Marianela Núñez y Alejandro Parente: unidos por la danza y un amor que desafía la distancia



Este domingo 31 de mayo, a las 20, el Teatro Colón transmitirá por streaming, a través de www.buenosaires.gob.ar/culturaencasa, el ballet La viuda alegre, basado en la opereta del compositor austrohúngaro Franz Lehár, en una producción del Joburg Ballet interpretada durante la temporada 2018 por el Ballet Estable del Teatro, bajo la dirección de Paloma Herrera.

Hasta ahí, la data pura de una emisión más del Colón en el marco del programa Cultura en casa, que contribuye a hacer más llevadera esta cuarentena provocada por la pandemia de coronavirus, que parece destinada a mantenernos durante mucho tiempo alejados de las grandes salas de conciertos.

Sin embargo, la información entre líneas indica que la elegida es una de esas funciones que quedaron en el recuerdo no sólo por el desempeño de los artistas, sino por esos condimentos adicionales que la convierten en un hecho artístico extraordinario, y que lo tornan especialmente atractivo no sólo para los amantes del género sino también para quienes no lo son.

Marianela Núñez y Alejandro Parente compartieron la función de La viuda alegre, con una especial carga emotiva. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

Es que esa noche, en una Buenos Aires sitiada por una lluvia torrencial, el escenario del Colón fue el punto de encuentro de Marianela Núñez, la bailarina argentina que es figura en el Royal Ballet de Londres, y Alejandro Parente, el primer bailarín argentino que le ponía punto final a sus 30 años de trayectoria. 

Pareja en la vida así como en la ficción -o al menos en aquella ficción-, hoy ambos recuerdan esa velada con especial cariño, a pesar de la tensión del momento. “Más allá de ser pareja o no, me ha pasado que tuve que bailar en otras ocasiones con un bailarín que se estaba retirando. Y la verdad es que la presión que uno siente es elevada. Uno tiene que entender que es una situación compleja y quiere estar todavía mucho mejor para darle a la otra persona la posibilidad de tener una noche inolvidable”, explica la bailarina, desde algún lugar de San Telmo, donde Marianela y Alejandro atraviesan juntos la cuarentena.

La bailarina explica que esa tensión “no la sentís solo por la persona que está pasando por ese momento, sino por todo lo que se vive, la expectativa de las personas alrededor. Más si es una figura como Ale, que pasó 30 años en el Colón. Porque cuando pasás tanto tiempo en una institución, formás parte para siempre de ese lugar. Entonces, sentís las emociones de mucha gente, y es mucho para contener. Lo más lindo de todo es que ni yo ni Alejandro habíamos hecho La viuda alegre. Normalmente, los bailarines se retiran con una obra que ya han hecho varias veces. Pero retirarse con un papel nuevo era un gran desafío, también. 

Un brindis en escena y bailado por Marianela Núñez y Alejandro Parente, en la última vez del bailarín. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

-No tenes revancha. Si la hiciste mal, ya está. Esa es la imagen que queda.

Núñez: Y encima, ¡filmado!

Parente: Entiendo lo que ella quiere decir. Hay momentos de la carrera, cuando sos novato, en la mitad o al final, en los que tenés una mala función, un mal día. Que te resbalaste, se te rompió la ropa o el pantalón y te chocaste con un decorado; cosas que pueden pasar. O te lastimaste justo en la mitad y no podés terminar la función, que me ha pasado. He tenido funciones que me he llevado un decorado puesto, otras que me he resbalado, otra en la que ella hizo todo un pas de deux con una mesa caída. Y uno quiere que la última que no sea así. 

Núñez: Yo me pongo en ese lugar, el día que me pase, y estaría muy angustiada de saber que es la última vez que voy a bailar, en mi casa, que sería el Covent Garden, como la suya es el Colón. Sería un “emotional mess” (desastre emocional). Me tendrían que estar sosteniendo.

-¿Pero que la pareja en la ficción sea la misma que en la vida real no cambia nada?

Parente: No es fácil cuando la pareja en el escenario es la misma que la de la vida, porque uno conoce más allá de lo que profesionalmente uno conocería del otro. Conocés opiniones o pensamientos que no se los decís a tu compañero de trabajo; se los decís a tu pareja, que en este este caso es tu compañero de trabajo. Entonces, tenés información extra, que muchas veces te puede jugar en contra si es que no separás bien los roles, algo que no es fácil. El bailarín baila con su pareja, pero en ese momento tienen que ubicarse lo más posible en ese rol de profesionales, por lo menos en el ensayo. Después salen y pueden pelearse, o ir a cenar, o la vida… Pero en ese momento el punto es el personaje. Si tu vida privada se interpone con el personaje sería una mala función. Y puede pasar.

La presencia de Marianela Núñez en la Argentina durante estos días es una consecuencia directa de la pandemia de coronavirus. “No elegí venir. Yo vivo en Londres desde hace 22 años, así que para mí lo que es hogar, mi casa, es allá. Mi vida está allá. Y nunca me quiero alejar de Londres. Menos, en estas circunstancias. Pero me asusté un poco cuando empezaron a cerrar las fronteras. Mi papá, mi mamá y mis hermanos están acá; Alejandro justo había llegado de Europa, y estaba aquí en la Argentina, así que me puso un poco ansiosa, tenía miedo y decidí venirme para estar cerca de ellos. Y ahora estoy esperando a ver cuando puedo volver”, explica.

-Marianela dice que viniste de Europa. Te despediste hace casi dos años, con La viuda alegre. ¿Qué hace un primer bailarín como vos cuando deja de bailar?

Parente: Antes de ese momento, ya había empezado a dar clases, paralelamente a mi carrera de bailarín. Estuve en la academia de la ópera de Roma como maestro, durante dos años, mientras seguía bailando; empecé a dar clases en algunas compañías, en la Scala de Milan, ella me ayudó a dar algunas clases en el Royal (“no es cierto”, interrumpe ‘ella’), en Salzburgo, en el Colón… Es un buen trabajo, uno viaja, está el compromiso fuerte de tener que hacerlo bien.

Sellado con un beso, sobre el escenario del Colón en la noche de la despedida del bailarín, tras tres décadas de trayectoria. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

Núñez: La clase diaria, para los bailarines, es algo muy importante en nuestras vidas. Es donde nos conectamos con el cuerpo y lo preparamos para el día que sigue. Entonces, el rol del maestro es super importante. 

-Dicen que el camino para llegar a ser un primer bailarín es muy duro. ¿Nunca tuviste la tentación de vengarte con algún “alumno” de algo que te la haya hecho pasar mal cuando estabas en la escuela de danza?

Parente: (Risas) No, no. A veces el traspaso de bailarín a maestro puede generar todo tipo de revanchismo, sí. Pero yo quedé bastante satisfecho con mi carrera. No porque no se podría haber hecho mejor, sino porque me llenó, me nutrió, conocí mucha gente que me sumó muchas cosas. Siento que mi paso por el escenario fue nutritivo y me siento satisfecho, con mucho más para dar que para quitar.

-Marianela, llevás 22 años de carrera en el más alto nivel de exigencia. ¿No hay un momento en el que aparece cierto acostumbramiento, cierto aburrimiento?

Núñez: ¡Nunca! Al contrario. Eso es lo lindo, lo bello de esta carrera. Estar constantemente en esa sorpresa. Uno mismo busca nuevas cosas. Esas ganas, esa energía, son las que me llevan a superarme a diario, algo tras año, temporada tras temporada, espectáculo tras espectáculo. A mí no me ha pasado eso de aburrirme, y no creo que me pase por mucho tiempo. Porque quiero seguir bailando por mucho mucho tiempo. Me van a tener que empujar, literalmente… (Risas) Pero creo que si uno llega a sentir algo así, es como la llavecita que te dice: “Ok, ya hemos llegado al momento de no seguir más”. Si ese aburrimiento llega, es el indicio de que ya está.

-Alejandro, después de tu última función, Ronald Hynd, coreógrafo de esta versión de La viuda alegre, se preguntó por qué dejabas de bailar, si estabas en capacidad de hacer todo lo que hacías. ¿Por qué decidiste hacerlo?

Parente: Ufff, jaja… El coreógrafo dijo eso después de una función o un ensayo en el que salieron todas las cosas. Pero antes, en la previa, habrá habido días en los que se agarraba la cabeza y habrá dicho: ‘¿Saldrán las cosas?’ Así, con signo de preguntas. Yo sabía que sí, porque sé mis tiempos, conozco mi cuerpo, y lo iba llevando. Pero me parece que hay un momento para todo. La funciones son una parte de lo que el público ve, y ya lo ve trabajado, elaborado… Pero el día a día se puede volver difícil, las lesiones pueden ir carcomiendo incluso la posibilidad técnica que uno tiene, de hacer un movimiento, y de pronto te encontrás con que no lo podés hacer. O que no lo podés hacer como antes. Me parece que hay un poco de eso. No es justo lo de Hynd. Es un comentario para hacerme sentir bien. Pero no estaba en mi mejor forma. En el video van a ver que no… Que estaba para retirarme. (Risas)

“Hay un momento para todo”, argumenta Parente, al explicar que el cuerpo pasa factura y el bailarín lo siente. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

-¿Tienen pensado ver el streaming?

Núñez: Yo lo voy a querer ver. Pero no me voy a sentar a verlo como un espectador normal. Lo voy a ver pensando en lo que puedo mejorar, en lo que puedo superar la próxima vez que lo haga, con un ojo autocrítico. Hay muchos bailarines que no podrían verse. Es duro, porque uno va directo a lo que uno ve mal.

Parente: Es tal la subjetividad de todo. Antes, cuando me veía me odiaba, me agarraba la cabeza. No era lo que me gustaba o no era lo que yo hubiera pretendido que se viera. Y posiblemente a otra persona, profesional, sí le gustaba. He visto videos de 20 años atrás, y me di cuenta de que no estaba tan mal como me parecía cuando me veía en ese momento. En la vida del bailarín, creo que uno de los aprendizajes más grandes es aprender la subjetividad compartida. A veces tenés un maestro que te está tirando abajo, y está todo mal, todo mal, todo mal… Y puede tener buenos resultados, no digo que no. Pero esa subjetividad que se genera entre el bailarín y el maestro y los compañeros, que te hacen ver todo de una manera, no necesariamente implica que no haya otras, distintas. Otras perspectivas. A mí, en general, no me gusta verme, y en este caso espero que la gente me mire pensando: “Bueh, era su última función” (Risas). Yo estoy recontra agradecido al teatro, a Paloma, que eligió esta función para pasar, al coreógrafo, a Marianela, a mis compañeros, al Colón entero.

El saludo final, tras una noche emotiva que se verá nuevamente por streaming el domingo 31 de mayo. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

Núñez: Y también agradecemos al teatro por compartirlo con los amantes de la danza y con la gente que por ahí no se anima a ir. Ahora, el teatro, como otros del mundo, están abriendo estas posiblidades de que aquel que no se anima a ir a un teatro lírico se enganche desde sus casas, y por ahí descubren una pasión nueva.

-Supongamos que soy uno de esos nuevos espectadores que se animan. ¿A qué le tengo que prestar atención: a la técnica, a los saltos, a la coreografía?

Núñez: Yo creo que uno cuando va a apreciar cualquier tipo de arte y uno es un conocedor, lo que aconsejo es sentarse y dejaste llevar, y disfrutar de esos momentos. Creo que, instintivamente, en una obra como La viuda alegre es mucho más fácil. Hay una historia, hay personajes; es como una obra de teatro, como que podés seguir el hilo. Si uno está viendo un ballet abstracto, por ahí se complica más. Pero justamente, al mismo tiempo, al ser una obra abstracta, podés volar con la imaginación. Entonces, realmente si alguien nunca fue a un ballet, la clave es dejarse llevar, sin tratar de analizarlo, de ir en profundidad. Simplemente entregarse a la experiencia. Y con una obra como esta, es definitivamente muy fácil: la música es fabulosa, la historia es una comedia romántica, así que…

Lejos de los escenarios por un tiempo, Marianela Núñez y Alejandro Parente comparten la cuarentena en San Telmo.

Parente: Y hay un concepto en el que yo haría hincapié, que es el glamour de los años ’20 de Hollywood, que se perdió. Hay algo en la situación, de cine de los años ’20, de esa calidad del champán. Cierta frivolidad, pero con una estética determinada. Yo creo que cuando uno va al teatro, está bien que el teatro lo invada todo. Pero cuando uno se acerca a una pantalla, las introducciones son necesarias En este caso, la que yo podría hacer, que es muy diferente a la de otros ballets, es el contexto histórico y el estilo de una época, ese glamour un poco frívolo que al final conecta con una historia de amor.

-Antes hablábamos del nivel de exigencia. ¿Qué tan cierto es que para alcanzarlo haya que sufrir muchas privaciones?

Parente: Mirá, mira. Esto, entre nosotros… Mirá la carrera que hace ella, que se cuida; y yo… (Risas). Ella tiene una actitud de elite. No es una deportista de alto rendimiento, pero es como si lo fuera. Y el nivel en donde se mueve lo requiere así. Pero para el arte mismo, no. Para esta profesión es necesario cierto cuidado, pero tampoco tan extremo. 

Núñez: Como decía Alejandro, soy de cuidarme mucho, desde chica. No tomo, no fumo, como bien… Ahora, justamente, parte de esta carrera es estar conectado con el lado humano de las personas, para poder vivir esos personajes, habitarlos. Uno realmente tiene que estar conectado con la parte humana; no podés ser un robotito. Eso es fundamental. Hace 22 años que llevo mi carrera en el Royal Ballet, y no me he perdido una temporada. Tengo 38 y siento que tengo el cuerpo como cuando tenía 20, y eso es porque me cuido y trato mi cuerpo como lo mejor que tengo. Pero, obviamente, si tengo que tener un día que disfrutar o un fin de semana, lo hago porque se esencial para sentirme viva. ¡Y humana!

Parente: Hay algo en la vida cotidiana que se retroalimenta con la profesión. El estar vivo humanamente te nutre para que el movimiento no sea seco ni mecánico. Hay algo de eso. Igual, en la profesión hay movimientos como agarrar una barra, otros cuerpos, tirarse al piso… Hay mucho de esto. No es una carrera hiperhigiénica.

Marianela Núñez, a los 38 años dice que siente su cuerpo como cuando tenía 20. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

-¿Cuanto tiempo del año pasan juntos?

Núñez: No mucho.

Parente: La mitad del año.

Núñez: Menos. Ahora que él estaba en Europa, yo estaba en Londres; si él esta un mes en Italia, por ahí puedo viajar los cuatro fines de semana. Cuando se quedó como tres mese seguidos, yo estaba como artista invitada en La Scala por un mes y medio; el año pasado yo estaba de gira con el Royal en Japón, y justo a Alejandro lo habían invitado a dar clases allá. Es como que se va combinando.

Alejandro Parente y Marianela Núñez, compañeros y cómplices, la pareja no sabe de fronteras.

-¿Se sufre más la distancia que lo que se disfruta el reencuentro o al revés?

Núñez: El reencuentro se disfruta mucho más. A mí me cuesta la distancia. Más, obviamente, después de cinco años estaría bueno estar más juntos más tiempo y en un lugar como base. Y por ejemplo, en una situación como la de ahora, no estar tomando la decisión de adónde ir… A mí me hubiera encantado quedarme en Londres y llevarlos a mis papás y a Alejandro también. Pero eso es algo que vivo desde que tengo 15 años. Yo decidí irme. Mi estructura de vida, mi casa, todo está allá; pero se me quedaron los seres queridos acá. Pero a él la distancia le cae mejor. 

Parente: Bueno, a este ser querido se lo buscó años después, así que sabía… (Risas) Lo que pasa es que en la distancia. como en la convivencia, uno encuentra otras facetas de la persona querida. Es una manera distinta de relacionarse. Salvo que te desconectes completamente. Pero me parece que mucho de una cosa no es bueno, ni mucho de la otra tampoco.

-Está claro.

Núñez: ¡Está claro! (Risas) Le ponemos el punto ahí. Antes de embarrarla, punto.

Inolvidable. Parente tuvo la mejor de las despedidas. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

Parente: Si no querés tener problemas con tu pareja, después de cortar esta conversación, ¡pará acá!

“La viuda alegre”, interpretada por Alejandro Parente, Marianela Núñez y el Ballet Estable del Teatro, bajo la dirección de Paloma Herrera, durante la Temporada 2018, se transmite este domingo 31 de mayo, a las 20, a través de www.buenosaires.gob.ar/culturaencasa.

E.S.

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