Muerte digna en pandemia: “¿No era posible que el sistema de salud acompañara a María?”



Mi lucha es para poner mi granito de arena y que el 17 de septiembre, el Día Mundial de la Seguridad del Paciente, sea un día importante de verdad. Hoy lamento profundamente que las palabras no coincidan en algunos casos con la acción.

Sólo escribo para describir lo que aconteció el 4 de septiembre de 2020. En mi ciudad, Villa Gesell, murió María, 78 años, sola, en su casa, víctima de Covid-19. No la conocía, pero podría haber sido cualquiera de mis abuelos a quienes amé. Por un momento pensé en todo lo que debe haber sentido, en el ocaso de su vida, sabiendo que ya no había un mañana.

¿No era importante que al menos se vaya acompañada? Con una mano amiga que te haga sentir que en ese pasaje al que tanto miedo le tenemos no estamos solos. Dicen que no quiso ser internada. Sus hijos, desde Buenos Aires, afirman lo contrario.

Quizá sea verdad que prefería morir en su casa, pero no dudo de que no eligió morir sola, menos sin un tubo de oxígeno que al menos la ayude a partir, así, como durmiéndose lentamente.

“El documento establece formas de acción y recomendaciones para evitar la soledad”, explica la lectora sobre un protocolo nacional existente. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Busqué en Internet y me encontré con un Protocolo de Acción de Nación (escrito por el Foro de Sociedades Científicas Argentinas, Organizaciones de la Sociedad Civil y Universidades).

El documento establece en innumerables hojas formas de acción y recomendaciones para evitar la soledad de las personas que fallecen por Covid.

Habla de acompañamiento. De garantizar un proceso de morir con dignidad para el paciente en situación de últimos días. El propósito de este protocolo es lograr que, dentro de las posibilidades, sean menos las personas que mueran solas y pueda promoverse un alivio emocional.

Solange Musse falleció en agosto de cáncer. No murió sola, pero sí le impidieron ver a su padre en los últimos momentos por restricciones relacionadas con el coronavirus. Foto: Captura de TV.

Continúa diciendo, que es altamente recomendable que la institución ofrezca supervisión y contención: “Especialmente a los más vulnerables”. Creo que María estaba en este grupo, dentro de los más vulnerables.

Viuda, con su familia lejos de Villa Gesell. Allí entendí que si se tomaron el trabajo de escribir este protocolo, (que se puede leer en Internet) mi enojo no es tan infundado. No soy oposición, sólo quiero que se respete la dignidad humana.

Entre la lucha emprendida por tener un sistema de salud que garantice la seguridad del paciente, entre tantos objetivos, uno de ellos es dosis inmensas de humanidad. No estoy hablando de La Matanza o de la Ciudad de Buenos Aires. No. Hablo de una pequeña ciudad, en donde ese día sólo murió María y fue noticia su muerte.

¿No era posible que el sistema de salud pudiera acompañarla dignamente? De la forma que pudiera: con una asistente social, una enfermera, alguien del sistema de salud mental. ¿Alguien que no fuera su solidario vecino? Él fue el único que atendió a María.

No me cuenten que mandaron una ambulancia o que entregaron remedios dejados en una ventana, a los que María no podía acceder porque no se podía levantar. No me cuenten que cuando ya le faltaban unas horas la llevaron al Hospital.

Me hubiera gustado saber que a alguien del sistema de salud, específicamente los que tienen a su cargo la organización del mismo, se le hubiese ocurrido la humana idea de permitirle morir con dignidad. Desde donde estés María, y aunque no te conozco, Gesell te pide perdón.

Gabriela Covelli

gabrielacovelli@gesell.com.ar

OTRAS CARTAS

Reflexión sobre lo ocurrido con el diputado Juan Ameri

La prensa internacional se hizo eco de la escena sexual del diputado Juan Ameri. Foto: El País, de España.

El jueves ocurrió algo en el Congreso y todos pusimos atención. Esto nos desnuda y nos muestra lo mal que estamos. Aquí la obscenidad no es la imagen del legislador con su pareja.

El hombre dijo que creía que se le había caído Internet (le creo) y lo que hizo no es muy diferente de lo que podría haber hecho cualquiera en un supuesto recreo. Lo grave es el tipo que no está o el que duerme en la silla, pero, eso sí, con una gran bandera argentina por detrás.

Esta gente cobra un sueldo de unos 400.000 pesos mensuales para defender nuestros intereses y así es como se toman su responsabilidad: con total liviandad. En un contexto en el que la gran mayoría de los argentinos hemos sido afectados económicamente por la pandemia, algunos muy ferozmente.

Mientras tanto, esta gente (legisladores) por estar en cuarentena seguramente estarán ahorrando unos buenos pesos, ya que no están gastando en almuerzos, cafés, movilidad, fiestas, vacaciones, diversiones.

Por otra parte, no han tenido siquiera el gesto solidario de hacerse una quita de su salario (que para el presidente Alberto Fernández no se justifica porque “no mueve el amperímetro”) como para decir “vamos a correr la misma suerte que el promedio de los argentinos”.

Digo esto y se me ocurre: qué bueno sería atar el salario de los gobernantes a los resultados obtenidos, inflación, PBI, nivel de pobreza, déficit fiscal, riesgo país. Ahora circulan los memes, nos reímos, naturalizamos y sin darnos cuenta vamos bajando cada vez más la vara hasta llegar a los más bajos niveles de eficiencia, credibilidad y decencia.

Miguel Ángel Quinteros

bigu2004@hotmail.com

“En buena hora que les llegue alguna sanción”

Mansión que fue a remate en Béccar, Partido de San Isidro, por deudas de ABL.

Ha tenido repercusión la noticia en Clarín del 24 de septiembre sobre el remate de una mansión de San Isidro por deudas impositivas. Son más de 15 grandes propiedades, valuadas en un promedio de un millón de dólares o más, que tienen suculentas deudas de sus impuestos y que por tal motivo la Municipalidad de San Isidro inició juicios que permiten el remate judicial.

Hace años recuerdo que la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires publicó las patentes de 10.000 autos que debían muchos años de patentes. La mayoría eran vehículos de alta gama. Los mismos que en la ruta pasan por la banquina a gran velocidad corriendo el riesgo de atropellar a alguien.

Son los argentinos que se creen piolas violando las normas y no pagando impuestos a pesar de poseer muchos de ellos grandes fortunas. En buena hora que les llegue alguna sanción. Ojalá fuera más seguido.

Pablo Marsal

casillapm@gmail.com

“El cuidado de lo privado es un bien público”

Integrantes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Sin respeto no hay convivencia. Cuidar lo privado no tiene nada que ver con el avaro amarrocar bienes sin distinguir entre lo que es bien o mal habido. Ni desentenderse del otro. O aprovecharse y abusar de él en aras de un beneficio sólo propio y excluyente.

No respetar lo privativo de cada uno, en cambio, sí es una actitud antisocial. Cuando una posición de privilegio o poder invade el espacio de decisión ajeno, somete al otro y a toda la sociedad al virus tóxico de la ley de la selva.

El espacio de lo privado habla de un ámbito íntimo que requiere verse libre de injerencias ajenas para manejar las propias decisiones y desplegar la propia identidad.

Jamás implica avasallar a otro, sino un respeto recíproco que posibilite el logro de una sana convivencia. Habla del rol mutuo de derechos y deberes: que yo te respete a ti (deber) y tú a mí (derecho).

El respeto, cuando es recíproco y universal, posibilita y sostiene una sana convivencia. Genera un espacio interpersonal y común en el que la regla no es ni tu voluntad ni la mía; sino un trato basado en la igualdad y se expresa en la ley. En un contrato de convivencia pacífica. No en la ley de la selva que genera daño y caos.

Lo que sí pide el respeto mutuo –de nuestros representantes- es institucionalizar y posibilitar el acceso, en paz y de todos, a los bienes básicos para poder desplegar sus derechos y potencialidades. Pero sin clientelismo ni mafias.

Gustavo Caputo

guscaput@hotmail.com

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