Obligadas por la pandemia, los fieles cultivan la fe afuera de los templos



En el hogar de los Jacobs, el Shabat se ha convertido en sinónimo de dos cosas: Facebook Live y Shira Averbuch, la cantante que toca el ukulele y es la artista residente en B’nai Jeshurun, una sinagoga de Nueva York.

“¡Shabat Shalom!”, comienza, saludando afectuosamente a cada uno de los niños que escuchan desde casa. “Estoy tan feliz de que estén todos aquí”.

Avery Jacobs, de 3 años, a menudo canta al unísono con ella la canción “Bim Bam”. Cuando Averbuch dice a los niños que se le despierta “ese sentimiento del Shabat” en su corazón, los padres responden en los comentarios: ellos lo sienten en su cabeza. En su cabello. “¡Avery lo siente en sus pies!”, escribe Lindsay Jacobs, de 33 años, madre de Avery.

Lindsay y Robert Jacobs, y su hija, Avery, ven un servicio virtual del Shabat. Foto: Andrew White/The New York Times.

El Shabat, el séptimo día de descanso en la tradición judía, es un tiempo de relajación y adoración. Los musulmanes tienen las oraciones del viernes. Y los cristianos se reúnen los domingos para rezar, cantar y recibir los sacramentos.

Pero ninguno de esos rituales se ha desarrollado como de costumbre.

Una de las crueldades del coronavirus es que ha llevado a los lugares de culto no sólo a eliminar las tradiciones religiosas en persona, sino también a modificar o eliminar las reuniones comunitarias en un momento en que los fieles más las necesitan.

Para las familias con niños pequeños, esto presenta un reto particularmente grande: sin educación religiosa en persona o actividades de voluntariado, ¿cómo mantienen los padres comprometidos a los menores con su religión? ¿Cómo puede una familia “amar al prójimo como a ti mismo” en un mundo donde se desalienta la interacción social cercana?

“Nada puede reemplazar por completo las reuniones presenciales de las comunidades religiosas”, dijo Tyler J. VanderWeele, epidemiólogo de la Universidad de Harvard. VanderWeele y otros han examinado cómo la crianza religiosa y la asistencia a los servicios religiosos pueden moldear la vida de los adolescentes.

Su estudio de 2018 encontró que, entre los adolescentes, asistir a servicios religiosos al menos una vez a la semana estaba asociado con una mayor satisfacción con la vida, menor consumo de mariguana, mayor frecuencia de voluntariado y menos parejas sexuales de por vida.

La pandemia ha llevado a algunos líderes religiosos a preocuparse respecto a si las familias regresarán a la iglesia cuando se reanuden los servicios presenciales. La membresía de la iglesia ha caído drásticamente en los últimos 20 años en Estados Unidos, y más personas dicen no tener preferencias religiosas.

La falta de comunidad ha sido difícil para Holley Barreto, de 40 años, así como para su esposo y sus dos hijos, que tienen 11 y 10 años.

“Eso ha sido una verdadera pérdida para nosotros cuando no podemos reunirnos físicamente con miembros de la iglesia”, dijo Barreto, cuya familia participaba en actividades en la Iglesia Presbiteriana Nassau, en Princeton, Nueva Jersey, durante la semana. “Eso nos ha quitado muchas de las cosas en las que realmente nos apoyábamos”.

Algunas casas de culto han reabierto en EE.UU:. Y algunas familias no dudaron en regresar.

“Honestamente, estoy cansado de hacer todas estas cosas online”, dijo Robert Farina-Mosca, de 54 años, quien asiste con su hijo de 11 años a los servicios en Holy Trinity, una iglesia católica en NY.

A falta de educación religiosa formal, su hijo ha estado haciendo tarjetas que son entregadas junto con donaciones de alimentos. En una de las tarjetas, dibujó un plato con dos piernas de pollo y escribió: “Disfruta tu comida”. Luego, en el interior de la tarjeta: “Aunque no te conozco, de todos modos me preocupo por ti”.

David Zahl, ministro de la Iglesia Episcopal Christ, en Virginia, dijo que el virus podría ser una forma de ayudar a los niños a entender mejor su religión.

“Para los padres que ven cosas como la oración, la conversación espiritual, el pedir perdón y, en general, vivir en gracia como el corazón de su fe, bueno, la pandemia ha sido como una mina de oro”, indicó.

© 2020 The New York Times

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