Novak Djokovic mira un canal diferente al del resto



Niki Pilic, quien fue su entrenador durante cuatro años, salió a defenderlo aunque reconoció que cometió un error. Lo mismo hizo otro croata, Goran Ivanisevic, quien ahora pertenece a su equipo de trabajo. Nick Kyrgios, que lo estaba esperando con el cuchillo y el tenedor, lo atendió por Twitter sin compasión y hasta su amigo Andy Murray dijo que se había equivocado. La también croata Donna Vekic -una de las pocas tenistas que participó del ahora tristemente célebre Adria Tour- dijo que el gran protagonista de esta historia “sólo tuvo buenas intenciones” mientras Gilles Simon aseguró que hay que gente que “disfruta debilitándolo”. El agente de Dominic Thiem, Herwig Straka, lo acusó como el símbolo de todos los males pese a que el austríaco cometió las mismas desprolijidades (siendo benévolos en la calificación. Y desde este lado del mundo, Guido Pella y Agustín Calleri también lo criticaron. Su padre, Srdjan, le apuntó exclusivamente a Grigor Dimitrov como el gran responsable de los contagios (“Les causó daño a Croacia, a Serbia y a mi familia; él debió haber sido examinado en su país”, disparó con su habitual lengua filosa)y Georgi Stoimenov, el manager del búlgaro, contraatacó contra su padre con un “ni en Belgrado ni en Zadar se le obligó ni se le ofreció a Grigor la posibilidad de hacerse un test de coronavirus”. La madre, Dijana, también se metió y afirmó:“Es terrible lo que escriben de él, pero estamos acostumbrados”. Y hasta podría desatarse un conflicto diplomático por la decisión croata de cerrar su frontera con Serbia a partir de lo ocurrido…

Mientras tanto, ahí está Novak Djokovic. Atravesando uno de los peores momentos de su carrera, seguramente. Porque quedó en el ojo de la tormenta tras ponerse al frente de una organización que, de entrada, tuvo mucho para criticar. En el marco de un mundo que atraviesa una pandemia por una enfermedad a la que todavía no se le encontró siquiera una vacuna, él conocía los riesgos pero fiel a la personalidad egoísta de muchas estrellas del deporte -algunos las justifican-, no le importó nada, siguió adelante y así se convirtió en una parte importante de un sinnúmero de irresponsabilidades.

El torneo de Belgrado tuvo una fiesta en un boliche, con Djokovic, Thiem, el alemán Alexander Zverev y Dimitrov saltando y bailando sin distanciamiento social y a plena euforia. Y el de Zadar fue directamente un descontrol en el que no se cumplió nada de lo que se había prometido para un necesario protocolo.

El futuro de Djokovic en el Consejo de Jugadores de la ATP quedó atado con alambre. Y no sólo por lo que ocurrió con su Adria Tour. Muchos colegas no se bancan que no haya participado del zoom en el que ante la presencia de más de 300 jugadores, los organizadores de Flushing Meadows confirmaron la edición 2020 del Grand Slam. El, uno de los grandes tenistas de todos los tiempos, estaba, en ese momento, en otro canal.

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