Mariano Andújar: “Lo del Club de Amigos y todo lo que dijeron de la Selección son puras mentiras”



Los hijos de Mariano Andújar ya lo tienen incorporado. Saben que aquellos lunes habituales, previos al coronavirus, cuando iban al colegio podían encontrarse con dos escenarios: escuchar cargadas por el gol que se había comido su padre o ser testigos de fotos y autógrafos en la puerta después de un resultado positivo.

El arquero de Estudiantes tampoco necesita leer las reglas del juego. Convive hace 20 años dentro del sistema, aunque se anima a ponerlo en debate. A hurgar en una estructura que parece inamovible, a desafiar lo establecido y a invitar a sus colegas a animarse. De romper moldes se trata.

“Creo que puedo hacer un montón de cosas dentro del fútbol y no solamente jugar. Para eso también estudio idiomas y me preparo para el día después, para tener un abanico abierto y ver de qué manera le puedo ser útil al fútbol. Antes la única salida era ser técnico, pero eso es antiguo, ya no es así”, plantea Andújar.

-Hay que meterse en una jungla que dominan dirigentes y empresarios.

-Sí, pero eso es lo que tiene que empezar a cambiar. El jugador de futbol tiene que entender que si se prepara puede hacer todo lo que quiera: puede ser manager, puede ser presidente de un club, puede ser presidente de la AFA. Puede ser todo. No necesariamente tiene que terminarse su vida cuando se retira. Tenemos una experiencia en situaciones de vida que no sé cuánta gente la tiene. Hay un montón de futbolistas que hablan 3, 4 idiomas. Yo no sé cuántos abogados hablan 3 idiomas. Hay una experiencia de vida ahí que hay que saber canalizar. No puede ser que cuando te retirás solo puedas ser técnico o representante.

-¿Al sistema del fútbol le conviene eso?

-Obvio. Al sistema le conviene el futbolista domesticado. Eso da más lugar para otra gente. El futbolista tiene que formarse para ocupar cualquier rol en la sociedad y no solo dentro del fútbol. Pero los jugadores se tienen que meter. Creo que va a haber un montón de lugar para todos aquellos que estén preparados. Pero hay que ir a buscar esos lugares. Te doy el ejemplo que conozco, el de Estudiantes: no creo que alguien pueda manejar mejor el club que Sebastián (Verón). Y estoy seguro de que Alayes, que hoy es manager, puede ser el próximo presidente del club sin problemas, porque está preparado. Lo que hay que hacer es seguir mejorando la calidad de la educación del jugador de fútbol.

-Muchos futbolistas también se relajan con esa lógica establecida que tiene muchos privilegios.

-Sí, pero porque nos enseñaron así. Hay un prejuicio de que el jugador de futbol es ignorante, que no está preparado. Hoy hay jugadores de futbol que son periodistas, que son presidentes de clubes, managers. Yo veo que cada vez se está abriendo más el panorama.

-¿Y defienden sus derechos los futbolistas? ¿Por qué se naturaliza que, por ejemplo, los clubes les deban 6 meses de sueldo?

-Es parte de lo mismo, de la visión que la sociedad tiene del jugador de fútbol. Porque si un plantel hace un paro lo primero que van a decir es: “Ah, estos mercenarios encima de que cobran una fortuna encima quieren parar”. Hace poco lo escuché a Renato Civelli decir que llevaba un año sin cobrar. Lo nombro a él porque habló, si no no lo haría jamás. Pero si él no se llega a presentar a entrenarse se arma un escándalo y lo tratan de mercenario.

Surgió en Huracán pero hizo de Estudiantes su casa: lleva casi 10 años en el club en tres ciclos distintos: ganó el Apertura y la Libertaddores 2009. Foto: Juano Tesone

De prejuicios y estigmas habla Andújar. Los conoció en su infancia en Lugano 1 y 2 cuando los remiseros ponían excusas para negarse a llevarlo a su casa. A otra escala también lo vivió en Europa con la discriminación territorial italiana entre el norte y el sur. Esos mismos estigmas son los que intenta que sus hijos, Costanza y Vito, no repliquen.

“Yo les hablo todo el tiempo. Pero es difícil hablarles y no mostrarles. Cuando una persona lo ve y lo vive lo entiende mejor. La cuarentena ha servido para revisar un montón de cosas. Creo que a todos les pasó: al principio te ponés a acomodar el placard, los juguetes, la ropa. Pudimos donar un montón de cosas que no tenían uso. Y ahí les explicás que hay un montón de gente que necesita eso de verdad, que le va a dar un uso cotidiano. Pero sus realidades son distintas a las de otros chicos. Yo trato que se den cuenta de que son los privilegiados, que están de ese lado de la sociedad, del lado que tiene privilegios. Pero es la realidad de ellos, es así, tuvieron esa suerte”.

Hay una anécdota que Andújar resignificó con el paso del tiempo. En charlas con amigos contaba con naturalidad los detalles de la noche en la que se juntó a cenar con los capos de la mafia siciliana.

Les decía que el jefe de la organización tenía un súbdito al lado que probaba antes que él cada plato que llegaba a la mesa por miedo a que estuviera envenenado. O que obligaron a un mozo a que saliera a buscar por la ciudad unos cannolis porque la esposa de Mariano, que estaba embarazada, había preguntado si tenían ese postre. Y a las embarazadas hay que complacerlas.

Aquel mensaje edulcorado y exótico que solía causar gracia fue mutando. “Me di cuenta de que no estaba bien seguir hablando de la mafia como una anécdota simpática”, admite Andújar.

“Y me lo hicieron notar en Catania cuando empecé a vivir y a relacionarme con la gente del lugar. Me lo decían ellos, la mafia hizo mucho daño a gente inocente. Nosotros sin mala intención idealizamos porque vemos las películas, los personajes de cine que son pintorescos, pero no es esa la realidad. Han matado mucha gente. Es como si en Argentina contás una anécdota con Videla o Massera. A mí me respetaban, pero mi rol de futbolista no es el mismo que el de un comerciante al que le van a pedir una coima y que si no se la da no sabe qué le puede pasar. Mi hijo se llama Vito por Vito Corleone (el personaje de El Padrino) pero porque me gusta la película y los lugares, pero no porque quiero que sea un mafioso”.

Dice que viviría en Sicilia. Se siente cómodo en la efervescencia italiana. Fueron cinco años en la isla, entre la temporada inicial en el Palermo y dos ciclos en el Catania. Luego pasó por el Napoli para agrandar el combo pasional con una dosis de fanatismo maradoneano.

Y fue justamente Diego el que lo llamó en 2010 para invitarlo a Sudáfrica a jugar su primer Mundial. “Recuerdo la llegada a Pretoria. Era todo un mundo nuevo. Era el primer Mundial para muchos chicos. Una aventura hermosa. Fue algo lindo muy lindo de compartir, fue especial, éramos muy pibes”.

-¿Y de Brasil 2014, qué es lo primero que te viene a la cabeza?

-La concentración en Ciudad do Galo. Se formó un grupo que disfrutaba estar junto, de jugar al truco, de tomar mates. Ya era distinto, ya éramos más grandes, todos padres de familia, un plantel consolidado. Lo que más rescato es eso, la unión del grupo, las ganas de disfrutar el día a día.

-Es imposible imaginar lo que pudo haber sido: campeones del mundo y en Brasil.

-Y… ¿Cómo hacés? Fue una oportunidad única. Pero es muy difícil llegar a una final y hacerlo como lo hizo Argentina. Es una lástima. Es un dolor enorme que dura en el tiempo. Cuando hablamos con Javier (Mascherano) lo pensamos. Y es un dolor que está ahí constante, que no se va,

-¿Creés que el paso del tiempo va a mejorar el recuerdo de esta camada?

-Ojalá que pronto pueda Argentina pueda ganar un Mundial. El tiempo agranda todo y mejora todo. No tengo dudas de que se le va a dar el valor y la dimensión verdadera que tuvo esta camada de jugadores, que hoy no la tiene. Hoy por culpa de tres subcampeonatos consecutivos no se la valora de verdad. Pero es algo con lo que sabemos convivir. En el futbol sabés que el que no gana siempre es criticado. Lamentablemente, más por las dos Copas América que por el Mundial, se nos apunta.

-¿Qué cosas que se hayan dicho de ese grupo de la Selección te molestaron?

-Todas. No creo que hayan dicho una sola verdad. Lo del Club de Amigos, que ponían y sacaban jugadores, todo lo que dijeron son puras mentiras. Que este le dice que haga un cambio, que el otro no quiere jugar con tal compañero. Todas mentiras. Y se fueron verificando con el paso del tiempo. Primero decían que Messi no quería a Higuaín y jugó con Higuaín; después que no quería a Icardi y a Icardi lo citaron. Después que Éver Banega no puede quedar afuera del Mundial porque es amigo… Y se quedó afuera. Que Sabella va a llevar a José Sosa porque lo conoce de Estudiantes… Sosa no fue. Que sacan y ponen técnicos. Yo me acuerdo bien que Martino se fue porque no le daban a los jugadores para los Juegos Olímpicos, me lo acuerdo bien, eh. Y Alejandro no siguió por lo que se supo después, que estaba enfermo. Hubo tantas cosas que fueron mentiras… Pero después ningún periodista sale a decir “che, la verdad es que nos equivocamos acá”. Se deja pasar el tiempo y listo. Un jugador de futbol no puede estar todo el tiempo peleando con la prensa o con el que dirán o con la falsa información. Las críticas deportivas se aceptan, se pueden compartir o no. Si a vos no te gusta cómo atajo yo o cómo ataja Romero o Andrada es aceptable. Pero que digas que yo voy a la Selección porque soy amigo de otro, ahí no.

Con Lionel Messi en la Copa América 2016; Andújar supo construir una amistad con el rosarino con quien compartió los mundiales de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Foto: REUTER

-¿Y a la larga esas cosas afectan?

-El jugador se abstrae, ya sabe. El tema es todo el entorno, es imposible abstraerlo de eso y que no le genere un malestar porque no están en el mismo juego que nosotros. Te duele, te llega, genera malestar. Que te llame tu mamá y te diga que en la televisión están diciendo tal cosa o que un amigo te pregunte por algo que salió en las redes sociales. ¿Y qué hacés? ¿Le decís que no mire más, que es todo mentira? Lo hacés una vez, dos veces… Es difícil cambiarlo. Encima con las redes sociales se va agigantando todo. Es así, hay que aceptarlo o cambiar de profesión.

-No hay solución.

-Es que yo no creo que pueda cambiar. Cuando se llega a un punto en el que por un punto de rating o por un retuit dicen barbaridades que no tienen sustento, ¿qué sentido tiene pelearte con alguien por eso? O lo aceptás o cambiás de profesión.

-¿Le recomendarías a Messi que cierre su carrera en el fútbol argentino?

-Yo creo que a Lionel acá le brindarían solo respeto, igual que a Masche. Quizás alguno pueda llegar a gritarle algo pero le brindarían solo respeto. Además, Lionel es el que más acostumbrado está a todo, pensá que recibía críticas de la prensa cuando estaba en su mejor momento del Barcelona… Pero me pasó con Javier en los partidos que pudimos compartir: recibió mucho más reconocimiento que otras cosas.

-Hablaste de Mascherano. ¿Por qué pensás que un jugador como él arriesga en un último desafío así? Hubo muchos casos de futbolistas de elite que volvieron y terminaron decepcionados.

-Es que jugar al futbol es difícil. No es tan simple como creen. Para Mascherano es un desafío, coincido. Pero se preparó para eso, por eso está impecable. Después de determinada edad todos ponemos en juego nuestro prestigio, nuestro orgullo y no es algo menor. Porque cada vez te queda menos tiempo para demostrar que estás bien. Y ante cada partido malo, que lo tenemos todos, se te acorta el tiempo para cambiar la imagen. Y ahí entra el menosprecio de mucha gente y de parte de la prensa: cuando un jugador grande juega mal lo primero que dicen es “está de vuelta, no puede más”. No, puede ser que tenga un partido malo como lo tiene un pibe de 22.

Maradona habla y todos escuchan: durante el Mundial 2010, Andújar y Diego Pozo, dos de los arqueros argentinos, sentados tras la práctica en Sudáfrica. Foto: AP

Las clases sociales del fútbol

Cuenta Andújar que el inicio del aislamiento lo vivió como unas minivacaciones. Pero la serenidad duró poco. “A medida que fue pasando el tiempo se volvió difícil. Los futbolistas somos gente de competencia, desde un entrenamiento en el que competís para ganar un reducido hasta la concentración para un partido. Se hace duro entrenarse sin tener un horizonte”.

-¿El hecho de estar todo el día en tu casa te hizo caer la ficha de lo que va a ser el día después?

-No creo que sea parecido. Porque cuando me retire voy a poder salir de mi casa. Obvio que me viene pasando por la cabeza, cumplí 37, lo tengo dando vueltas. Esto no ayudó, pero cuando llegue el momento del retiro espero tener otras distracciones y otros proyectos.

La pandemia dejó al desnudo las diferencias en las diferentes capas de la sociedad: no es lo mismo hacer la cuarentena en un country que en una villa. Y en el fútbol se replicó el escenario: no tienen las mismas reglas los del ascenso que los de Primera. Bajo la misma órbita desfila el jugador de las categorías más bajas que debió continuar trabajando para sobrevivir, muchos otros que se entrenaron en un departamento y se adaptaron como podían a una rutina extraña, y un porcentaje menor, los de la elite, que dispusieron de las mejores condiciones.

“Se nota mucho la diferencia -admite Andújar-. Ya de por sí el 80, 90 por ciento de los jugadores de Primera pueden ir a entrenarse en su auto. Y en el Ascenso muchos chicos viajan en colectivo. ¿Y cómo hacés? El Ascenso lamentablemente es un mundo aparte. Pero era imperioso volver a los entrenamientos, poder poner la maquina en funcionamiento. Esto no es solamente un deporte. Esto es una industria. Han quedado sin trabajo más de 1500 familias que están en el aire. Muchas veces no se le da al fútbol la importancia que merece. Es un negocio y es una fuente de trabajo para un montón de gente, no solo el jugador; desde el que tira cables hasta el que vende la gaseosa en la cancha”.

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