Ornella Vanoni: la reina italiana que a los 85 fuma cada noche marihuana



“Cuando me muera, escribirán dos mierdas de mí y asunto olvidado”.

Ornella Vanoni ya anda imaginando lo que pasará el día en que deje de respirar. El 22 de septiembre cumplirá 86. Tiene apenas dos días menos de vida que su compatriota Sophia Loren y muchísima menos delicadeza al declarar. La “chica” de tapa que aún “rinde” en publicaciones como Rolling Stone Italia.

Tal vez quien mejor la definió fue el hombre que hoy vive con una bala alojada cerca del corazón. Gino Paoli, el músico italiano que intentó suicidarse y lleva el souvenir de la tragedia en el pecho, describió a su ex amor: “Ornella y yo tenemos en común la sensación de estar incómodos en este mundo”. 

Ornella Vanoni, icono de la música italiana que triunfó en el mundo.

Incómoda con los otros, cómoda cuerpo adentro, la frontal Ornella reapareció en un mega-show en la RAI el año pasado y no tuvo el mínimo pudor en gritar para las 200 personas presentes -y los millones del otro lado-: “¡No se ve un cazzo!”. Así es Ornella hoy, vehemente, intempestiva, inoportuna. Le importa más seguir el deseo de decir lo que piensa que la diplomacia que esperan de ella a los 85.

Esa misma “Lady Gaga tana” de los setenta, a la que vemos en fotografías ochentosas como una deidad de la canción, tuvo los mismos tropiezos que cualquiera. Incluso por cuestiones de dinero derramó lágrimas. “Trabajé mucho y hoy debería ser rica”, se lamenta. “Nunca revisé mis cuentas, le di carta blanca a un banco que me robó cuatro millones de liras y derroché todo lo que ganaba”, admitió a la revista Vanity Fair.

Una cantante distinguida, provocadora y distinta, Ornella Vanoni.

​¿Qué es de la vida de esa diosa que cantaba en Mau Mau, que admiraba a César Luis Menotti y visitaba Buenos Aires con frecuencia cuando la música italiana llegaba con fuerza? Toreó una depresión (“sin psiquiatras no hay cura”, promueve) y acaba de cancelar unos conciertos. La razón del parate: se lastimó un tobillo y quedó extenuada por la grabación de un disco pensado en pleno rebrote del coronavirus.

Hace unos días terminó algo así como su álbum número sesenta y tanto -si se tienen en cuenta los viejos sencillos que empezó a grabar en 1959-. Muchos la imaginarán una abuela semiretirada, pero la milanesa que nació tres meses después de disputado el Mundial 1934 en la Italia de Benito Mussolini, con el fascismo de fondo, lejos está de una adulta mayor promedio: “Me fumo un porro antes de dormir, un rito desde hace 55 años”.

Historia de una reina

A Vanoni, la que ama todavía cantar descalza, hay varias generaciones que la desconocen: su voz se fue borrando de este lado del mapa, pero su tono y sus hits basados en la obra de Domenico Modugno, Charles Aznavour, Roberto Carlos, y tantos más, nunca dejaron de sonar en Europa. Su presencia mediática atravesó intermitencias, consecuencia de una depresión que recorrió distintos tramos de su vida.

Ornella Vanoni (Instagram)

Integrante de esa camada musical femenina arrasadora y For Export (Mina, Rita Pavone, Raffaella Carrá), “artista mestiza difícil de catalogar”, como ella se retrata, su elección fue algo más que el canto romántico. Eligió el camino de “la sofisticación”, integrar lo autóctono más un mix entre el jazz y lo carioca. Su carrera discográfica tuvo picos de calidad como el disco junto a Toquinho y Vinicius de Moraes (La voglia, la pazzia, l’incoscienza, l’allegria, 1976).

Tapa de Playboy 1977, cuenta la leyenda que Doña Ornella no pidió dinero por posar con plumas: su pago en aquel momento fue una escultura del artista italiano Pomodoro. 

Pasaron ​más de cuatro décadas de aquella visita de “La Vanoni” que terminó en escándalo por estas latitudes. Militares al poder, una crítica de la cantante llegada antes del Mundial ’78 y un enojo gubernamental: regresada a Italia habló de “infierno” en Buenos Aires y varios medios la acusaron de integrar “una campaña anti-Argentina”, de “llevarse bolsas de dólares y luego criticar a la Reina del Plata”. Hace una década amagó con una vuelta a Buenos Aires, pero la canceló semanas antes de su presentación en el Gran Rex.

“Un juego sin edad”, uno de los tantos discos de Ornella Vanoni.

Hay un libro biográfico sobre Vanoni que se publicó en 2011. Es un texto escrito entre ella y Giancarlo Dotto que habla de una voz “ámbar”, de ella como “objeto de deseo” y de liberación femenina, de Ornella como estandarte de la libertad, de esa “extraordinaria despreocupación con la que pasaba en medio de las tormentas de la existencia cotidiana”.

“Yo era bellísima, pero infeliz”, se lee en una larga entrevista del Corriere della Sera. La confesión llega como un puñal para el público italiano, de un lado éxito discográfico descomunal; del otro, las heridas amorosas de una diva como las de cualquier mortal. “Como artista, estoy feliz con la vida que he tenido, pero del amor… estoy tan decepcionada”.

De adolescente se sometió a un aborto. Mantenía una relación con un joven suizo y el mundo se le derrumbó cuando él le advirtió que no se haría cargo. “Estaba muy insegura y me practiqué algo que no quería hacer. El aborto es nuestro derecho, pero de ninguna forma eso hace feliz a una mujer. Es un trauma considerable, después del cual es correcto que las mujeres sean libres de decidir”.

Ornella Vanoni en el estudio de grabación donde acaba de terminar su disco 2020 (Instagram).

Ornella tiene su propia teoría sobre el feminismo y el machismo: “Los hombres son violentos porque se volvieron inseguros, y no por la liberación sexual de la mujer en el ’68, porque las mujeres siempre hacían el amor cuando ellas querían”, juzga. “Es que hubo liberación de la palabra: la mujer empezó a hablar, para decirle al hombre ‘haces bien el amor, ‘no lo haces bien’. Italia es machista”, apuñaló en charla con el diario La Repubblica. “Si yo hubiera sido inglesa o francesa, quién sabe. Pero aquí, cuando la mujer ya no es un objeto erótico, se acaba”.

Admiradora de Amy Winehouse, lamenta la fragilidad de la artista que vivió hasta los 27. Ella en cambio hizo de su fragilidad la base de su fortaleza. Sabe que en San Remo aún la ovacionan, pero no por nostalgia. “Nadie tiene voz y yo la tengo aún más que antes”. Se jacta de “una libertad interior, la de no preocuparse por cantar bien, la adultez de dejarse llevar”. Ya hizo de su filosofía un lema: “Cantar, canta cualquiera, una gran interpretación viene de la experiencia de vida”.

Uno de los tantos discos de Ornella Vanoni.

¿Qué diferencia a la Ornella del bótox y los labios retocados hoy a aquella provocadora de los setenta? Lo explicaba ella misma ante el grabador del diario La Repubblica: ‘Ya no tengo el terror que una vez tuve. Hace sesenta años yo era una chica de clase media que no podía hacer nada más que hablar idiomas. Me inscribí en la escuela Piccolo Teatro sin fuego sagrado, solo porque una amiga de mi madre dijo ‘tienes una hermosa voz'”.

“La Vanoni”, el torbellino herido  

Poco más de 100 mil seguidores en Twitter, más de 45 mil en Instagram, la donna a la que Domenico Modugno llamaba “Hormiga” es hoy una militante por el antiracismo en Italia, participante activa en las marchas. Madre de Cristiano Ardenzi, tiene como compañía diaria hoy una perra caniche, Ondina.

Un video en blanco y negro junto a Luigi Tenco la recuerda como a un ángel, como a una encantadora que suelta una nota musical y logra hechizarlos a todos. Todavía le preguntan por Luigi, ese amigo de los ojos tristes que se pegó un tiro en pleno Festival de San Remo y dejó una supuesta carta en disconformidad con el jurado. El caso policial se reabrió en 2005 y se cerró, pero aún hoy es uno de los mayores interrogantes de la música italiana.

Antes y ahora: Ornella Vanoni (en la tapa del disco de 1984 y hoy en Instagram).

A Ornella el intento de suicidio de sus cercanos la persiguió. Su ex pareja, Gino Paoli, “relación tóxica” sobrevive con la bala en el pecho con la que intentó matarse. Fue él quien le escribió una de las canciones italianas más bellas, Senza fine (Sin fin). “Me harta que me pregunten por él. O por Giorgio Strehler”…

“Fue Giorgio el que me construyó artísticamente. Antes de asistir a la Academia de Arte Dramático yo era una chica que hablaba idiomas, pero era ignorante, no leía, no tenía conocimientos. Con Giorgio estuve cerca de un genio y absorbí todo eso”.

Ornella Vanoni (portada de su disco)

“Soy una mujer muy luminosa, pero tengo una gran melancolía. Lo cual está bien, porque los artistas necesitan melancolía. Eso está ligado a la falta, a la saudade, a una tremenda soledad que te lleva de viaje vez en cuando. Pero la depresión es otra cosa, es una enfermedad grave y peligrosa, que nunca debe subestimarse. Una vez trabajé igual con depresión y perdí todo mi cabello; otro me quedé en casa todo el año”.

Sesenta y cuatro años pasaron desde aquel debut teatral en Seis personajes en busca de autor (Luigi Pirandello). Desde entonces Ornella es más que una actriz que explotó como cantante. Es para Italia “la Señora de la canción italiana”, así, con la “s” mayúscula.

El nacimiento de su relación con la marihuana lo cuenta siempre con naturalidad. “Un día me hicieron fumar un porro y me dormí. Pensé que podría ser la medicina adecuada para mí. Mi psiquiatra me dijo ‘Hazlo’. Y ya han pasado 55 años”.

Ornella Vanoni hoy (captura TV)

Después de verla moverse en un recital, la periodista Cándida Morvillo le preguntó hace un tiempo: ¿Cómo es que no se cansa? Ornella, astuta para las buenas respuestas, regaló su sólida hipótesis: “Cansarse es una decisión”.

MZ

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