Meritocracia en la educación: “El mensaje ‘todo da lo mismo’ es peligroso para la sociedad”



En los últimos tiempos se viene escuchando declaraciones de parte de las autoridades nacionales acerca del valor del esfuerzo y sus implicancias en la vida. Vivimos una situación extraordinaria en donde se tomaron medidas en el mismo orden que afectan las actividades cotidianas y básicas de toda sociedad o, como se dice hoy: esenciales.

La educación es una de las actividades más afectadas. Nadie se atrevería a decir que no es esencial. Sin embargo, los directivos, los equipos docentes y los estudiantes parecieran no entrar en esta categoría.

Hace más de seis meses que las escuelas de la mayor parte del país están cerradas y no hay demasiadas perspectivas de que esto vaya a cambiar en el corto o mediano plazo.

A pesar de esto, los directivos, maestros y profesores de todos los niveles hicieron, y siguen haciendo, un esfuerzo inconmensurable para intentar garantizar el derecho a la educación de los estudiantes, quienes junto a sus familias también han tenido que esmerarse para lograr hacer frente a la situación.

Muchos otros lamentablemente no pudieron continuar con el lazo pedagógico con sus escuelas y docentes, viendo vulnerado su derecho.

“Directivos, maestros y profesores de todos los niveles hicieron, y siguen haciendo, un esfuerzo inconmensurable”, analiza el lector. Foto: Mariana Villa / Los Andes

En medio de esta situación se decidió suspender las calificaciones igualando por la negativa a quienes con mucho trabajo entregaron sus tareas, participaron de la virtualidad, corrigieron más horas que de costumbre y respondieron consultas prácticamente las 24 horas del día, los siete días de la semana.

Sumado a esto, las declaraciones del Presidente de la Nación desacreditando el valor del mérito y, por consiguiente, del esfuerzo. Creer que el progreso es producto de la casualidad o de circunstancias ajenas al trabajo de las personas es lo opuesto a la finalidad de la educación.

Elimina la posibilidad de cambiar la realidad y exonera de responsabilidades, dejando como meta mensaje que todo da lo mismo. Y eso, es muy peligroso para cualquier sociedad que busque mejorar. Frente a situaciones extraordinarias son necesarios mensajes y responsabilidades claras. No todo da lo mismo.

Juan Cruz Dall’Asta

juancruz.da@gmail.com

OTRAS CARTAS

Sobre el crimen del policía Juan Roldán

El sepelio del policía federal Juan Pablo Roldán (33) en el Cementerio de la Chacarita. Fotos: @PFAOficial.

Rodrigo Roza, la persona que mató al oficial Juan Roldán debía estar encerrado. Pero la ideología, plasmada en la ley de Salud Mental, quiso desmantelar los manicomios y mandó a la calle o a su casa a enfermos con patologías severas.

También la ideología impidió que Roldán o sus compañeros portaran una pistola Taser. Su uso hubiese inmovilizado al agresor. Son armas no letales usadas en todo el mundo y aquí prohibidas.

Tampoco estaría muerto Roldán si el Reglamento de uso de armas no le hubiese hecho dudar. Por temor a perder su trabajo y su libertad arriesgó su vida y la perdió.

Se defendió tarde con su pistola, ya acuchillado. Hirió de muerte a su asesino, pero no sobrevivió a las puñaladas recibidas.

Si la ideología no hubiese derrotado al sentido común, ambos estarían vivos.

El 29 de septiembre fue día de duelo nacional y las condolencias llovieron sobre la viuda. Pero ni ella, ni su hijo ni la sociedad necesitamos un héroe muerto. Al bravo Inspector Roldán lo queríamos vivo.

Roberto Picozzi

picozzir@gmail.com

“Impera el facilismo en todos los niveles”

Para la lectora la propuesta de que haya un curso adicional en enero de 2021 “es un camino. Podrían explorarse otros”.

Después de leer atentamente el reportaje que le hicieron a la ministra de Educación Soledad Acuña, me quedé pensando sobre la decisión de obligar a aquellos alumnos que no alcanzaron un nivel de conocimientos suficientes durante el año 2020, a hacer un curso adicional en enero de 2021.

Es un camino. Podrían explorarse otros. Lo importante es que se haga y que además, lo sepan los padres y, especialmente, los alumnos.

Esto viene a suplir la deficiencia del mensaje que entendieron buena parte de los jóvenes: “Para que voy a estudiar, si total paso lo mismo”.

Y eso es lo penoso, seguimos dando el mensaje de que no vale la pena esforzarse para obtener algo. “Si igual lo tendré , para qué voy a trabajar”.

Y así impera el facilismo en todos los niveles. Es descorazonador para los que trabajamos y estudiamos para llegar a un título universitario cuando el estudio era un valor y los docentes eran respetados por padres y alumnos por igual.

Me toca ver en directo las consecuencias que ese mensaje va teniendo en un familiar. Este, a pesar de todo lo que hace su familia para motivarlo u obligarlo a cumplir con sus obligaciones de la escuela on line, no se presenta a las clases por Zoom, no hace las tareas o las presenta fuera de fecha. No cumple. ¿Cuántos más habrá así?

Por favor que cambien el mensaje, refuercen la idea de que todos, padres y maestros, esperamos mucho más de ellos. Y sobre todo, que la promoción no va a ser gratuita.

Irene Bianco

ireneabianco@gmail.com

“El Papa que creímos ver llegar, pero que no fue”

Papa Francisco el 2 de septiembre en la primera Audiencia General abierta al público luego de seis meses debido a la emergencia por coronavirus. Foto: Victor Sokolowicz.

Soy de los que admiró y celebró la llegada del cardenal Jorge Bergoglio a la tiara pontificia. Su elección fue un gran honor para nuestro país y para el subcontinente.

Además de una maravillosa oportunidad de que este “cura provinciano” como lo llamaron los flemáticos episcopados europeos, dejara estampada en la historia de la Iglesia un magisterio teológico y humanista sobresaliente. Pero no, no ocurrió, no ocurre, y parece difícil que vaya a ocurrir.

El “pobrismo” que predica es perturbador (pobreza es carencia de lo básico), muy lejos de la austeridad que sí es una virtud para la iglesia, pero no necesariamente para las sociedades que no son ni deben reproducir las categorías de los claustros religiosos.

El más reciente desatino de Francisco ha sido pronunciar ex cathedra, que el buen ladrón merece más consideración que el que pone grandes esfuerzos a su vida para merecer mejores oportunidades.

Desacreditar el mérito del que desarrolla todo su potencial superando obstáculos, dolores y frustraciones es casi vil.

Debemos reconocerle cintura política para sobrevivir a todas las intrigas palaciegas que hasta ahora ha enfrentado. Pero la humanidad necesita mucho más que eso de sus líderes espirituales, Santidad.

Fernando García Acosta

fernandogarciaacosta@gmail.com

“¿De qué éxitos se vanagloria el Gobierno?”

El presidente Alberto Fernández junto al gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, y el intendente de Rosario, Pablo Javkin. Foto: Juan José García.

A lo largo de esta pandemia varios funcionarios y acólitos del Gobierno se vanagloriaron expresando que si esta pandemia hubiese ocurrido durante el gobierno de Mauricio Macri los muertos serían más de 10.000. O que estaríamos cavando fosas como Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil.

El Gobierno debería afinar su relato, ya que estamos orillando los 18.000 muertos y la provincia de Buenos Aires sigue exhibiendo datos alarmantes de contagios. El Interior del país está mostrando una situación de infectados significativamente creciente y preocupante.

De mantenerse esta tendencia, y de no volver a surgir, nuevamente, gruesos errores en las estadísticas como los visualizados, al cierre de octubre superaríamos los 25.000 muertos. ¿De qué éxitos se vanagloria el Gobierno?

Enrique Rossetti

enriquerossetti@arnet.com.ar

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