Roberto Debbag: “A los expertos no nos importa la nacionalidad de la vacuna, sino la eficacia y su seguridad”



Roberto Debbag es un reconocido pediatra argentino abocado a las enfermedades infecciosas y las vacunas, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE). Hace unos días, entrevistado en Radio Mitre, estimó que el mundo no controlará el coronavirus antes de la segunda mitad de 2021. Hombre de afirmaciones, pero con la plasticidad para revisar sus concepciones, Debbag sabe que sus palabras pesan en los oídos locales. En diálogo con Clarín, definió su pronóstico de la pandemia y detalló algunos conceptos (de ética básica) sobre las vacunas en danza, en una semana en la que el terreno resbaló en la puja por si la estrategia deberá ser obligatoria o no.

-Hace menos de un mes dijo al diario Perfil que Argentina eludirá la segunda ola de coronavirus. ¿Cuál es su opinión ahora?

-Hace semanas dije que era poco probable, pero cambié de pensamiento, en base a los datos de la cepa 20A.EU1, la mutación que circula en Europa, que demostró tener mayor poder infectivo aunque más bajas tasas de hospitalización y mortalidad. Las dos razones que explican la ola en Europa son ese cambio genético y que se disminuyeron las tasas de distanciamiento social y uso de tapabocas. En Argentina, con una cepa como esa, si bajamos la guardia en los cuidados, podríamos tener una segunda ola comenzando el otoño. Esto no significa que no sea evitable.

El pediatra infectólogo Roberto Debbag estimó que podría haber una segunda ola de coronavirus a comienzos del otoño de 2021.

-Cuando minimizó un segundo gran brote fue en base al alto porcentaje de personas que, a su juicio, ya se infectaron, en especial en el AMBA…

-Hay coeficientes de corrección para calcular las personas infectadas. En Argentina se estima que es entre 7 y 10. Si tenés un millón de personas con PCR positiva, habrá entre 7 y 10 millones de infectados. La mayoría, en CABA y en el primer y segundo cordón del Conurbano. De todos modos, no se puede hablar de una segunda ola pronto porque no terminamos la primera, que está afectando a las provincias y creciendo. Por analogía científica con Europa, uno podría predecir que si hubiera una segunda ola acá, ocurrirá tras las vacaciones, en los meses del otoño.

-En el medio podría aprobarse alguna vacuna. ¿Qué opina de los distintos desarrollos?

-No tengo reparos hacia ninguna vacuna y no las analizo por su nacionalidad. Los investigadores que estamos en el mundo de las vacunas sabemos que la variable “vaccine nationality” (nacionalidad de la vacuna) no debe ser tomada en cuenta. Lo indispensable es la eficacia y seguridad probadas en miles de personas, una vez finalizada la fase III, o la fase III preliminar, es decir, con las aprobaciones de entes internacionales como la FDA o la agencia europea de medicamentos (EMA). ¿Por qué? La eficacia y seguridad se prueban en un número de testeados que no es mágico: 60.000. Es cierto que muchas veces los datos preliminares son tan fuertes que ya con 15.000 o 20.000 personas en cada una de las ramas se produce la aprobación de los entes internacionales, que los países luego toman como referencia. Ahora bien, estos datos de fase III todavía no están producidos en ninguna de las vacunas.

-¿Cuándo cree que se alcanzará esa fase?

-Se estima que este mes habrá datos preliminares. Hablo de la vacuna de AstraZeneca (Universidad de Oxford), seguramente dos de las vacunas chinas (las inactivadas de Sinopharm y Sinovac), la de Pfizer, la de Moderna, la vacuna rusa… No puedo decir que haya una vacuna mejor que otra hasta que no se concluya la fase III.

EL pediatra infectólogo Roberto Debbag, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (SLIPE)

-Cumplida esa etapa, ¿qué sigue?

-Empieza el proceso de aprobación. Ahí vamos a tener disponible una o más vacunas, y pesarán los preacuerdos del Estado argentino. Tras la aprobación de la ley de inmunidad de la población contra el Covid-19, estará la vía para concretar acuerdos internacionales. Luego se verá cuáles van a entrar al país, tomando en cuenta las variables de logística. No es lo mismo una vacuna que se conserva a entre 2 y 8 grados, una que requiere estar a -18 o -70 grados. A priori, Latinoamérica y Argentina no tienen sistemas sanitarios preparados para este tipo de situaciones.

-¿Y si se aprueba más de una vacuna? ¿Uno podría negarse a que le administren cierta marca, digamos, “a gusto del paciente”?

-Cabe la posibilidad de que no sea solamente una la vacuna utilizada. La decisión será tratada por la Comisión Nacional de Inmunizaciones (CoNaIn), organismo que dará la recomendación al Ministerio de Salud. La nueva ley por salir en Argentina no articula específicamente la obligatoriedad de la vacuna contra el coronavirus. La Comisión se va a tener que expedir sobre esto cuando emita su recomendación. Hay que decir que, en el mundo, este tipo de comisiones son independientes. Es decir que en esa mesa de decisiones no se sientan los investigadores que participan de los ensayos. En Argentina se están llevando a cabo varios… los investigadores relacionados con esas vacunas no deberían pertenecer a la Comisión Nacional de Inmunizaciones, sino solo presentar los resultados de los ensayos frente a esa Comisión.

-Es un llamado de atención… (interrumpe)

-No. Sólo digo lo que debe hacerse, en función de lo que se hace en el resto del mundo con este tipo de procesos.

-¿Cómo evalúa la comunicación de la pandemia de parte de las autoridades?

-En Argentina, la comunicación fue realmente… no de lo más ordenada. Comunicar la pandemia no es comunicar un número de casos y de fallecidos. La comunicación en pandemia debería incluir diferentes variables. En Argentina nunca se mostraron los índices de rastreadores de casos. Se mostró el porcentaje de positivos de coronavirus, pero no el proceso de testeo con todas las variables. No soy experto en comunicación, pero sabemos cómo es esto y pasó en muchos lugares: cierto caos en la comunicación.

-¿A qué se refiere con esa idea de “caos”?

-La participación del ministro de Salud (Ginés González García) en los medios, en la últimas horas, incluyendo la reciente reunión con la Red Argentina de Periodismo Científico, solucionó un error de comunicación. Se había generado cierto caos por falta de información, pero luego se transparentó. En el mundo ya se viene hablando de esto: el caos comunicacional ligado a las vacunas, los anuncios de acuerdos o no acuerdos… y va a pasar también cuando se discuta la seguridad y eficacia de cada fármaco.

-¿Cuáles son las consecuencias de una comunicación pobre en un contexto así?

-En este caso genera desconfianza en las vacunas. Desde Digital Communications & Health Observatory, entidad a la que pertenezco, analizamos la cuestión. Dos semanas antes de la pandemia, sobre 110.000 comunicaciones digitales, el 18% pertenecía a grupos antivacunas. Ya en la pandemia, analizamos a 1.500 pediatras de América Latina: el 35% había recibido cuestionamientos hacia las vacunas en sus consultas. Y en la última semana, el alcance de estos grupos creció en el mundo y en Argentina. Se vio en la encuesta que publicó Clarín de la Universidad de Belgrano. Pero lo que creció es el número de personas con un pensamiento pseudocientífico: se vacunan y vacunan a sus hijos, pero dicen que no se vacunarían el año que viene contra el Covid.

-¿Qué opina de la estrategia de testeos en el país?

-No tengo dudas de que se testeó poco. La recomendación es que la positividad no pasé del 10%, según la respuesta estándar contra un brote pandémico. Es el gran talón de Aquiles en Argentina. Hace algunas semanas, el diario The Washington Post hacía una nota sobre cómo nos ven en el mundo. Bueno, es muy claro.

-¿Por qué el Ministerio de Salud minimiza la cuestión?

-No sé. Está probado mundialmente que lo principal es el uso de tapabocas, el distanciamiento y testear.

-Por fin, imaginando los próximos meses, ¿qué opina de la vuelta de los chicos a la escuela?

-Hay coincidencia en que los niños no son vectores supercontagiadores. Por supuesto que tienen que estar bajo protocolo. Hay un estudio sobre 191 países (de Insights for Education), publicado hace tres semanas, que siguió durante 6 meses la situación del Covid en países que, o habían cerrado las escuelas, o las habían cerrado parcialmente, o las habían abierto totalmente. El resultado es que no hay evidencia de que la apertura de los colegios aumente los brotes pandémicos. Influyen, en cambio, otros factores, pero los niños se infectan menos y no son un factor de supercontagio.

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