¿Otra década con bajo crecimiento mundial?


Por

Javier Frachi

Máster en Finanzas por la UTDT y Fundador de El Cuarto Circulo

Desde hace una década, la Argentina pelea contra los mismos dragones: la inflación; una alta tasa de descuento para valuar negocios y proyectos; desconexión del crecimiento global; la desconfianza de los propios argentinos en invertir y emprender en su propio país; la necesidad de controlar el gasto fiscal y recapitalizar al Banco Central (a la par de que sea “creíble”).

Mas allá de reflexionar sobre la velocidad, el costo y el dolor que deparan las consecuencias económicas del virus en el país, resulta imperioso revisar el panorama que plantea el futuro cercano a través de la información implícita en los mercados financieros. Nadie puede predecir el futuro, pero sí alguien puede ir construyendo canoas para cuando llueva.

Hasta la aparición del “Covid-19” el mundo se caracterizaba por cuatro fenómenos:

(i) Había poco crecimiento, en los últimos años la tasa de crecimiento promedio fue del 3%.

(ii) Estados Unidos, dueño del 24% del PBI mundial, comenzó a rediseñar la mayoría de sus acuerdos comerciales y enlentecer a su “rival”, China, mediante restricciones.

(iii) China hace lo posible para que su economía aterrice lo más suavemente en un crecimiento moderado (cercano al 4-5% anual) al mismo tiempo que implementa reformas para conseguir su objetivo de largo plazo (ser una sociedad de consumo y exportadora de valor agregado).

(iv) El sector tecnológico generó mayor crecimiento real y fuentes de trabajo que cualquier otro sector o país pequeño.

Ahora bien, el futuro cercano (próximos 5 años) no parece tan promisorio como el pasado reciente según la información implícita en el mercado de bonos de EUA, Australia, Alemania y los futuros de tasas de interés sobre esos bonos. Ahora, ¿son una fuente confiable? El mercado de bonos predijo ocho de las últimas diez recesiones con doce meses de anticipación. Aún más, desde hace 18 meses las curvas de bonos en los tres países alertaban sobre un cambio significativo en la actividad económica. Ahora, ¿qué dicen esas expectativas?

Las expectativas implícitas en los futuros de eurodólar son que hasta el año 2023 las economías crecerán menos que antes (menos del 3% anual) por lo cual los bancos centrales mantendrán las tasas de interés muy bajas (o negativas) como también sus estímulos (préstamos, emisión monetaria, respaldo de préstamos riesgosos frente a entidades bancarias, etc.). La Reserva Federal de los Estados Unidos esta semana convalidó esta visión verbalmente en una conferencia de prensa y por escrito en sus proyecciones económicas.

Dicho de otra manera: desde 2008 hasta 2023 transcurrirán 15 años de bajo y dispar crecimiento; bajo retorno en las inversiones (financieras o reales); mayor disfuncionalidad social; acceso a dinero barato y de largo plazo para financiar proyectos o política fiscal bien laxa (bajar impuestos, hacer obras públicas, prestar capital a empresas en situación de riesgo) o refinanciar deuda cara.

En el año 2008, Estados Unidos logró salir de su crisis financiera exportando desempleo a Europa al bajar sustancialmente su tasa de interés de referencia (pasó del 5,3% al 0,25%); devaluando al dólar frente a otras monedas para ganar competitividad y mantuvo las tasas de interés a 5, 10 y 30 años estables para fomentar el emprendimiento y financiar su propio déficit. Así, después de 10 años el desempleo disminuyó del 10% al 3,5%, mientras que los europeos en el mismo periodo apenas lograron bajar la tasa de paro del 12% al 10%. La victima fueron los europeos y los beneficiados los emergentes con precios altos en materias primas (soja, trigo, maíz, cobre, etc).

Años más tarde los europeos tomaron nota e imitaron las mismas políticas: exportar desempleo a países emergentes bajando su tasa de referencia al cero por ciento y traccionando hacia abajo el precio de los commodities a medida que el euro se devaluase (desde 2014 a 2017 el Euro se devaluó un 25% y las materias primas un 50%).

Hoy Estados Unidos se encuentra en una situación similar al 2008 pero con otras incógnitas expuestas por la Reserva Federal: ¿tasas de interés tan bajas tendrán el mismo efecto en el mercado de empleo como en 2008, 2001 o 1990?, ¿es probable un escenario deflacionario en caso de que el coronavirus se extienda en el tiempo?, ¿quién será la locomotora del crecimiento hacia adelante ahora que China y otros emergentes están golpeados y Europa ahuyenta al emprendedor con más impuestos?, ¿tiene sentido incentivar una guerra de monedas como en 2014?, ¿los políticos tomarán consciencia de que son parte del problema y la solución?

¿Es probable que aumenten los precios de las materias primas en los próximos años? Hay una probabilidad, pero no depende de los países emergentes. Como se ha demostrado, los precios de una economía se mueven desde una tasa de interés y hablando con confianza en una conferencia de prensa. No hacen falta armas sobre un escritorio, ni leyes extravagantes ni malos tratos. Los precios de las materias primas subirán o no en función de su demanda (bocas a alimentar, edificios y rutas por construir, tecnología, etc.) y cómo Estados Unidos y Europa resuelvan el nuevo dilema que enfrentan (cómo reactivar economías con bajo crecimiento y malestar social con tasas de interés cercanas a cero) Mientras tanto Uruguay, Chile, Brasil, Colombia, Líbano, Arabia Saudita y empresas como Disney, Schlumberger, Halliburton, Nestlé, IBM, Airbnb, Sabre, Expedia, Booking, entre otros, aprovechan este escenario de bajas tasas de interés para financiarse y tener liquidez en caso de que la situación epidemiológica empeore. ¿Argentina seguirá peleando con sus dragones?

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