Pandemia y cuarentena: “Recuperé el diálogo adulto con mis hijos”



Cuando tenía 6 años enfermé de sarampión y en ese entonces escuché la palabra cuarentena por primera vez de boca de mi madre. Le pregunté qué quería decir y ella me lo explicó al modo de las mamás de mitad del siglo XX. Esta es la manera más elegante que se me ocurre para revelar que soy una señora mayor.

Guardé ese conocimiento. Pocos años después la maestra de sexto grado nos contó sobre la epidemia de gripe española de 1918 y añadí ese otro vocablo, epidemia, a la palabra cuarentena. Formaban así una dupla de la que no alcanzaba a discernir su significado malévolo.

Nuevamente estaba mamá para preguntar y ella amplió el tema contándome una anécdota de cuando mi abuela, su madre, tenía 13 años. Recién mudada la familia del campo a la Capital ella enfermó de gripe española.

La pandemia de coronavirus cambió hábitos y rutinas en todas las facetas. Foto: EFE/Juan Ignacio Roncoroni.

Alguien tuvo que hacer cola durante toda una noche en la tradicional farmacia de la Franco Inglesa para conseguir un costoso “sello” que contenía “vaya a saber qué y por las dudas”.

También en aquellos tiempos los médicos andaban a tientas luchando con un enemigo invisible y desconocido. Mi abuela, entonces niña y volando de fiebre, escupió la medicación y en un par de días se curó “por la gracia de Dios”, decían mis bisabuelos y sus hermanos.

Ahora, a mis setenta y muchos, a 20 años de empezado el siglo XXI, conocí la palabra pandemia. Esta vez el significado me lo dice una pantalla luego de oprimir letras en un teclado. Extraño preguntarle a mamá.

Tengo tres palabras, las escribo una al lado de la otra. También puedo formar un triángulo o jugar a cuántas palabras puedo escribir con todas esa letras. Son 26. Tomo una, la de más letras, cuarentena, y me pongo a pensar en su autoritaria intrusión en mi vida, en mis rutinas, en mi libertad. Chiquita, pero libertad al fin.

“Les he descargado el árbol genealógico contándoles pequeñas historias familiares”, relata la lectora sobre las charlas con sus hijos.

Todavía escucho la voz de mis hijos: “Mamá, vos sos persona de riesgo, no podés salir… No podés….Tenés qué…”. ¿Para qué seguir? Aquí estoy, sanita, haciendo algunas cosas de las que me propuse como acomodar el placard y lamentando no haber ordenado la biblioteca ni tejerme una bufanda larguísima.

Me alegro de haberme convertido en una experta en empanadas, batatas en almíbar, morrones agridulces, pero sobre todo, y esto es lo más hermoso, he recuperado el diálogo adulto con mis hijos. Ellos (Pablo y Andrea) llegan a mi casa, con todos los recaudos, cargados de comida, libros y hasta golosinas. Luego tomamos un cafecito y conversamos.

Les he descargado el árbol genealógico contándoles pequeñas historias familiares, haciéndole retratos hablados de algunas antepasados valiosos por su legado espiritual, hemos recorrido sus infancias, las vacaciones en campamento, las casas de amigos entrañables, de los maestros que han tenido, también hemos limpiado algunos rincones de la memoria. Podría seguir enumerando, pero con lo dicho alcanza.

Ojalá que a muchos de los de mi generación les haya ocurrido lo mismo que a mí, solamente me falta el abrazo muy fuerte que ya vendrá.

Tengo otra hija que vive en España. Con ella recuperé el diálogo adulto cuando se instaló cruzando los mares. La lejanía y la ausencia remodelan las relaciones. A veces, si no tenemos algo nuevo o viejo que contarnos me manda un dibujo y yo le contesto con un poema. Está muy bien que así sea.

Norma Lacosteyiyilacostenorma@yahoo.com

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OTRAS CARTAS

Voces, reclamos y esperas de jubilados

Sede del la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES).

Lucha por un reajuste. En el año 2007 obtuve la pensión por fallecimiento de mi esposo Jorge Göttling. En 2014, ante la clara convicción de que mi beneficio representaba una mínima parte del sueldo que hubiere percibido mi esposo y junto a los antecedentes de la Corte Suprema en el caso Elliff, me decidí a iniciar un reclamo de reajuste de haberes. El expediente lleva el número 079695/2014. 

En primer lugar lo hice ante la Anses y luego del rechazo de dicho organismo continué ante la Justicia. El proceso judicial culminó a fines de 2018. El 15 de noviembre de 2018 la Anses inició al expediente de cumplimiento de sentencia judicial. Está desde el 22 de julio de 2019 en “etapa de análisis y posterior liquidación”.

​Ya venció ampliamente el plazo de 120 días hábiles judiciales para que ese organismo realice el reajuste mi haber mensual y pague la sentencia. ¿Cuánto más debo esperar para comenzar a percibir el haber de mi pensión de acuerdo al derecho que me fue reconocido?

María Teresa Sipituca (Viuda de Jorge Göttling)

Fernanda Raverta, titular de la Anses. Foto Guillermo Rodríguez Adami.

Sobre los haberes. Los jubilados seguimos siendo maltratados y abandonados. ¿Dónde están nuestros ahorros de 30 o 40 años de aportes. Anses anunció que en septiembre el haber mínimo que perciben los jubilados de $16.864 pasará a $18.128.

Recordemos que los jubilados ya perdieron 20 puntos entre los años 2018-2019 y el presidente Alberto Fernández durante la campaña prometió recuperarlos. Presidente, tenga memoria de sus palabras. No copie a los gobiernos pasados que prometían y no cumplían.  

Tendremos un aumento de $42 por día, siendo uno de los sectores más afectados por la pandemia en el país con una inflación que no la podemos soportar con este mísero aumento que recibiremos.

​¿Cómo haremos para comprar los remedios y los comestibles para seguir viviendo?  Presidente, tenga memoria.

Antonio Longo​messina.fratelli@gmail.com

Adultos mayores y deportes. Con mas de 60 años de edad estás inhibido por la reglamentación del Gobierno para hacer deporte individual en el país. Sos grupo de riesgo, de la misma forma que si tuvieras problemas cardíacos, diabetes, o cualquier comorbilidad. Pero para los runners esto no corre. Otra incoherencia más. 

Los deportes individuales como el tenis, golf, navegación a vela o remo, entre otros, no implican riesgo de contagio. Son más seguros que estar en nuestra casa, incluso, ya que estamos solos, sin contacto con nadie, y en nuestro hogar acumulamos los contactos de cada miembro de la familia. 

​Por eso solicitamos al Gobierno nacional rever esta limitación que estigmatiza a un sector de la población y restringe nuestras libertades individuales sin motivo real.

Mario Hermes Pinnel ​mario@pinnel.com.ar

La titular del PAMI, Luana Volnovich. Foto: Luciano Thieberger

Pide que operen a su padre. Recurro a este medio para pedir ayuda. Mi padre Carlos Ramírez (79), jubilado, está al cuidado de su esposa (81) en la localidad de Florida. Él sufrió un ACV en mayo y le urge una cirugía cardiovascular por oclusión en la carótida. Es diabético, tiene Epoc y posee antecedentes cardíacos.

Necesitamos que PAMI autorice dicha intervención en el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires  (ICBA), en Capital, dónde posee su historia clínica. Nuestro pedido fue rechazado tres veces, aún presentando la documentación requerida. Nos ofrecieron otra clínica, pero su médico de cabecera la desestimó por que no son especialistas. 

​Su vida está en riesgo, dependemos de esa autorización. Yo resido en Mar del Plata y por la pandemia no puedo viajar. Suplico una respuesta favorable a la brevedad.

Fernanda Ramírez ferchuram@hotmail.com

Agradecimiento. Agradezco públicamente toda la atención y calidez que me brindó el Sanatorio Allende y MET de la ciudad de Córdoba durante momentos complicados de mi salud. Quiero dar las gracias también al doctor Gustavo Minuzzi y a todo su equipo. No tan solo en lo profesional, sino también por la calidad humana que han tenido para conmigo y mi familia.

Alberto F. Bernis ​moranmatiasgabriel2000@gmail.com

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