Misión Berlín: a plena luz del día y en una plaza, los tres balazos a quemarropa para el comandante rebelde checheno



El quirúrgico asesinato de Tornike Kavtarashvili, un ex comandante de las milicias chechenas que se atrevió a desafiar a Rusia, no fue tan limpio como se programó. Tres disparos de pistola con silenciador lo liquidaron el año pasado en una plaza de Berlín, pero su ejecutor no pudo escapar.

Un dolor de cabeza para Moscú, que se actualizó la semana pasada con las quejas de Alemania, cuya Justicia no está dispuesta a olvidar el caso.

“En una fecha desconocida anterior al 18 de julio de 2019, las autoridades del gobierno central de la Federación de Rusia ordenaron liquidar al ciudadano georgiano de origen checheno. La orden de matar viene de la oposición de la víctima al Estado central ruso, a los gobiernos de sus repúblicas autónomas de Chechenia e Ingusetia, y al gobierno prorruso de Georgia”, acusó la fiscalía federal alemana en un extenso documento conocido el miércoles pasado.

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Khangoshvili era un musulmán georgiano de familia chechena, endurecido por la guerra y las operaciones encubiertas. Tenía 40 años y había combatido contra los soldados rusos en el Cáucaso norte dirigiendo milicias chechenas.

Rudo, de vida áspera y de batallas continuas, llegó a comandante en la segunda guerra chechena (1999-2009), cuando las tropas rusas Rusia desbarataron las pretensiones secesionistas de los islámicos chechenos.

También se cree que intervino en algunos atentados contra tropas rusas y en un confuso episodio de rehenes en el desfiladero de Lopota, cerca de la frontera entre Georgia y Rusia en 2012, donde murieron agentes de seguridad rusos y una decena de habitantes del lugar.

La plaza del distrito de berlinés de Berlin’s Moabit, donde fue asesinado Tornike Kavtarashvili. DPA

El Kremlin, que no se caracteriza por su sensibilidad, nunca le perdonó la rebeldía nacionalista y lo registró como terrorista.

En 2015 Khangoshvili fue herido y huyó hacia Georgia, donde vivió oculto durante dos años. La inteligencia rusa lo persiguió y lo obligó a cambiar de escondite permanentemente.

Estuvo en Ucrania un tiempo hasta que en 2017 decidió buscar la protección de Alemania. Pensó que en suelo europeo estaría a salvo. Viajó a Berlín y allí comenzó a tramitar un pedido de asilo.

El 23 de agosto del año pasado, cuando Khangoshvili iba a cumplir con las oraciones de su religión en ese soleado viernes de la capital alemana, se cumplió la sentencia dictada por Moscú, que aún estaba pendiente.

Al atravesar el idílico parque Kleiner Tiergarten, tres disparos a quemarropa por la espalda lo dejaron tendido entre las copas de los árboles y la gramilla verde.

Nadie se dio cuenta hasta que empezó a brotar la sangre. El atacante, en bicicleta, había utilizado un silenciador de alta calidad.

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El asesino, según la investigación de la policía alemana, fue Vadim Krasikov, quien se confió demasiado y demoró su huida. Lo detuvieron cuando intentaba deshacerse de la pistola en el río Spree.

Fuentes de Spiegel cuentan que el arma de Krasikov, una opaca figura de pasado incierto, era una Glock 26 modificada. Le habían reemplazado su cañón y borrado el número de serie. Tenía, como detalle, un corte especial en el cañón que le permitía enganchar un sofisticado silenciador.

La singularidad del arma remitió a los investigadores alemanes a la sombría organización Vympel, el presunto brazo ejecutor del FSB, el servicio Federal de Seguridad de Rusia.

El sitio de investigación periodístico Bellingcat, en conjunto con The Insider y Der Spiegel, realizaron un detallado informe de cómo se organizó el crimen y describieron el recorrido que hizo Krasikov, de 49 años.

Este no fue su primer crimen por encargo. Al menos tiene otros dos registrados. Uno en 2007 en Karelia, en el límite con Finlandia, y el otro en Moscú, en 2013.

Krasikov era un delincuente que Rusia buscaba por asesinato. Inclusive había pedido su captura a Interpol. Pero, misteriosamente, la orden se dio de baja en 2015 y convenientemente desaparecieron todos sus antecedentes delictivos de los registros rusos.

Un seguimiento de los datos del celular de Krasikov le permitieron a Bellingcat demostrar que su recorrido para la operación Berlín comenzó en marzo del año pasado, y que fue preparada por Vympel.

El grupo Vympel de seguridad, también conocido como Grupo Vega, se dedica al contraterrorismo y a operaciones especiales. Está integrado por ex oficiales del comando de fuerzas especiales de Spetsnaz, del FSB, un equipo de élite entrenado con los más rigurosos métodos de combate y sutiles técnicas de espionaje.

Siempre de acuerdo a la investigación de los medios alemanes, Krasikov tuvo entrenamiento especial entre febrero y agosto del 2019 en un cuartel secreto cercano a Moscú.

Luego se le armó una identidad falsa bajo el nombre de Vadim Sokolov. Con documentos que acreditaban tareas en una compañía llamada Zao Rust, pidió la visa francesa. El 16 de agosto viajó a París y de allí a Berlín.

Aún no está claro si Krasikov es simplemente un asesino a sueldo captado por los servicios de inteligencia para esta misión, o un curtido agente de Spetsnaz. Las autoridades alemanas se vuelcan más por la segunda hipótesis.

Lo cierto es que cumplió su misión. El comandante Kavtarashvili recibió los tres disparos reservados para enemigos y traidores.

El gobierno de Ángela Merkel ya expulsó a dos diplomáticos rusos, acusados de brindar logística a Krasikov, e inició una causa judicial, pero no puede avanzar mucho más.

Krasikov permanece en una prisión de alta seguridad de Berlín, y como marca su adiestramiento, lo hace en absoluto silencio.

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