermosa eres!”, en declaraciones que recoge El País de España.

Y añade: “El filme creó el molde de cómo se debe hacer una película de presentación de superhéroes, muchísimos años antes de que este fuera un género habitual en el cine”.

Reeve se puso el traje de Superman en otras tres secuelas, la última en 1987 y se convirtió en una estrella mundial. Pero luego comenzó su lucha por des encasillarse del personaje y evolucionar como actor.

Cómo fue el accidente

Reeve como Clark Kent.

Reeve había participado en películas como “El reportero de la calle 42”, “Noises off (¡Qué ruina de función!)” y “Lo que queda del día”, entre otros trabajos, pero su cara para el público seguía siendo la de Clark Kent.

Hasta que el 27 de mayo de 1995 todo cambió. Una tarde de primavera acudió a la pequeña localidad de Culpeper, Virginia, para participar junto a otros 300 jinetes en una competencia ecuestre de obstáculos sobre el lomo de Buck, su caballo purasangre.

Reeve siempre había sido muy inquieto: era un excelente nadador, aficionado al hockey sobre hielo, piloto licenciado y también amante de la equitación. Tenía un físico privilegiado de 1.93 metro y parecía tallado en piedra.

Pero en medio de la competencia, cuando se aproximaba a un salto de triple barra, Buck se frenó en seco y Reeve salió despedido del lomo del animal. Cayó de cabeza del otro lado del obstáculo.

Según reveló The New Yorker, si el actor hubiera caído un centímetro más hacia la izquierda, habría muerto en el acto; pero si lo hubiera hecho un centímetro a la derecha, lo más probable es que hubiera salido de la pista como si nada.

El golpe le provocó múltiples lesiones en la médula espinal y lo dejó paralizado del cuello para abajo. Tenía 42 años. Las lesiones eran tan graves que su madre les rogó a los médicos que le quitaran el respirador artificial. “Tiene fracturas en la primera y segunda vértebras cervicales con daños en la columna vertebral”, fue uno de los primeros partes médicos que publicó la prensa tras el accidente.

Reeve necesitó asistencia para respirar durante el resto de su vida. (AP)

Cuando Reeve despertó, los médicos le informaron que era “imposible” que recuperara la movilidad. Y el actor pensó en terminar con su vida.

Fue una frase de Dana, su segunda esposa, que más tarde daría nombre a su libro de memorias (“Still me”), la que le hizo aferrarse a su esperanza de vida: “Te diré una cosa, te apoyaré en todo lo que quieras hacer, porque es tu vida y tu decisión. Pero quiero que sepas que estaré contigo para siempre, toda la vida, hasta el final. Sigues siendo tú y te amo”.

Publicada en 1998, la biografía se mantuvo durante once semanas en la lista de los más vendidos del New York Times y ganó un Grammy por su versión hablada.

El legado de un súper hombre

Christopher Reeve y su esposa Dana. (AP)

“Mi hermano menor, Will, tenía tres años en el momento del accidente, pero papá le enseñó a andar en bici con solo darle instrucciones”, contó Matthew, el hijo mayor de Reeve, que tomó las riendas de la fundación después de la muerte de su padre y de Dana, en 2006.

Reeve reapareció por primera vez en público tras el accidente en la ceremonia de los Oscar de 1996. Y es recordado como uno de los momentos más emocionantes en la historia de los premios. “Lo que quizás no saben es que salí de Nueva York en septiembre y acabo de llegar a Los Ángeles esta misma mañana”, dijo en su discurso apelando al humor.

Reeve se convirtió en una inspiración por sus esfuerzos para sobreponerse a su estado y se enfocó en un trabajo incesante para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con parálisis.

En 1999 creó la “Fundación Christopher & Dana Reeve”, una organización sin fines de lucro que logró recaudar más de 130 millones de dólares destinados a la investigación de diferentes tratamientos y ofrecer becas por más de 30 millones a diferentes organizaciones locales.

Además, militó la causa en el Congreso estadounidense y encabezó campañas de concientización sobre las dificultades de aquellos que conviven con la discapacidad. Son más de 100.000 las personas y familiares que se beneficiaron con su trabajo.

Reeve en una conferencia en Washington. (AP)

En sus últimos años consiguió mejorar su calidad de vida al recuperar movimiento en un dedo y sensibilidad en las piernas. Y continuó trabajando como director de cine y como actor: participó en la película “La ventana de enfrente” y en la serie “Smallville”, donde se reencontró con un joven Clark Kent.

De todas formas, su organismo se deterioraba y sus músculos comenzaron a atrofiarse. Se hizo propenso a sufrir infecciones y en 2004 lo trataron con antibióticos ante una hipotensión causada por sepsis. Pero el medicamento le generó una reacción alérgica, sufrió un ataque cardíaco y entró en coma. Horas más tarde falleció. Tenía 52 años.

“Es un honor continuar el trabajo que comenzó mi padre. Se mantuvo como una figura magnética, más grande que la vida. Era encantador y divertido y socialmente activo. Tampoco se tomó un día libre luchando por más dólares de investigación. La gente dice de él que realmente era Superman, pero él enfatizó que la capacidad de soportar, el poder de amar, todo el mundo la tiene”, enfatizó Matthew Reeve que este octubre volverá a recordar a su padre cuando se cumplan 16 años de su partida.

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