Protocolos: “¿Actuar con el corazón o de manera profesional?”



¿Actuar con el corazón o de manera profesional? Es una pregunta que se supone tiene una clara respuesta. En el trabajo, en las tareas que tienen que ver con nuestra profesión, una debe actuar siguiendo ciertos protocolos, en una línea determinada, por ciertos carriles estipulados.

¿Pero hay lugar para que el corazón y las emociones cada tanto levanten la mano? ¿Y hagan una aparición fugaz, tal vez fuera de la norma establecida? Mi respuesta es sí. Hay veces que lo vale. Hay ciertas situaciones especiales donde salir del carril por un instante logra cambios importantes.

Como aquel psicólogo del equipo de Paliativos del hospital que acompañaba a una mujer muy joven enferma de cáncer y a su hija. Sin pensarlo mucho buscó a la pequeña y la llevó hasta donde estaba su madre para despedirla. Para que pueda darle un último abrazo, para hacer un cierre, para colaborar en hacer menos difícil el duelo.

“Seguir actuando de manera profesional, pero sin dejar a un lado la parte más importante, nuestra humanidad”, dice la lectora. Foto: Orlando Pelichotti/Los Andes

O como otra profesional amiga, que ante la tragedia humana, ante situaciones terribles, que no deberían existir, tuvo un “desliz” en la manera de proseguir según los lineamientos obligatorios. Pudiendo colaborar para que una vida, predestinada a un futuro oscuro casi seguro, tuviera una oportunidad diferente.

Soy enfermera. Soy madre, soy hija, soy amiga, soy esposa. En estos tiempos donde el “protocolo es la norma”. Donde no hay cabida para los sentimientos. Donde hay duelos más que dolorosos. Donde no hay despedidas. Donde se prohíbe decir adiós a nuestros seres queridos, necesitamos volver a nuestros sentidos.

Seguir actuando de manera profesional, pero sin dejar a un lado la parte más importante, nuestra humanidad.

Analía Sol Duo

Enfermera (MP 191069)

duo.analia@gmail.com

OTRAS CARTAS

Sobre la vacuna anticovid-19 y la confianza

Un médico recibe una vacuna contra el coronavirus en Alemania. Foto: Reuterse/Fabrizio Bensch.

Los llamados “antivacunas” son una minoría que ha existido siempre, que tienen sus argumentos y fundamentos, pero que no son el objeto de este escrito.

Si lo son aquellos que dudan y puntualmente no aceptan la vacuna anticovid que se ofrece hoy, y que son maliciosamente llamados antivacunas.

A nadie se le escapa que la media sanción de Diputados que exime a las farmacéuticas de algunas cuestiones despierta suspicacias. Al mismo tiempo, el presidente Alberto Fernández hace público que no aceptará vacunarse hasta que todo el país la haya recibido, lo que inevitablemente disparó mayor resistencia.

Estamos ante una vacuna que, si bien tiene urgencia, no ha completado aún los protocolos de seguridad reconocidos.

Estimo que, salvo raras excepciones, todos queremos la inmunización de este coronavirus, pero desde la OMS para abajo todo ha sido muy controvertido. El poder de la industria farmacéutica sobre los estados ha sido tan ostensible que “la” vacuna ha terminado sospechada, intrigada y resistida. Algo no se hizo bien, no hay confianza, eso es todo.

Fernando García Acosta

fernandogarciaacosta@gmail.com

“Nuestro mar no soporta más daños”

“A la pesca fuera de control en el límite de la zona económica exclusiva se le suma la exploración sísmica de hidrocarburos”, advierte el lector sobre el mar argentino en peligro.

El Mar Argentino está al borde del colapso, a la pesca fuera de control en el límite de la zona económica exclusiva se le suma la exploración sísmica de hidrocarburos. Esta consiste en realizar bombardeos acústicos para localizar pozos de petróleo en el fondo marino y así crear mapas submarinos detallados que las compañías petroleras utilizan con el fin de determinar las ubicaciones para la perforación.

Los estruendos son tan potentes que ponen en peligro a todas las especies de nuestra región, entre ellas, la ballena franca austral, el delfín franciscana y los pingüinos magallanes.

Según la ONG Greenpeace Argentina, entre 2017 y 2019 se otorgaron permisos para desarrollar exploración sísmica hasta el 2025 en más de un millón de kilómetros cuadrados, lo que representa prácticamente toda la plataforma continental argentina. Estas concesiones se hicieron sin consultas públicas ni tratamiento parlamentario.

¿Algún día entenderán nuestros gobernantes que los océanos son vitales para la supervivencia humana y para combatir el cambio climático? Nuestro mar no soporta más daños y requiere protección.

Patricio Oschlies

poschlies@yahoo.com.ar

Una visión sin esperanzas de la Argentina

La Argentina podría ser un país “de maravilla. Pero está condenado al fracaso”, dice la lectora. Foto: Xinhua/Martín Zabala.

Nuestra vida es como un libro: desconocemos el final. Cuando comenzamos a leerlo, estamos llenos de entusiasmo y “devoramos” las páginas. Si quien lo escribió coincide con nuestra forma de pensar, seguimos adelante.

Todos los días, si mantenemos los ojos bien abiertos, vemos cosas nuevas. Eso nos va cambiando nuestra mente de tal forma que hoy somos diferentes que ayer. Por eso un mismo libro que leemos no es igual siempre.

Entonces podemos coincidir con lo que se ha escrito para nosotros o no. Es que todos nacemos diferentes y tenemos un criterio sobre algo, también distinto. Por suerte, ya que sería muy aburrido. Lo que nos va haciendo como somos, es el enfoque que le damos a las cosas.

Todos tienen un objetivo. Unos basan su ideal en el dinero, otros en el poder, otros en la bondad así como otros en la maldad. La variedad de caracteres es infinita por la cantidad y diversidad.

Si Argentina hubiese sido bendecida con gente que hubiese pensado primero en el país y no en sus ambiciones personales, sería un país de maravilla. Pero “está condenado al fracaso” ya que es demasiado hermoso para que los envidiosos e inmorales dejen ser feliz a la gente. Cambiemos a quienes nos impiden continuar leyendo.

Yamile S Dream

ydream540@yahoo.com

Palabras para quienes quieren irse de la Argentina

“Quédate, pone el pecho, ambas mejillas”, le pide el lector a quienes contemplan irse del país.

¿Por qué no tenés que irte del país? Porque tus abuelos y padres lucharon contra las mismas deficiencias para que tuvieras posibilidades de estudio u otras opciones. Por que al irte arrojarías al resto hacia las fauces de los corruptos.

Porque sólo quedaría una sociedad ciega, sorda, y sin voluntad de vivir mejor. Porque te necesitamos para que formes parte del cambio, con tus brazos fuertes para sostenerlo. Porque la esperanza de una Argentina justa, respetuosa de las leyes, con políticos honestos, con una sociedad productiva en beneficio de la Nación, no se la abandona nunca.

Porque en algún momento de tu vida, juraste defender nuestra bandera nacional. Porque vos sabés que ese traidor a la patria, a vos, a nosotros, comió en tu mesa, lo conocés, y por eso te necesitamos para librarnos de él. Porque la virtud del que lucha, es por un ideal, no por dinero, sino, eres igual a ellos.

Quédate, pone el pecho, ambas mejillas, para que de una vez por todas podamos gritar orgullosos: “O juremos con gloria morir”.

Omar Achear

omarachear@gmail.com

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