“No entiendo por qué”, la intriga que atormenta a la viuda del jardinero descuartizado por el escribano



Bruno cumplió seis años el 30 de mayo. En plena cuarentena​ por la pandemia de coronavirus​, esperó que su papá llegara con el autito a control remoto que le había prometido a su casa de Villa Tesei, en Hurlingham. Todavía lo espera. Todavía no sabe que, 18 días antes, sufrió una horrible muerte: lo asesinaron y descuartizaron.

Su papá era Miguel Alejandro Pereyra (41), jardinero del escribano Ricardo Ignacio Baladía (56), ahora detenido por el homicidio. Lo atraparon cuando tiraba el cuerpo mutilado de su víctima en el Río Luján, adonde llegó tras recorrer más de 50 kilómetros con los restos de la víctima en el baúl de su BMW 528 plateado, modelo ’98, de vidrios polarizados.

Días antes del crimen, Baladía fue a una ferretería del barrio. Pidió una motosierra, pero no había. Volvió al día siguiente y tampoco tenían: compró dos palas y una hidrolavadora, la misma que usaría después para lavar las huellas de la víctima en su escribanía. Cuando Pereyra le preguntó sobre las nuevas herramientas, entre las cuales también había una motosierra, Baladía le respondió: “Son para vos”. Ni se le pasaba por la cabeza que iban a ser para su propia muerte.

Clarín entrevistó a la viuda de la víctima, Verónica Soñez (33). Tiene cuatro hijos. El mayor, de 15, fue criado por Miguel. Además de sus problemas del corazón y del tremendo impacto emocional, debe estar fuerte por ellos, que lloran noche de por medio.

Paola Pereyra (izq.) y Verónica Soñez, hermana y esposa de Miguel Alejandro Pereyra, el jardinero descuartizado por un escribano. Fotos Mario Quinteros.

Para la mujer, como también para su cuñada, Paola Pereyra (45), y el resto de la familia, el asesino no pudo haber hecho todo solo, más que nada teniendo en cuenta que el jardinero (en realidad, realizaba varias tareas) era corpulento, y el escribano un hombre de físico menudo.

Por eso, la defensa de la familia, a cargo de los abogados Pablo Lamoglia y Claudio Cerquetti, espera el resultado de las pericias toxicológicas, para saber si, como presumen, Pereyra fue drogado antes de ser atacado con un cuchillo en la escribanía de la calle Almirante Brown 1085, en Morón, adonde lo mutiló con un hacha y un serrucho, para luego lavar las manchas de sangre con una flamante hidrolavadora.

Baladía fue procesado por homicidio simple, delito que prevé una pena de 8 a 25 años de prisión, aunque los allegados a la víctima pretenden que agraven la calificación y le den perpetua.

¿Cómo comenzó el vínculo laboral entre Baladía y Miguel?

En febrero del año pasado, Miguel andaba en la calle con su carrito. Hacía jardinería y pasando por la casa de la calle Flores, en Morón, le preguntó si quería que le barriera la vereda. El señor, que era el escribano, contestó que sí. Hizo esa tarea y le comentó que tenía un terreno en Castelar, a unas cuadras, bastante abandonado, y necesitaba alguien para que le diera una mano. Lo citó para el otro día y ahí empezó la relación.

¿Y vos cuándo empezaste a trabajar para él?

Empecé haciendo limpieza en la casita que estaba detrás del terreno. Trabajamos ahí un mes y medio juntos con Miguel y después me llevó a trabajar a la escribanía, también de limpieza. Hasta que llegó octubre del año pasado, cuando se presentó él en nuestro domicilio de Villa Tesei, diciéndonos que se le habían perdido dos relojes, que eran de sus abuelos, que no tenían valor económico pero sí sentimental. Nos dijo que si lo ayudábamos a buscar en la escribanía y aparecían, a Miguel le regalaba un auto.

Un escribano del partido de Morón fue detenido cuando descartaba el cadáver de un hombre descuartizado en el Río Luján.

¿Y qué hicieron ustedes?

Primero nos llevó a comer, con otro muchacho que también trabajaba con él. Empezamos la búsqueda hasta la tarde y no aparecieron. A la semana siguiente, el 8 de noviembre, vino la Policía a mi casa con una orden de allanamiento. Ya eran otro tipo de cosas que denunció como robadas: relojes, plata y otras de mayor valor. El operativo dio negativo.

¿Después de la acusación de robo, cómo volvió Miguel a trabajar con el escribano?

Un día que Miguel estaba trabajando, cerca de su casa de Morón, Ricardo lo cruzó y se le acercó pidiéndole unos minutos, que necesitaba hablar con él, que estaba muy mal, a lo cual Miguel le dijo que no, que no quería saber nada, que se no se le acercara, porque él creyó que había un aprecio de verdad. Le pidió que apagara la máquina y que le diera esos minutos. Miguel accedió y ahí él le comentó que hacía un mes que no podía dormir, que había cambiado la página, que él sabía bien quién le había robado, que se había confundido con nosotros y que quería que volviera a trabajar. En ese momento Miguel le dijo que no.

Frente de la escribanía de Ricardo Baladía, en Morón. Foto Juan Manuel Foglia.

¿Pero al final lo terminó convenciendo?

Con el correr de los días lo empezó a ver más seguido. Se presentaba Ricardo en los lugares donde él trabajaba. Si tenía oportunidad lo paraba, le reiteraba el pedido de perdón, diciéndole que volviera, que lo necesitaba. Finalmente Miguel accedió. Empezó a trabajar en el terreno nuevamente. Siempre Ricardo le pedía que a mí no me contara.

¿Y qué pasó aquel 12 de mayo?

Miguel vino a la casa de la mamá, era el cumpleaños de una de sus hermanas. Él ya había avisado que lo iba a pasar a buscar Ricardo, que tenían que ir a terminar un trabajo en el terreno, juntar unas hojas, por lo que pidió que llevara la sopladora, que lo iba a pasar a buscar a las diez de la noche. Ese día me había descompuesto, estuvimos hablando con él hasta las nueve y pico de la noche. A las diez y cinco de la noche se presentó Ricardo. Estaba sentado en la vereda, se subió al auto y se fue.

Miguel Alejandro Pereyra (41) fue asesinado y descuartizado por el escribano Ricardo Ignacio Baladía (56) en Castelar.

¿Cómo se enteraron de lo que pasó?

Al día siguiente se presentó la brigada diciendo que había habido un problema con él, preguntándoles a sus hermanas si tenía tatuajes. Me llamaron a mí también, que teníamos que ir a Luján, pero nunca nos dijeron lo que había pasado, solamente que había habido un problema. Nos enteramos por la tele, antes de ir para allá. Con mis hijos, al prender la tele, estaban todos los noticieros, así que la noticia la supieron de ese modo. El único que no sabe es el más chiquito, que tiene seis años.

¿Cómo era Baladía con ustedes?

Era muy generoso, siempre buena onda. Nos llevaba a comer a los empleados. Nos llevaba a un restaurante chino, un tenedor libre, en Morón. Siempre, todos los mediodías, y después nos decía a cada uno lo que teníamos que hacer. Era una relación normal, parecía buena persona.

Paola Pereyra (izq.) y Verónica Soñez, hermana y esposa de Miguel Alejandro Pereyra, el jardinero descuartizado por un escribano. Fotos Mario Quinteros.

¿Es verdad que te hizo una propuesta sexual?

Sí. Se insinuó una semana antes del allanamiento en mi casa. Llego a la escribanía, me hizo pasar y me dijo que íbamos a comer. Buscó su celular para ponerlo a cargar. Se quedó sentado, yo estaba parada porque ya nos íbamos. Me dijo que me tenía que proponer algo. Le digo: ‘¿Ricardo, te pasó algo, hubo algún problema?’. ‘No, tengo que hacerte una propuesta: ¿Vos te animarías a tener algo conmigo, sin que se entere Ale? Yo te prometo que los voy a ayudar con los nenes, no les va a faltar nada’.

¿Cómo reaccionaste vos?

Me quedé helada, tenía todo cerrado con llave y no sabía si salir corriendo o qué hacer, porque estábamos solos. Antes de que le conteste, me dice: ‘Igual pensalo, ahora vamos a ir a comer y vamos a ir para casa, que va a ir una amiga que fue novia mía muchos años, se llama Valeria, y además está el pintor’.

Rastrillaje en el Río Luján, para buscar los restos de Miguel Alejandro Pereyra. Foto Juan Manuel Foglia.

¿Le contaste a Miguel? ¿Qué te dijo?

Sí, pero lo vio como que nos probaba, porque también Ricardo hablaba de una chica que tenía trabajando como limpieza en la casa y tenían una relación. Lo tomó como que me probaba a mí, sabía que no iba a tener chances.​

¿El escribano le dijo a Miguel que las herramientas que finalmente usaría para el crimen eran para él?

Cuatro días antes del crimen, fue a hacer algo al terreno y como no se presentó a pagarle, Miguel pasó por la casa. Vio que tenía una motosierra y dos palas. ‘Uh Ricky, ¿te compraste una motosierra? Esta me la vas a prestar’, le dijo. ‘Sí, no te preocupes que esta es para vos’, le contestó. Ricardo había estado averiguando por otra motosierra y por la hidrolavadora, y tenía dos palas.

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¿Por qué creés que lo hizo?

Pienso todas las noches y la verdad que no sé por qué lo hizo. Porque no demostraba nada, no tuvieron nunca una pelea ni algo raro como para que se le haya cruzado hacer una cosa así. No entiendo por qué.

¿Cómo se sigue adelante después de un golpe así?

Con los chicos es díficil. Contenerlos. Yo también estoy con problemas de salud, estoy medicada, tengo problemas del corazón. No se entiende. El más chiquito todavía lo espera al padre, imaginate. Yo sigo manteniendo que solo no lo hizo, que hubo otra persona, por el cuerpo que tenía Miguel, por cómo era Ricardo.

Miguel Alejandro Pereyra (41), el jardinero asesinado y descuartizado por un escribano.

¿Qué pretendés de la investigación?

Yo pido perpetua. Arruinó a toda una familia, a criaturas. Nos arruinó. Lloran noche de por medio. Al más grande Miguel lo crió desde que tenía un año y ahora está con un trauma terrible. Estoy yendo al psicólogo y ahora tengo que empezar a llevarlos a ellos. Estoy consciente pero no caigo, no lo puedo creer.

EMJ​

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