¿No más billetes? El coronavirus acelera en España la carrera contra el uso del dinero en efectivo



Como si sacar un billete del bolsillo fuera exhibir un arma letal, el coronavirus nos adoctrinó en ciertos temores que, aunque la ciencia los haya desmontado, perduran: el uso del dinero, en billetes o en monedas, y su transformación en un vector infalible para un contagio de covid casi inevitable es tal vez el más complicado de dominar.

Los epidemiólogos ya confirmaron que el virus no se encariña con el efectivo más que con el plástico de las tarjetas de crédito o de débito y que podría permanecer en ambas superficies por igual cantidad de tiempo.

En España, sin embargo, entre mediados de marzo y casi fines de junio, es decir, durante los casi cien días que duró el confinamiento, la gente tendió a sacar menos plata de los cajeros y a utilizar más el pago electrónico.

La crisis sanitaria del Covid-19 fue un motivo lícito para que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que hoy lidera el Ejecutivo de coalición con Pedro Sánchez, su secretario general, como presidente del gobierno, volviera a la carga con su proyecto para ir dejando fuera de circulación el uso del dinero material en España.

La propuesta original del PSOE apuntaba a la “eliminación gradual del pago en efectivo, con el horizonte de su desaparición definitiva”, idea que acaba de cambiar de rumbo en un debate en la Comisión de Hacienda donde se acordó que cualquier sustitución sobre el uso de la plata en efectivo se deberá consensuar dentro de la Unión Europea.

“El coronavirus es catalizador de procesos. En ese sentido, lo que hubiera tardado en suceder años, se acelera”, dice a Clarín Luis Garvía, profesor de Finanzas de ICADE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Pontificia Comillas.

“El Banco Central Europeo (BCE), en 2016, decía que el 87 por ciento de las transacciones que se hacían en España eran en efectivo, de las cuales, dos tercios eran de menos de 15 euros”, comenta Garvía, que es profesor en las áreas de contabilidad y finanzas, matemática financiera, ética y estrategia.

En el conjunto de Europa, aclara, ese 87 por ciento cae al 79 por ciento, “y hay países como Holanda, donde el 49 por ciento de las transacciones son en efectivo”, agrega.

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“Desaparecería o sería más difícil que exista la economía sumergida, la evasión fiscal, la corrupción,” enumera Garvía.

“En España tenemos déficit. El Estado gasta más de lo que ingresa y con el coronavirus esto aumentó -diagnostica-. El Estado necesita controlar la economía sumergida, necesita cobrar más impuestos. En Italia se está hablando de que, si desapareciera el efectivo, se podrían recaudar 35 mil millones de euros más por IVA. En España, serían 15 mil millones más de euros por IVA.”

Sin efectivo, “sería más difícil que exista la economía sumergida, la evasión fiscal, la corrupción”. / Bloomberg

Desde el Ministerio de Hacienda español la propuesta era rebajar el límite de pagos permitidos en efectivo de 2.500 -tope permitido en billetes desde octubre de 2012- a 1.000 euros.

Ya en 2019, el Banco Central Europeo (BCE) opinó sobre el tema: “La posibilidad de pagar en efectivo sigue siendo muy importante para ciertos sectores sociales que, por diversas y legítimas razones, prefieren usar el efectivo en lugar de otros medios de pago. Es ampliamente aceptado y rápido y permite al pagador controlar sus gastos -señaló el BCE-. Además, es un medio de pago que permite a los ciudadanos liquidar operaciones al instante, y el único medio de pago en dinero del banco central y a su valor nominal que no conlleva la posibilidad legal de cargar una comisión por su uso. Asimismo, el pago en efectivo no requiere una infraestructura funcional técnica y siempre puede usarse, lo cual es muy importante en caso de interrupción de los pagos electrónicos”.

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Italia, por ejemplo, se maneja desde 2016 con un límite de operaciones en efectivo de hasta 3.000 euros. En Francia, los residentes pueden comprar o vender con billetes hasta 1.000 euros. Para los no residentes, el límite asciende a 15.000.

En Alemania no hay restricciones en el uso del dinero en efectivo pero quienes deban realizar pagos de más de 10.000 euros tienen que dejar registrada su identificación. Lo mismo sucede en el Reino Unido para pagos de más de 15.000 euros.

“Al poder medir y controlar los pagos en el momento en el que se hacen, el comerciante podría medir mejor cómo está funcionando su negocio. A qué hora va más gente y contratar así más empleados -piensa Garvía-. Además se tiene información de ese cliente que está haciendo el pago.”

Una máquinas contadoras billetes de euros./ Reuters

Subraya, sin embargo, que “el dinero electrónico es una herramienta con un inmenso poder. Es fundamental que la gente tenga educación financiera. Que sepa distinguir entre pagar y financiar. Tiene que haber, además, una ética acompañada de un sistema jurídico que vigile la circulación de información sobre las personas”.

Madrid. Corresponsal

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