Para los estafadores, la pandemia es una oportunidad dorada



Después de que el gimnasio donde trabajaba Denise Newton cerró en abril debido al coronavirus, publicó su currículum en línea. Pronto recibió una llamada de una compañía de la que nunca había oído hablar.

La mujer que llamó de la compañía, Heies, invitó a Newton a solicitar empleo como “inspectora de centro local”. Cuando empezó a trabajar en mayo, Newton empezó a recibir cajas con relojes y laptops de Apple adentro. Su tarea era abrir las cajas, verificar el contenido y luego enviarlas a direcciones extranjeras.

Pero algo no encajaba. Las cajas no decían nada, a pesar de que incluían productos de marca. El nombre en las etiquetas nunca era el de Newton. Cuando hizo preguntas, su nuevo jefe dejó de responder.

Resulta ser que Newton se había convertido en una “mula de dinero”, una cómplice que, ya sea con o sin su conocimiento, ayuda a grupos delictivos internacionales a mover sus ganancias ilegales.

En el caso de Newton, estafadores parecían estar comprando productos en Estado Unidos con dinero robado y entonces los enviaban a lugares en el extranjero donde los bienes podrían ser revendidos a cambio de efectivo.

“Realmente me pescaron en el momento perfecto”, dijo Newton, de 24 años. “Yo simplemente era una de esas personas desesperadas que buscan empleo”.

Desde el inicio de la pandemia se ha disparado el número de esquemas delictivos que dependen de mulas de dinero, justo cuando mucha gente ha perdido su empleo y es vulnerable a la explotación.

En EE.UU., los esquemas online en los que delincuentes posan como potenciales empleadores han repuntado 295 por ciento desde hace un año, mientras que los esquemas usados para el lavado de dinero se han disparado en 609 por ciento, de acuerdo con la firma de seguridad ZeroFox.

Las mulas de dinero no son nuevas, y sus números han crecido junto con el fraude en línea de forma más general durante las últimas dos décadas. Algunas personas ingresan al negocio sabiendo que es ilegal.

No obstante, siete personas que se convirtieron en mulas de dinero durante la pandemia dijeron a The New York Times que no tenían noción de que su “patrón” tramaba algo cuando iniciaron el trabajo. Muchas habían perdido sus empleos recientemente.

Alma Sardas, de 21 años, había sido suspendida sin goce de sueldo de su empleo en un hotel en Fort Worth, Texas, la primavera pasada cuando vio un aviso en el sitio de empleos ZipRecruiter que anunciaba una posición para trabajar desde casa como “asistente virtual” para un empresario en Hong Kong.

Una vez que fue contratada, se le envió un cheque por 4590 dólares para que lo depositara en su cuenta bancaria. Se le decía que usara parte del dinero para sus gastos y enviara el resto desde su cuenta a los proveedores de su nuevo jefe.

Sardas se sintió escéptica y llamó a la policía local.

Los esquemas son variados. Algunas personas que se convierten en mulas son víctimas de fraudes románticos en línea que realizan transferencias bancarias y electrónicas a gente a quien creen importarle. A otros, como Sardas, se les pide usar sus propias cuentas bancarias para hacer transacciones financieras a nombre de sus nuevos patrones.

Newton se vio enredada en lo que se conoce como esquema de reenvío, donde los estafadores compran bienes con su dinero robado y entonces usan mulas para mandar los productos al extranjero, donde pueden ser revendidos.

Para cuando Newton reportó a Heies al Better Business Bureau, un grupo de vigilancia sin fines de lucro, los números y correos electrónicos que la compañía había usado estaban desactivados. Su sitio en Internet también había sido desmantelado. Los delincuentes, que han enfrentado otras denuncias online, no han sido atrapados.

“Siento miedo de tener las manos manchadas de sangre porque estoy en medio de una estafa y también en medio de una pandemia”, dijo Newton. “Básicamente se aprovecharon de mi vulnerabilidad”.

© 2020 The New York Times

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