Markus Gabriel: “Viviremos en un estado de excepción permanente”



“El virus acabó con el mundo de la vida. En el futuro vamos a vivir bajo la situación ‘coronial'”, sintetizó el filósofo Markus Gabriel hacia el final de su conferencia de media hora sobre El virus y la sociedad, en el marco del programa de celebración de los 75 años de Clarín. Dictada en un castellano híper correcto, con los toques de humor neutro típicos de los políglotas (Gabriel habla nueve idiomas, entre ellos el chino), su lectura deconstruyó “el imperativo virológico”, que ha sumido al mundo bajo “un renovado régimen de higienistas que en Europa rivalizan en medidas de contención nacional y encierro”, mientras los picos de contagio bajan y vuelven a trepar.

“No debemos pensar en la pospandemia porque eso no va a llegar pronto”, dijo el joven académico estrella de la Universidad de Bonn. “Libertad, igualdad y solidaridad deben ser conceptos que no queden sujetos a Europa, ni que se usen contra Estados Unidos ni contra China.Una pandemia no tiene soluciones nacionales; nos involucra a todos, está en la palabra misma, del griego, pan (todos) más demos (pueblo). En cambio, existe una posibilidad real de que en el curso de esta crisis creemos un orden moral, que apunte a la cooperación y a encontrar una imagen propia y global de la humanidad entera, que tendría que superar los estados nacionales. Los grandes retos del siglo XXI se ubican todos a nivel global, a diferencia de EE.UU. y China, que hoy compiten por una soberanía interpretatitva sobre los objetivos sociales y valores morales que deberían guiar nuestras acciones”.

Lo que sigue es un fragmento de la conversación que sostuvimos al término de su lectura.

-En tu libro Por qué el mundo no existe trazás un manifiesto del Nuevo Realismo, una posición filosófica que nos exhorta a la reconexión con la materialidad y el cuerpo, contra el naturalismo científico y el relativismo cultural posmoderno. Pero más que un realismo nuevo, nos enfrentamos a un realismo extremo, pautado por los “imperativos coroniales”. Es decir, un discurso virológico único global, que acabó colonizado “el mundo de la vida”, y de paso abolió el espacio público y disecó la familia y la subjetividad, y hasta rituales milenarios como el duelo y la despedida. Solo quedó el discurso científico unificador; ¿qué hizo este relato con la política? O viceversa.

-Lo primero es distinguir los objetos: las propiedades virológicas del fenómeno y de otros campos de sentido. El sentido en la política no es igual al del virus, ese es el problema. Lo que vemos hoy es una “virocracia”, que extrapola ese objeto de una escala pequeñísima -un virus es tan pequeño que ni siquiera tienen color-, al mundo político y social. Pero los virus no conocen la existencia del ser humano, son mundos diferentes. La gestión de la crisis en todo el mundo presupone que pertenecemos al mismo mundo del virus. Y es una gran paradoja. Por eso en un punto Trump tiene razón cuando afirma que es importante no tener miedo. Cuidado porque el acto de habla en Trump a menudo es decir una falsedad mediante la verdad. A veces usa la verdad con la intención de mentir: esa es su nueva forma de bullshit… El Nuevo Realismo ataca esa forma de hablar y pensar. Pero mi enemigo filosófico profundo es el cientificismo; quiero atacar la idea de que podemos descifrarlo todo con las herramientas de las ciencias naturales. Por eso he criticado a las neurociencias y la inteligencia artificial, que nos han impuesto su régimen como verdad. Primero la física atacó la libertad humana, la subjetividad, como dijiste. Luego llegó la inteligencia artificial con los algoritmos. Y ahora, el coronavirus.

Gabriel, preocupado por el recorte a las libertades. / Foto: E. Fernandez, archivo.

-Entonces, finalmente tenía razón el filósofo Giorgio Agamben. El italiano fue abucheado por todo el mundo cuando alertó, en marzo, que la alarma pandémica había sometido y desactivado todos nuestros derechos y libertades bajo un estado de excepción extremo, dictado por el Estado.

-Le doy la razón por completo. En Alemania tenemos tres consultores oficiales en epidemiología. El más poderoso, Christian Drosten, admitió en estos días que viviremos en un estado de excepción permanente porque no habrá un mundo sin virus. Así que resultó que la nueva normalidad, en rigor, es este estado de excepción. Es por eso que con algunos de mis pares universitarios y especialistas preparamos formas de resistencia conceptual, analizando la lógica discursiva del estado de excepción. Ir al restaurant, salir, ya es resistir. Y es muy paradójico como situación. Pero defender la subjetividad y la libertad son imperativos filosóficos hoy. Y también asumir el riesgo. La fantasía de la vacuna es la fantasía de un mundo sin riesgo. Pero la vida sin riesgo no existe. Vivir es morir, lamentablemente.

-Comenzaste tu conferencia analizando la taxonomía del virus, que pasó de llamarse Sars-Covid2 a Coronavirus.

-Aquí entra el Nuevo Realismo otra vez. Tenemos que enfocarnos en el hecho mismo. El Sars tiene una mortalidad del 10%, mientras en el Corona es del 0,4% en los peores casos (en la gripe común es del 0,2%). Claramente no es un killer. Por lo tanto, no justifica el cierre de fronteras y otras medidas.

-Sin embargo, es otro hecho real que el virus puesto en Bonn o la Casa Blanca no resulta equivalente al de la provincia de Buenos Aires o Calcuta. Hay entonces modulaciones nacionales irrefutables.

-Es que ese es el verdadero problema. En Bonn tuvimos 9 muertos, todos hasta marzo. En Alemania no se muere de Covid-19… Los muertos son, en rigor, víctimas de las condiciones socioeconómicas, no de la enfermedad. Las condiciones hospitalarias si pueden ser o no ser peligrosas. Es por eso que tenemos que abrir las fronteras y distribuir los bienes públicos para todos. Aquí en abril atendimos a cuatro italianos, por ejemplo. Sí, cuatro, literal…

“Los muertos son, en rigor, víctimas de las condiciones socioeconómicas, no de la enfermedad. Las condiciones hospitalarias si pueden ser o no ser peligrosas. Es por eso que tenemos que abrir las fronteras y distribuir los bienes públicos para todos”.

-Queda otra contradicción a resolver. Decías en tu conferencia que tenemos ahora la oportunidad de redefinir los términos del capitalismo; remediar la contaminación del planeta producida por el turismo masivo y los combustibles fósiles, y acabar con “las absurdas cadenas de producción global de bienes inútiles”. Pero habrá mucha menos producción y consumo; menos trabajo.

-Hace un mes abrimos el New Politics Institute en Alemania, un think tank de políticas concretas. Los economistas nos dicen que el dinero se encuentra si hay una voluntad real. Y yo veo muchas paradojas. El 40% de la producción de combustibles fósiles lo consumen la construcción y la arquitectura; la aviación se lleva apenas el 2%. Esto corresponde al turismo masivo, claro. Pero también a Internet, que constituye una intervención mayor en la estructura energética del universo. ¡De hecho, es una de las razones de los incendios en California! El cambio climático, el nuevo desastre en el horizonte, está muy vinculado a los enormes servers de datos de Google. El impacto del hardware en el universo debe ser reconocido de inmediato, porque ya supera el impacto de los automóviles.

-Ese es un dato soslayado cuando se discute sobre el cambio climático.

-Sí, y urge exponerlo. En Escandinavia se produce mucha energía, pero la producción entera es consumida por los servers de Google, emplazados en esa región porque requieren frío.

-Entramos de lleno en otro de tus enemigos personales, el capitalismo de Silicon Valley; el capitalismo de vigilancia estadounidense.

-Es un hecho irrefutable ya que la cuarentena mundial fue motivada por las imágenes de Italia y Nueva York. En Alemania nunca tuvimos un problema sanitario; hubo 10 mil muertos pero eso está por debajo de la gripe cada invierno. Pero el confinamiento se dictó a raíz de las imágenes, que se reproducen por la inteligencia artificial en los motores de búsqueda. Se sabe bien que el miedo nos atrae y a la vez, nos organiza. Es una emoción muy atrayente para seres finitos como nosotros, para estos animales que somos… Y por eso los algoritmos prefieren las imágenes que inspiran miedo. Por eso la “virocracia” es doble; es el virus como enfermedad y como imagen. Ambos se viralizan.

“¿Cambio climático? En Escandinavia se produce mucha energía, pero la producción entera es consumida por los servers de Google”

-Cómo protegernos de la influencia de las imágenes virales, que recortan nuestra autonomía de criterio; ¿es esa la cuestión?

-La única manera es salir de todas las redes sociales estadounidenses. Yo ya no tengo Twitter ni Facebook activos; uso el chat solo para el trabajo y no envío imágenes. Veo que Whatsapp es otra pandemia argentina; nosotros en cambio padecemos Telegram, de origen ruso.

 -Pero eso es pedir un nuevo ascetismo, ¡que apaguemos todo en medio de la nada!

-Bueno, en fin. Solo aviso que esa droga es una mierda… No es una buena droga. No digo un ascetismo de todo, además. Estoy de acuerdo con una copa de buen vino, drugs, sex & rock & roll, muy bien. Pero las redes son una droga mala, son el bullshit total. Allí no hay nada. 

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