Perder lo que tanto costó sería dar un paso atrás



Todos los panoramas que circularon en los últimos días con respecto al futuro del Súper Rugby y, sobre todo, al futuro de Jaguares, son probables. En el medio de una escenografía desconocida y única, nadie puede asegurar qué ocurrirá con el torneo. Y menos con la franquicia. Hoy no hay nada firmado. Y por eso, nada es definitivo. Pero la situación actual que es responsabilidad del coronavirus y lo que vendrá en la post pandemia provocarán el paso atrás, seguramente. Y no sólo en los campeonatos y en los equipos de rugby del mundo entero. Por eso, tanto la Unión Argentina de Rugby como sus equipos representativos no serán inmunes a esos efectos.

Hay algo que es concreto, de todos modos: si Jaguares desaparecen será un golpe durísimo para el rugby nacional. En lo económico. Y en lo deportivo. Aquel sueño por el que tanto se luchó y que se concretó en 2016, menos de un año después de la segunda semifinal conseguida por Los Pumas en dos de los últimos cuatro Mundiales, podría terminarse abruptamente. Y las consecuencias serían pésimas.

El Sùper Rugby que busca organizar Nueva Zelanda. (Foto: Archivo Clarín)

Se peleó frente a varios de los poderosos del rugby mundial para que Argentina formara parte de esa mesa constituida por Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia. Sólo los sudafricanos dieron el aval pleno al principio. Las dudas de los neocelandeses y australianos estuvieron en el plano deportivo pero, sobre todo, en lo económico. ¿Era rentable un equipo argentino en el campeonato? ¿Valía la pena dar la vuelta al mundo para enfrentarlo?

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Sin embargo Jaguares fueron creciendo y de su mano el rugby nacional dio el paso para su desarrollo por la fuente de ingresos y por la competencia feroz. De los 12 encuentros internacionales asegurados para esos mismos jugadores con la camiseta de Los Pumas (seis del Rugby Championship y seis de las ventanas internacionales), se pasó a los 31 del año pasado, cuando el equipo perdió la final. Y partido a partido los argentinos se midieron contra varios de los mejores del mundo.

Muchos fueron los que no consideraron a Jaguares el nombre de un proyecto exitoso. Hubo reticencias, claro. Y algunas hasta resultaron lógicas porque lo nuevo siempre representa temor. Y desconfianza. Pero los resultados quedaron a la vista.

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Hoy el equipo podría desarmarse. Hay jugadores que ya se reunieron con dirigentes, quienes les plantearon el oscuro panorama que se viene desde lo económico. Versiones hay de a decenas. Muchos ya habrían tanteado sus contactos en Europa. Un par, por lo menos, habrían hablado con equipos (¿Rugby Atlanta y Toronto Arrows?) de la naciente MLR norteamericana a la que, por ejemplo, el ex Puma Juan Manuel Leguizamón llegó tras el Mundial de 2019.

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No se trata de pintar un panorama pesimista sino de contar una realidad palpable. Una realidad que tendría en Los Pumas a uno de los más perjudicados. El mascarón de proa de un rugby argentino que se decidió por el profesionalismo hace ya un tiempo, impulsado justamente por la nueva escenografía que empezó a vivir el rugby mundial en 1995 y por los resultados conseguidos por el propio seleccionado nacional a partir de 1999, se llevaría la peor parte.

El problema es que bajarse del barco a esta altura de la historia sería quedar a la deriva en medio del océano.

JCh.

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