Sueños de cuarentena: un all inclusive, naturaleza y club de niños, por favor



No tengo muy claro cuándo podremos viajar o a dónde, pero sueño con mis próximas vacaciones. Sueños que fueron cambiando al calor de la pandemia del coronavirus y, especialmente, de la cuarentena.

Y la convivencia en cuarentena. Y trabajando, limpiando, distribuyendo tareas y controlando los deberes de la escuela en cuarentena. Y sosteniendo la buena onda en cuarentena para mantener el delicado equilibrio puertas adentro. Como les pasa a muchos.

Cuando arrancamos a fines de marzo, las vacaciones apenas habían terminado, aún quedaban en el celular las fotos del verano en la playa, algún chapuzón en la pileta de los amigos, muchas imágenes de todos abrazados bajo el sol del verano.

Home office en cuarentena. Foto: Shutterstock

Promediando abril, mientras terminábamos de acostumbrarnos al home office, los chicos empezaban a organizarse con los zoom y las tareas (no sé si lo lograron todavía) y la manía de limpieza empezaba a estar más regulada, las vacaciones futuras se colaban en las charlas. “Las próximas vacaciones”, “Me encantaría una escapada a…”, “El lugar al que queremos volver” eran usuales tópicos de las cenas, que hasta ahí venían bastante ordenadas en función de lo que íbamos comprando cada tanto, evitando salir demasiado.

Eran los tiempos en que chateábamos con los vecinos y nos pasábamos datos sobre los nuevos horarios de tal o cual negocio o el delivery de la verdulería o dónde conseguir barbijos. Entonces soñábamos con unas lindas vacaciones los cuatro juntitos, que mitigara los días de encierro que ya empezaban a estirarse.

Los días pasaron. Se hicieron semanas, meses, temporadas. Casi sin darnos cuenta pasó el otoño y la temporada de invierno ni existió. El chat de los vecinos no tiene mensajes nuevos desde hace meses. A la de la casa de al lado ya no le interesa saber qué me trajo la camioneta que paró frente a mi puerta.

En la cena, cada tanto, sale el asunto de las vacaciones, sueños de un viaje futuro, no muy lejano, por favor. Los chicos se entusiasman. Hacemos listas de deseos y vamos pegándolas por ahí.

En pareja, solo o con amigos: las categorías que marcaron crecimiento en una encuesta realizada en julio. Foto: Shutterstock

Hace unos días llegaron los resultados de una encuesta de un grupo interdisciplinario que se llama Usina Turística. Hicieron las preguntas en abril y las repitieron en julio. Llama la atención el cambio de tendencias en una pregunta en particular -se podían poner varias opciones-: “Con quién viajarías” (cuando el gobierno lo autorice). Abril vs. Julio: en pareja un 38 % en abril vs. 45 % en julio; con amigos un 25 % vs. un 39 % (incremento importante en julio); viaje solo/a un 20 % vs. un 26 %. “En familia” (con hijos) es la única categoría en descenso: pasó de un 44 % en abril, a un 40 % en julio.

Quizá influida por la lectura de los resultados, anoche, mientras sanitizaba las verduras y le tiraba alcohol al 70 por ciento a las compras del super, soñé con mis vacaciones.

Una semana en un all inclusive (mar, sierras, me da igual siempre y cuando sea un entorno natural). Con un club de niños (Kid’s Club) extra large y extra time, de esos bien organizados que garantizan buen entretenimiento todo el día. O con abuelos dispuestos a recuperar intensamente las horas perdidas. Con un restaurante que me prepare desayuno, almuerzo, merienda y cena y que me haga olvidar el tupper de milanesas freezadas y el “quedan fideos, aunque ya comimos fideos al mediodía”. Con la ropa bien planchada colgando en cada percha del placard. No me interesa el wifi y quiero una tele en el cuarto que solo pase buenas películas por si llueve. Y claro, si de soñar se trata, unas vacaciones sin barbijo, con la pandemia en el olvido.

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