Sebreli, a los 90: “La Argentina sale de las crisis pero cada vez más abajo”



Cuenta Juan José Sebreli que cuando cumplió los 20 dijo que aquel sería su último cumpleaños. Y desde entonces dejó de cumplir años. O de celebrar al menos. Pero la tradición de no celebrar se quebró el 3 de noviembre de 1990. Aquel día Sebreli festejó su cumpleaños número 60. Al festejo acudieron cuatro personas: una amiga, dos amigos y él. Hubo un té y una copa de champagne. En aquella reunión le preguntaron a qué edad pensaba morir. Sebreli respondió “a los 74”. Tenía dos motivos para argumentar: 1) su padre había muerto a los 74. Y 2) su padre intelectual, Jean-Paul Sartre, también había muerto a los 74. Él no quería ser menos. Pero los 74 los pasó sin sobresaltos. Desde entonces, ya no piensa cuándo va a morir. El 3 de noviembre de 2020 cumplirá 90. Y los celebrará con un nuevo libro: Desobediencia civil y libertad responsable, en coautoría con Marcelo Gioffré, que se presentará por Zoom y en una charla en la que estarán Mario Vargas Llosa -grabado, desde Madrid- y Elisa Carrió.

Sebreli tiene la teoría de que la Argentina es un país que sale de las crisis yendo hacia más abajo: “Sale de las crisis pero queda cada vez más abajo”, como si las recuperaciones sólo fueran posibles bajando el estandarte. El 2001 es el final de eso: “Después del 2001 ya nunca más se vuelve al apogeo”, dirá.

Viene de pasar diez días en el Hospital Italiano. Contrajo Covid-19 casi sin salir de su casa. Ahora, ya recuperado, nos recibe en su departamento de Barrio Norte con pantalones azules, alpargatas negras y pullover de puntos. En la entrada hay un mueble con distinciones: una acredita el premio Konex 1994 y 2004 y otra el nombramiento como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires 2015.

Amigos. Sebreli con Oscar Masotta, en su juventud. La imagen está en la casa del intelectual. Foto Lucía Merle

En el living también sobresalen dos angostas bibliotecas distribuidas entre ventanas. Es sólo la antesala de la otra, su verdadera biblioteca, la que reviste de piso a techo todas las paredes de su estudio al final del pasillo. Sobre otra de las mesas del living está el libro de Sarah Bakewell: En el café de los existencialistas: sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador (2016).

En el recibidor también están las fotos de familia: con Oscar Masotta y Carlos Correas, grandes intelectuales de la generación del 50 y antiguos amigos de su juventud, con quienes conformó el primer grupo de existencialistas de la Argentina. Se los ve a los tres en una fonda de calle Las Heras. En la otra, están Sebreli y Masotta caminando por Avenida de Mayo a la altura del Café London: “Acá estamos Correas, Masotta y yo en un café. Ese era el trío más mentado de la calle Viamonte. Los tres éramos famosos en las tres o cuatro cuadras de la calle Viamonte. En esa época leía Les Temps Modernes (la revista de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir). Se podía comprar todos los meses una revista francesa, que salía 12 pesos argentinos. La traían a la librería Galatea que quedaba en la calle Viamonte, como todo lo intelectual que estaba en esa calle.”

Sebreli es autor de uno de los artículos más importantes de la historia de las revistas argentinas. El artículo está en la tapa, en la primera página del primer número de la revista Contorno (1953): Los martinfierristas, su tiempo y el nuestro. El ensayo es una apología de la seriedad: “Escribí ese artículo criticando la posición festiva de los martinfierristas en los años 20. Nosotros en cambio éramos muy serios, muy graves y hablábamos de los temas melodramáticos que se suscitaban en el país. En realidad, visto hoy, eran épocas felices. Pero vivíamos dramáticamente.” Su generación, la del 50, se estaba distanciando de la frivolidad de los intelectuales de los años 20: “Salvo de Roberto Arlt, que era al que admirábamos, porque era el único que escribía seriamente. Todo el resto, el propio Borges, era como trivial”, rememora.

“El populismo lo veía desde un punto de vista muy literario. Evita era un personaje novelesco”.

Juan José Sebreli Pensador

Esa crítica no le impidió a Sebreli ir a visitar a Borges: “en esa época éramos tan audaces que les tocábamos el timbre a los escritores que nos gustaban. Una vez le tocamos el timbre a Borges, pero estaba haciendo sus veraneos en el Hotel Las Delicias de Adrogué.”

Sebreli pertenece a una generación de jóvenes que descubrió la realidad argentina: “Descubrimos que la Argentina era un tema literario. Porque nosotros no sabíamos eso. La literatura era una cosa de Europa. ¿Pero la Argentina? Ni como tema de libro podía ser la Argentina. Todo era tan alejado. Y así descubrimos que se podía escribir sobre cosas como el Tango, Gardel, Perón, Yrigoyen, y todo ese tipo de temas. Nos fascinó.”

Y destaca entonces el hecho de que ningún tema universal apareciera en las páginas de la revista Contorno: “Yo hasta entonces leía autores universales. No leía casi autores argentinos. Salvo alguna excepción, por lo general leía sobre todo a autores franceses y rusos o alemanes. Esa era mi cultura de la época.”

Su diagnóstico coincide con la política peronista de incentivo a la cultura nacional: “Por eso fue que caí en el populismo. El populismo lo veía desde un punto de vista muy literario. Como una cosa extraña y dramática. Evita era un personaje novelesco. No me interesaba tanto lo que fuera políticamente sino como personaje novelesco. Las masas en la calle, todo eso era muy vistoso para un chico de 19 años, como tenía yo en aquella época.”

Sebreli estuvo en momentos claves de la historia intelectual del país: fue peronista –o populista, como lo llama hoy–. Fue marxista, sartreano, existencialista. Fue el traductor al español de Simone de Beauvoir y de Georg Lukács, el formalista ruso. Y luego, en algún momento, aparece la figura pública del Sebreli actual: el que regresa a los temas universales, el declaradamente antiperonista y el que se vuelve irreconocible para quienes lo trataban desde los tempranos 50.

Pero todo esto es la prehistoria de Sebreli. Mientras habla, detrás se ve su retrato al óleo firmado por Guillermo Roux. Es el retrato que ilustra la portada de El tiempo de una vida (2005), la autobiografía que escribió para sus 75: “Hay muchos Sebreli”, dice. Aquí, algunos de ellos.

“La inflación es hija del peronismo y Perón la anunció riéndose”

Juan José Sebreli Pensador

-¿Cuáles son sus libros más importantes?

–El asedio de la modernidad (1991), Dios en el laberinto (2016), El malestar de la política (2012) y El vacilar de las cosas (1994). Esos son mis cuatro libros fundamentales. Mi vida privada fue más bien tranquila y monótona, fuera de la escritura de mis libros. Pero viví en un país y en una época muy turbulenta. Llena de crisis. Todo el tiempo en crisis vivió este país. Nací en medio de la gran crisis de la época, que fue la Crisis del 29 y el 30 y que fue una crisis económica mundial, que ahora estamos superando. Vivida por mi propia familia: que se quedó sin trabajo, se quedó sin casa, es decir que yo nací en medio de una hecatombe.

–Acababa de producirse el Golpe del 30.

–Sí. Uno de los motivos de aquella primera crisis fue también la primera dictadura militar, y las dictaduras me siguieron durante buena parte de mi vida, hasta el 83. Y después, aparentemente hasta ahora, esa crisis desapareció. La otra, que era la crisis económica, no desapareció nunca y no sé si podré ver que desaparezca. Siempre estuvimos en crisis. Desde el 50.

Los libros, siempre. Juan José Sebreli cumple 90 este 3 de noviembre. Foto Lucía Merle

–¿Qué pasó entonces?

–La inflación surge en el 50. Es hija del peronismo. Fue Perón quien la anunció riéndose desde el balcón de la Casa de Gobierno en un discurso, cuando empezaba a hablarse del dólar, porque el dólar empezaba a subir por primera vez, en la mitad del gobierno de Perón, ni siquiera al final. Y Perón dice: ‘¿Quién de ustedes vio alguna vez un dólar?’ Hoy quedó como un chiste. ‘¿Quién ha visto alguna vez un dólar? Hay otras cosas más importantes…’.

–¿Y qué cambió con eso?

–Éramos un país tan rico, que yo podía comprar la revista francesa Les Temps Modernes todos los meses más barato que en París. Los que lo vivieron se olvidaron. Y los que no lo vivieron piensan que es una fantasía de los no peronistas. Pero no es así. La pobreza la creó el peronismo. No hay vuelta de hoja. Pero cómo éramos tan ricos, y estábamos tan arriba, no se notaba al principio. Empezamos a bajar pero seguíamos viviendo bien. Y cada vez va bajando más hasta que finalmente todo estalla en el 2000. Siempre recuerdo la frase de Felipe González, que decía que los argentinos tienen el hábito de correr desesperadamente hacia el abismo. Pero cuando llegan al borde, se detienen. Esa frase hoy ya está desactualizada. Porque estamos en el fondo del abismo. Ahora el problema es otro. ¿Cómo salimos del abismo?

La pandemia democrática

A contramano de muchos filósofos contemporáneos, como Slavoj Zizek, Byung-Chul Han o Giorgio Agamben, que arriesgan fuertes posturas sobre la pospandemia, Sebreli se niega a vaticinar el futuro.

Poemizar. Sebreli, en el debate por la Ley de Aborto, en 2018. Foto Lucía Merle

“Nadie pronosticaba la caída de la Unión Soviética. Si seis meses antes uno hubiera hablado de eso hubieran dicho que era un anticomunista delirante. Las grandes cosas no se prevén. Porque está siempre lo inesperado. El cisne negro, como se dice ahora. Y en la crisis actual menos que menos. Porque es una cosa mundialmente inesperada. Una pandemia tan larga y tan global”.

–¿Antes fue distinto?

–Hubo otras pandemias muy fuertes pero que no fueron globales. Incluso la última que tuvimos, que fue el SIDA, era más localizada. Esta es una pandemia absolutamente democrática en el sentido de que les agarra a todos. Y no sabemos si el mundo que nos espera será un mundo, como debería ser, más global social y políticamente para poder combatir esta pandemia, o si se convertirá en un mundo con dictaduras absolutamente nacionalistas y xenófobas, como está sucediendo en Estados Unidos y en otros países.

Sebreli Básico

Buenos Aires, 1930. Sociólogo, filósofo, historiador y crítico literario. Desde el 2015 es Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y en 2018 recibió la mención honorífica “Senador Domingo Faustino Sarmiento” por parte del Senado. También obtuvo dos Konex de Platino. Su libro más reconocido es Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964), considerado la obra pionera de la sociología de la vida cotidiana en el país. Entre otros textos, se destacan Los deseos imaginarios del peronismo (1983), Comediantes y mártires. Ensayo contra los mitos (2008), Dios en el laberinto (2016) y el reciente Desobediencia civil y libertad responsable (2020), en coautoría con Marcelo Gioffré.

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