Rupturas y bifurcaciones en la actividad productiva



El efecto de la pandemia y su consecuente cuarentena obligatoria tendrá efectos que rediseñarán el mapa interno de toda la actividad productiva del mundo. Las fuerzas del cambio, en condiciones de equilibrio, se mantienen latentes frente a la resistencia que les ofrece el “statu quo” y avanzan lentamente.

De pronto un detonante despierta una tormenta de alternativas, entonces el cambio empieza a dibujarse en senderos exponenciales o que demuelen montañas. Son las rupturas y bifurcaciones creadas por las crisis.

En momentos en que el hemisferio norte se encuentra progresivamente abandonando el lockdown, corresponde empezar a pensar cuáles serán las secuelas que el coronavirus y su combate dejarán en la sociedad.

En general, las aperturas están teniendo en cuenta la idea de no uniformidad en el impacto de la pandemia. De hecho, se habla de tres grupos de consumidores con diferente actitud frente a la post pandemia. En el primer grupo, en general los más jóvenes, la pulsión social será más poderosa que el miedo.

Para este grupo el estrés causado por el encierro derivará en un deseo de recuperar la vida social, por lo que su actividad se normalizará rápidamente. Este segmento desafiará las normas y los cuidados establecidos escandalizando a los más aprehensivos.

Luego le sigue un segundo grupo de individuos que apelará a la prudencia y la convivencia social. Serán personas que tomarán los recaudos necesarios y apelarán a la cautela, respetando las reglas establecidas, pero sin generar fricciones y tolerando actitudes diversas. Irán evolucionando hacia un proceso poscuarentena de manera progresiva y más lenta.

Finalmente existirá un tercer sector que habrá normalizado ciertas prácticas del aislamiento. Es el grupo que hoy vemos en los países asiáticos donde el uso del barbijo ya forma parte de los accesorios de calle para algunos ciudadanos.

Estos mantendrán distanciamiento social, serán extremadamente cuidadosos, pero sobre todo serán muy exigentes en la transparencia de los procesos de servicios y producción. Serán consumidores conscientes que exigirán protocolos de seguridad más estrictos.

Las sociedades nunca son homogéneas y la respuesta de la economía siempre reconoce la característica excepcional de cada consumidor.Conciliar las necesidades humanas de cercanía con los miedos al surgimiento de nuevas pandemias será el desafío de la época.

Hay mucho de lo dicho que vino para quedarse, las empresas no van a renunciar a sus ganancias de productividad ni a sus prácticas más eficientes y los clientes no van a dejar de exigir conocer cómo se produce lo que la empresa les entrega.

Pero hay mucho también que va a evolucionar acompañando la inercia que detonó la crisis. La tecnología ira mejorando hasta que la experiencia presencial y de distancia parezca simplemente una charla a través de una ventana; la logística, la venta digital y el trabajo en casa son cosas que recién se encuentran dando sus primeros pasos.

Las manifestaciones de afecto encarnarán nuevas formas, pero en lo esencial se mantendrán incólumes.Las rupturas y bifurcaciones que la evolución del ser humano va dibujando en su trayectoria se seguirán sucediendo a medida que se enfrenten nuevos desafíos extremos.

ero la humanidad conserva la mayor parte de sus características desde el pleistoceno así que no apostemos a cambios muy radicales. Las formas, los procesos, los mecanismos pueden cambiar. Las motivaciones y las acciones que mueven al hombre requerirán de mucho más tiempo.

Carlos Pirovano es Director del Observatorio de Productividad y Competitividad (*) de la Universidad CAECE.

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