No sólo los ricos quieren irse al Uruguay



Hay argentinos que se quieren ir de la Argentina. Y son muchos, lo sabe cualquiera. Y los motivos por los que se quieren ir también los conoce cualquiera. Pero hay uno que sintetiza todos: no se ve futuro o se ve un futuro cargado de incertidumbres.

Acumulamos diez años de estancamiento o de recesión, una tasa de desempleo alta que no es más alta porque mucha gente dejó de buscar empleo y la pobreza está en el 40% y va acercándose al 50%, o sea a la mitad de la población. Entre 2019 y 2020 el salario caerá un 20%, con una inflación que puede pasar de largo el 100%. No tenemos moneda y la que tenemos se devalúa todo el tiempo. Y si algo nos sobra es inseguridad.

En agosto del año pasado, antes de las PASO, el dólar estaba a $47. Este martes, a $152. En poco más de un año, aumentó 220%. Sí, claro que hablamos del blue, el dólar que le importa a la gente o que le importa a los que pueden comprar unos dólares.

¿Y qué se le ocurre decir al canciller Felipe Solá? Que los que se van a Uruguay son “un grupo chico de argentinos bastante ricos que no tienen problemas en vivir acá o en cualquier lado del mundo”. Y como le pareció poco, agregó: “Si alguno muy rico tiene miedo del tributo a las grandes fortunas, puede ser que se quiera ir por eso. Pero están equivocados. A mucha gente muy rica le fue muy bien con Cristina y clamaban por la llegada de Macri y les fue muy mal con Macri”.

Hay varias cosas que no se entienden o no cierran en el discurso de Solá. Una es que si esa gente se enriqueció con Cristina y volvió Cristina, ¿por qué se quieren ir? Respuesta probable: se quieren ir por Cristina. Otra: que los que se quieren ir al Uruguay sean bastante más de los bastante pocos que dice Solá.

El canciller Felipe Solá dice que los “argentinos bastante ricos” se van a Uruguay.

Según cifras oficiales, desde marzo y pese a las restricciones para entrar a Uruguay, unos 29.000 argentinos cruzaron a la otra orilla. Es el 37% del total de extranjeros que ingresaron. Se sabe que hubo gente que fue y que no volvió. No se sabe cuánta de esa gente se fue para residir permanentemente allá.

En la pelea contra el virus, a Uruguay no le está yendo mal. Mejor dicho, le está yendo bien. Rechazaron una cuarentena dura y obligatoria e interminable como la nuestra y eligieron una cuarentena voluntaria aunque recomendando mantener el aislamiento, las distancias y el uso de tapabocas. Apelaron más a la responsabilidad de la gente que a los decretazos del Gobierno. Y nunca equipararon cualquier reapertura de la economía con un riesgo mortal y tampoco inmovilizaron la economía.

Con sus 3,5 millones de habitantes, Uruguay podría ser comparable con una provincia nuestra pero algunas cifras muestran modos de hacer que tienen que ver más con la política que con el virus. Esas cifras cantan 824.468 casos acá contra 2.155 de allá. Y si se miran los casos por millón de habitantes 18.198 contra 620. Total de muertes: 21.827 contra 48. Y muertes por millón de habitantes: 482 contra 14. En terapia intensiva: 4.007 contra 3 y en testeos por millón de habitantes, algo clave, hicimos muchos menos: 46.521 contra 71.539.

Con Uruguay nos separa un río de mesura y de sensatez. Una coalición de centro derecha volvió al poder después de 15 años de gobierno izquierdista del Frente Amplio. En corrupción, el contraste abruma y nadie le echa la culpa a los medios ni avanzan sobre la Justicia ni se pelean con todo el mundo. Está bien claro: no es una cuestión de ricos.

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