Preocupa la forma en que los chicos se vinculan en Internet y lanzan un programa para formar a los maestros



Como en “El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde”, la tecnología digital también tiene su doble cara: la de las oportunidades que genera y la de los riesgos a los que expone.

Es sabido que quienes dominen bien los lenguajes informáticos están más preparados para conseguir un mejor empleo, por ejemplo. Ahora, quienes no entienden bien la lógica de las máquinas y los sistemas -cómo están programadas para determinados fines- no sólo tendrán peores trabajos, también estarán a merced de diversos engaños, noticias falsas, y hasta el hostigamiento o el abuso por parte de terceros.

Los expertos llaman “ciudadanía digital” a todos las relaciones que establecemos en Internet. Y desde que se desató la pandemia de coronavirus, que obligó a millones de personas a trabajar, estudiar, comprar y divertirse desde sus casas -conectados a la red-, la ciudadanía digital cobra cada vez más importancia.

Y abre todo tipo de interrogantes. ¿Cuáles son nuestros derechos en el ciberespacio y cómo defenderlos? ¿Qué pasa con aquellas personas que aún no están incluidas? ¿Cómo se pueden proteger a chicos y adolescentes del ciberbullying y del grooming (engaños con fines sexuales)? ¿Cómo identificar las noticias falsas y alejarse de los discursos de odio?

Y una más inquietante aún: ¿cómo están hoy los docentes preparados para entender todo esto y poder enseñárselo a los alumnos?

Zelmira May, responsable del programa de Educación de Unesco, cree que seguramente hay maestros y profesores mejores y peores preparados; pero que, en todo caso, lo que está faltando es una formación específica desde los profesorados que les ayude a comprender el fenómeno y poder explicárselo bien a sus alumnos.

Y dice que eso fue lo que los impulsó, desde ese organismo, a armar el primer programa integral de formación inicial en ciudadanía digital para los docentes de los países de la región.

“El uso responsable de la tecnología, el conocimiento de las virtudes y de los riesgos que implica un mundo digitalizado, es requisito indispensable para la formación de ciudadanos globales, que ejercen sus derechos y obligaciones de manera informada. Pensamos que la educación pasa a tener un rol clave en la transferencia de estos saberes a todos los ciudadanos, pensando no sólo en personas mejor preparados para el trabajo del futuro, sino también en el pleno ejercicio de nuestra ciudadanía”, dice May.

Unesco elaboró el programa con la colaboración de la empresa Microsoft, que viene desde hace años haciendo cursos de informática para docentes. Y la idea es presentarlo a los ministros de Educación de la región -entre ellos el argentino Nicolás Trotta – en noviembre. Aspiran a que pueda sumarse como una materia más en todos los profesorados de América Latina a partir del año que viene.

May explica a Clarín que el objetivo es que este programa se convierta en política pública en todos los países de la región. “Estamos armando talleres para los cuerpos técnicos de los ministerios y directivos de profesorados para que entiendan bien de qué se trata. Y estamos elaborando una plataforma con recursos para los docentes. En el caso de aceptarlo, cada país determinará la forma en que lo adapta”, afirma.

Jorge Cella, director de Filantropía de Microsoft para América Latina, explica que lo más relevante es que los docentes puedan enseñar “pensamiento computacional”.

“Es el punto principal. Se trata de entender cómo funciona la tecnología y cómo hacer que esté a mí servicio. El objetivo es que los estudiantes dejen de ser usuarios o consumidores de la tecnología -incluso usuarios avanzados-, para pasar a ser productores y creadores. Ahí está la clave”, dice Cella.

“Además, quienes entienden cómo funcionan las máquinas, entienden cómo las usan unos y otros y pueden darse cuenta la lógica de las noticias falsas o de los algoritmos, por ejemplo. Es un cambio de paradigma en la relación con los dispositivos tecnológicos. Todo esto hace a la ciudadanía digital”, agrega.

“La pandemia evidenció un problema que ya existía. Los chicos están todo el tiempo en Internet. Van dejando sus huellas digitales que pueden perjudicarlos a futuro, están expuestos a los algoritmos, así como su privacidad. Las cuarentenas los expuso con más crudeza”, dice Roxana Morduchowicz, asesora de la Unesco en ciudadanía digital y autora del currículum para la formación docente en ciudadanía digital.

“Lo ideal es que este curso se convierta en materia obligatoria en la formación inicial de los maestros. Puede durar 2 o 4 meses, según el formato que se disponga en cada provincia o país”, agrega.

Cella cuenta que, al contrario de lo que muchas veces se cree, en los cursos de Microsoft vieron que a los docentes les interesa mucho aprender sobre tecnología. “No se trata de que ellos enseñen Office a sus alumnos, si bien esto puede ser útil. Lo importante es que entiendan cómo funciona Internet y las redes, para que después puedan transmitir esto”, afirma.

Hace dos años, los ministros de Educación de las provincias argentinas establecieron, a través de una resolución del Consejo Federal de Educación, que todas las escuelas del país -desde el jardín de infantes en adelante- deberán enseñar pensamiento computacional. Para eso, acordaron los contenidos mínimos prioritarios (NAP) que se deben dar en cada nivel. El plazo para la implementación vence este mes. Un taller como el de la Unesco podría darle impulso al cumplimiento de esa normativa.

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