Se derrite un lugar inolvidable: después de 34 años cerró la pista de patinaje sobre hielo más grande de la ciudad



“Toda una vida acá. Gracias”. “El mejor lugar. Familia, compañerismo, contención. Gracias a todos los profes de hockey. ¡Los vamos a extrañar!”. Eran dos de los mensajes que con palabras similares se multiplicaban en una cartelera ubicada dentro Alpina Skate, la pista más grande de la Ciudad de Buenos Aires, que este domingo a las 14 cerró en forma definitiva.

Seis meses de pérdida previos al 20 de marzo, la cuarentena posterior, la crisis económica y una deuda en boletas de servicio empujaron al dueño a tomar la decisión, después de 34 años de trabajo. Para el barrio de Flores y para quienes tienen un pedazo de vida en esa pista representó la pérdida de un ícono. Pero para los deportes, como el patinaje y el hockey sobre hielo, una sentencia de extinción.

Hasta marzo, antes de que el mundo se recluyera puertas adentro por el coronavirus, en la Ciudad había tres pistas activas. En los últimos meses, dos anunciaron su cierre. Además de Alpina, Polarcity, en Almagro -Independencia al 4100-, también dejó de existir. Y octubre fue el mes en el que el sector alzó la voz.

Integrantes de la selección argentina de hockey sobre hielo, patinadores profesionales, profesores y profesoras, clubes y alumnos grabaron videos que fueron compartidos en las redes sociales con el hashtag #noalcierredepistas. “En el marco de esta pandemia y con la novedad de que dos pistas porteñas de patinaje no podrán seguir funcionando, la Ciudad de Buenos Aires podría despedirse de los deportes sobre hielo”, advertían. Pero esos avisos no alcanzaron para revertir la situación.

Desde las 10 de este domingo, decenas de personas fueron a Alpina Skate a despedirse. Foto: Marcelo Carroll

Este domingo desde las 10 de la mañana decenas de personas se acercaron a Rivadavia 7431 a despedirse. En fila frente a la puerta, fueron pasando por tandas y en grupos reducidos. La permanencia fue breve para evitar contagios y el circuito que todos hicieron fue así: firmar la cartelera con un mensaje final, sacar una selfie en la pista mítica y extraer con un frasco la arena que sirvió de base para colocar el hielo, que ya no estaba. En marzo la máquina que mantenía la temperatura en grados bajos fue apagada y todo empezó a derretirse.

La pista de Flores era la más grande en suelo porteño con más de 400 metros cuadrados. El compresor que congelaba el espacio consumía lo mismo que un edificio de 10 pisos, según cálculos del dueño, Diego García Barthe. El monto mensual de luz era de 230.000 pesos. El mismo importe llegó durante el aislamiento con la pista cerrada y el compresor apagado.

Con el cierre de Alpina Skate, en Ciudad de Buenos Aires ya casi no quedan pistas de patinaje sobre hielo. Foto: Marcelo Carroll

Además de referente de los deportes sobre hielo (ahí entrenaban las federaciones de patinaje artístico y hockey), Alpina Skate fue un lugar de encuentro, con boliche y cantobar. Durante los 80 y los 90 tuvo su época de esplendor. Funcionaba como la sede de muchos porteños de la zona, pero también de quienes llegaban desde los barrios del sur de la Ciudad y del Oeste del conurbano.

En Facebook, por ejemplo, hay grupos de personas que frecuentaron Alpina entre 1992 y 1997 y quieren reencontrarse.

Un recuerdo. Las personas que se acercaron a la pista de Flores se llevaron un tarrito con la arena que sirvió de base para montar el hielo. Foto: Marcelo Carroll

En 34 años pasaron varios dueños y la pista estuvo cerrada varias veces. La crisis de 2001 fue la primera que la hizo tambalear. No hubo actividad durante seis meses y a mediados de 2002 volvió a funcionar. En 2006 se fue el dueño de entonces y otra vez parecía el final. Pero en agosto de 2007 el programa de televisión Patinando por un sueño, conducido por Marcelo Tinelli, la hizo revivir. Los patinadores – famosos y no famosos- que aparecían en la tele usaban Alpina para practicar.

En 2012 García Barthe se hizo cargo del lugar y encaró el cambio de cañerías de la pista, un trabajo que demandó tres meses. Luego volvieron a congelarla y estuvo así hasta pocos días después del aislamiento. Hasta que funcionó, la hora costaba $350 y el tiempo libre $440. Pero todo eso ya es historia vieja y en la Ciudad de Buenos Aires solo queda una pista: Winter, en Caballito, que apenas sobrevive después de más de 200 días de cuarentena.

Un deporte con historia y a punto de desaparecer

“La Ciudad de Buenos Aires posee el extraño y desconocido privilegio de ser la cuna de los deportes sobre hielo de Argentina y Sudamérica”, empieza un texto publicado por la Federación Argentina de Hockey sobre Hielo (FAHH).

El primer arribo se da en 1911 con la inauguración del Palais de Glace, que fue construido como pista de hielo y en respuesta a la demanda de entretenimiento de la alta burguesía porteña, que en aquel tiempo llevaba un estilo de vida, costumbres y hobbies con marcado sesgo europeo.

La pista de hielo era de 21 metros de diámetro. Ocupaba el salón principal y tenía iluminación natural a través de una cúpula de vidrio y lucernas. Alrededor estaban los palcos y tribunas, y en el subsuelo máquinas que fabricaban el hielo para abastecer el espacio.

Aunque el Plais de Glace fue el primero, se sitúa el origen del deporte en la apertura de la pista de hielo del club GEBA a principios de los 40. 

Hasta la llegada de la pandemia, según registros del sector, mas del ochenta por ciento del volumen de la actividad nacional del deporte federado se hacía en la Ciudad. Y con los cierres que desató la cuarentena todo peligraría.

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