No sólo se contagian los virus, también el humor social



Nos encontramos frente a una paradoja: según la encuesta de Giacobbe & Asociados (Mayo 14, 2020), si bien hay algunas diferencias entre el gobierno nacional y CABA, en su gran mayoría, la sociedad está relativamente conforme en relación a la gestión de la crisis del Coronavirus. Sin embargo, en la última semana, comenzaron a aparecer diferentes.

Desde la neurociencia, resulta casi una responsabilidad cívica advertir que en un contexto tan complejo y multiaxial como una pandemia, resultarían peligrosas las posiciones de abroquelamiento intransigentes. Por mejor intencionadas que estén tanto unas como otras, el riesgo es generar un aumento de la tensión social. En los estudios experimentales con animales de laboratorio, desde el punto de vista neuroquímico resulta casi indistinguible cómo responde el cerebro frente a la fatiga o al enojo.

En los seres humanos no pasa algo diferente. El aislamiento social provoca un estrés agudo que se convierte en crónico en la medida en que se prolongue. Esta prolongación y la sensación de cuarentena indefinida provoca ansiedad, depresión y angustia debido a factores sociales, económicos y al procesamiento de la incertidumbre, todos ellos sumamente atendibles.

Este escenario genera fatiga psicológica que aumenta la vulnerabilidad y el camino hacia reacciones de enojo. Cuando las expresiones o comportamientos son percibidos como conducentes y valiosos, tienden a ser imitados. Estudios de la universidad de California sobre neuronas espejo, advierten sobre el comportamiento de imitación. Cuando el cerebro humano se encuentra fatigado o afligido o enojado, la adhesión emocional tanto anti cuarentena como pro cuarentena es muy alta y se genera un riesgo de contaminación y adherencia a posturas radicales tanto para un lado como para otro.

En este caso se genera lo que se conoce como sesgo de opinión, es decir, se neutraliza toda información que no resulte en línea con el concepto sostenido tanto de un lado como del otro. En este momento en la Argentina, comenzamos la pendiente de ascenso respecto del número de infectados y necesitamos hacer un llamamiento a la prudencia tanto a la población general como a la dirigencia. Nos queda todavía un largo camino por recorrer y abroquelarnos y generar una nueva grieta en la Argentina, puede llevarnos a una espiral de reacciones contrapuestas. Marco Iacoboni del David Geffen School of Medicine de la Universidad de California, estudiando las neuronas espejo, alerta sobre el riesgo de adhesión emocional, contaminación y viralización de posturas intransigentes en forma exponencial.

En un estudio de Neil Greenberg, Kings College London, publicado en el British Medical Journal respecto al estrés al que está expuesto el médico frente al dilema de cuidar a su paciente por un lado y a su familia por el otro, se podría extender este concepto al dilema que representa gobernar teniendo que elegir entre cuidar la salud de la población o a su economía. Resultaría un error hacer un reduccionismo y una simplificación esperando medidas que resulten en respuestas que conformen a toda la sociedad.

La toma de decisiones se hace en un escenario muy complejo, dinámico y desmoralizante como resulta ser en todas partes del mundo una pandemia. Comenzamos a recorrer la pendiente de ascenso de contagios, y este es un momento muy difícil que exige prudencia y una enorme responsabilidad social.  El aspecto positivo reside en que ya comenzamos a transcurrir esta etapa, y mirando la experiencia internacional, podemos observar que esta etapa es finita.

Sergio Guala es Doctor en Neurobiología Clínica de la Universidad Nacional de San Luis. Miembro de la Society of Neuroscience, EE.UU.

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