Mariana Larroquette, la argentina que armó las valijas en medio de la pandemia y llevó sus goles a Noruega



Antes de viajar, agarró su celular y se bajó la aplicación Duolingo. A la frase con la que se inicia la app (“Quiero aprender…”) le respondió “más” y deslizó el dedo hasta que encontró noruego. “Al principio, me resultaba bastante fácil. Después se empezó a complicar. Por ahora, a los golpes vamos, nos tratamos de entender con alguna que otra palabra. Nos estamos arreglando por ahora”, cuenta desde Oslo Mariana Larroquette, la goleadora de los últimos tres torneos argentinos que hace tres semanas se sumó al Lyn de la Toppserien.

La liga de Noruega es una de las seis más importantes del mundo, fundamentalmente porque el país fue uno de los primeros que apostó por el fútbol femenino, el año pasado tenía casi 100 mil federadas y las nenas se inician en la actividad a los 5 años. En 2017, además, fue pionero en establecer la paridad salarial entre jugadoras y jugadores de la selección. Ahora, la oriunda de Castelar es la primera argentina en probar suerte en aquel territorio famoso por sus fiordos.

“No es ninguna presión ni me creo una súper estrella por llegar a un país donde nadie vino. Donde me tocara, yo iba a seguir siendo la misma, esa que quiere jugar siempre. Pero también me parece muy importante que todas empecemos a abrir puertas en diferentes países. Sabemos que España está recontra abierto para las argentinas y creo que es momento de que todas empecemos a experimentar diferentes ligas, nos vaya como nos vaya. Siempre creo que la experiencia nos va a sumar a todas”, analiza.

Con experiencia en el exterior de su paso por Chile hace cuatro años, Larroquette comenzó el 2020 con la expectativa de llevar sus goles a Europa. Y la primera propuesta que recibió fue la del Lyn pero para comenzar en diciembre, una vez terminado el torneo que arrancó en julio y finalizará en noviembre.

“Yo les respondí que lo iba a tener en cuenta pero que necesitaba jugar en lo inmediato, por lo que si me llegaba algo más lo iba a analizar. Entonces, me llegó una propuesta de Italia, a la que le dí el OK. Pero ellos me necesitaban ya y el país me obligaba a hacer mucha cuarentena. Cuando vi que había demasiada vuelta para algo que las dos partes queríamos, lo terminé descartando. Y fue ahí cuando me vuelven a llamar de Noruega para decirme ‘te queremos en dos semanas'”, recuerda.

Entonces, arregló lo papeles, se despidió de UAI Urquiza, armó las valijas y se fue. “Analizando mi carrera, creo también que era momento de partir. De irme de la UAI también, porque lamentablemente el equipo se desarmó mucho (NdR: se fueron, entre otras, las jugadoras de la Selección Dalila Ippolito, Solana Pereyra, Miriam Mayorga y Adriana Sachs) y tampoco sabía qué me podía esperar en el futuro en la UAI. Si bien me gustan los desafíos, creo que iba a ser muy, muy difícil. Y también quería venir a Europa”, remarca.

Con un contrato hasta diciembre, que se renegociará en noviembre y ampliará a 2021, la delantera de 27 años se entrenó sola los primeros 10 días y luego se sumó al grupo, el 25 de agosto. Al día siguiente, debutó: fue en el clásico de Oslo, frente a Valerenga, el líder de la competencia y el que -según Larroquette- será campeón. Reemplazó a Hedda Foslie y jugó los últimos 30 minutos de la derrota por 2-0, que no terminó con bronca ni llanto. “Acá la rivalidad no se vive como allá. De hecho, terminó el partido y creo que muchas tenían amigas en el club del clásico. Estaba todo bien”, anticipa.

“Es algo que me sorprende que acá termine el partido y terminó el partido: no se les terminó la vida, no se ponen a llorar, no van a estar mal si perdieron. Son muy raros. Tampoco me acostumbro a eso. Porque perder el clásico, que ellas eran las punteras, estaba como aceptado. Pero el partido pasado (1-3 contra Klepp), que por ahí tuvimos la chance de ganar, a mí se me pelaron un poco los cables y no entendía porqué no les pasaba nada. Es un tema cultural, me dijeron. Acá, en el primer entrenamiento posterior, con el videoanálisis, se habla de los errores y al segundo día ya es analizar al otro equipo y listo”, compara.

La jugadora que acumula más de 300 goles en el fútbol argentino se encontró en Noruega con un nuevo club que apuesta a un esquema más defensivo (5-4-1) con una única 9. “Llegué a un equipo que jugó dos meses sin delanteras, básicamente, y están tratando de empezar a atacar un poco más. Nada que ver a lo que estoy acostumbrada. Es bastante difícil para mí pasar de un equipo donde jugaba siempre, hacía goles, la pelota siempre me llegaba, a estar en uno que juega de otra forma, prioriza otras cosas. Pero me parece un buen desafío para buscar la manera, como sea, de poder demostrar lo que soy: una goleadora. Y generar esa confianza para que mis compañeras me puedan dar la pelota sin ningún problema”, explica.

“Pero, bueno, creo que en el fútbol de acá lo primero es defender -revela-. Sí o sí. No solo en el club en donde estoy; también lo vi en los rivales. Es muy importante para ellos defender y que la delantera baje a defender sí o sí. Así que estoy un poco acostumbrándome a eso. Más allá de que en la Selección me toca jugar de volante y tengo que ir y venir, que hagan bajar a la nueve es un poco loco pero no me va a quedar otra que adaptarme. Así que estoy trabajando también la paciencia”.

“Más allá de que pase por momentos en los que me desespero y digo ‘esto no es para mí’, es enojarme un ratito y después pensar que hace poco que estoy acá, es otro fútbol, otra cultura, otro idioma. Es un poco darle tiempo. Ojalá me adapte a las formas y ellos se adapten a alguna forma mía, me toque entrar y decir ‘acá estoy yo’. Yo creo que si me vieron jugar de delantera, de querer siempre la pelota y de hacer goles es porque van a querer eso de mí, no me van a querer cambiar. Por el momento, es todo paciencia. No me asusta”, aclara.

Sobre la barrera idiomática dice que el principal apoyo lo encontró en el preparador de arqueras, el argentino Joaquin de Dominicis, y el técnico de la Reserva, que “es portugués pero sabe hablar muy bien español”. “Y de las chicas sé que la mayoría tuvo español en la escuela así que alguna palabra agarran. Hay dos que son las que más saben e intento que ellas me expliquen. Cuando estoy sola, que no tengo al argentino ni el portugués, trato de mirar, copiar, prestar atención a alguna palabra y manejarme por ese lado”, resalta.

La sonrisa se le dibuja cuando recuerda lo que sus compañeras le contaron qué opinaban sus novios y familiares de que una argentina se sumara al equipo: “Les dijeron ‘los argentinos son guerreros, déjenla jugar'”. “Ahora falta empezar a jugar”, exclama entre risas.

El idioma, la soledad y el coronavirus en Noruega

Mariana Larroquette vive sola en un departamento cerca del centro de Oslo. “A unos diez minutos de lo que sería la 9 de Julio y Corrientes allá”, refiere. Cuenta que se lleva bien con la soledad porque le gusta “estar sola, dormir, comer y mirar la televisión” cuando quiere.

Dice también que recorrió “muy poco” de la capital noruega y que se maneja en subte. “Colectivo todavía no me animé. Demasiado que sé para dónde me tengo que tomar el subte y para dónde tengo que volver”, confiesa sobre una ciudad de la que “no sabía nada antes de viajar”.

A diferencia de la creencia popular y de que por el mercado cambiario cualquier país “nos parece caro a los argentinos”, en Oslo “es todo accesible”. “Me han contado que acá te podés alquilar una casa sin problemas y en cuatro meses te podés comprar un auto. El nivel de vida es otro. Si bien a nosotros nos va a parecer caro, en relación a lo que se gana es muy bueno”, remarca.

Explica que “hola” es “hallo” -aunque pronunciarlo es muy distinto de escribirlo- y que “algunas palabras que son de fútbol” ya las aprendió. “Aunque a veces me cuelgo porque es difícil traducir rápido en la cabeza”, se excusa.

La sorprendió que al lado del club, “hay una cancha de hockey sobre hielo y es al aire libre”. Por lo que se anima a decir que los noruegos “al frío están re curtidos”. En ese sentido, ella ya preguntó cuándo empezará a nevar y le contestaron que en noviembre. “Pero ya me dijeron que te acostumbrás y no pasa nada. Una vez que entrás en calor igual ya está, el tema es después. Pero va a ser muy lindo”, se entusiasma, quizás con la ilusión de que se adelante la fecha al 24 de octubre, cuando cumplirá 28 años.

También relata que “el famoso hisopado” se lo tuvo que hacer al llegar al aeropuerto y fue “terriblemente doloroso”. Aunque allá la vida “es bastante normal”. “Si bien existe el coronavirus, se cuidan muchísimo. Vas al supermercado, está el alcohol en gel para ponerse como en Argentina y acá la gente es muy respetuosa. En el transporte público se puede ver gente con barbijo. Cada uno sabe acá lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer, lo que no tiene que compartir. Es otra vida. Pasa por la responsabilidad. Se cuidan a ellos y también cuidan a los demás”, relata sobre su nuevo hogar.

Mientras que sobre su equipo comunica que “hay algunas jugadoras que viven del fútbol, otras muy jóvenes que todavía están en la escuela y otras que hacen sus carreras, como una médica y una abogada” que juegan con ella. “Creo que pasa más por cada una si quiere vivir del fútbol o si se quiere dedicar a otra cosa. Por gustos. Yo creo que sí, claramente, podrían vivir solo del fútbol”, opina.

Aunque hace menos de un mes que llegó, ya puede decir que “las jugadoras están 100% metidas en el fútbol y tienen una actitud profesional pese a que nadie las obliga a ser así”, que los partidos se pasan por un streaming pago, que en su club pagar el bono contribución es opcional, que la mayoría de las canchas “son sintéticas por el clima” y se riegan y que hay estadios normales, chicos y muy grandes. “Me ha tocado jugar en el estadio de Valerenga, que -piensa-, no sé, parecía más grande que el estadio de Morón. Increíble”.

El éxodo de argentinas a Europa

Mariana Larroquette jugó el Mundial de Francia con Argentina. Foto REUTERS/Lucy Nicholson

-Dalila Ippolito dijo que en Argentina no les dan importancia ni hacen nada por ustedes. ¿Qué opinas vos?

-Apoyo mucho lo que dijo Dalila. No somos valoradas correctamente como jugadoras de fútbol y más de la Selección Argentina. Creo que a los clubes les da lo mismo que seas una jugadora de la Selección, pero cuando te toca estar en la Selección, se quieren llevar las flores. Desde ese lado, las entiendo a todas las que se fueron. Se fueron a buscar un mejor fútbol, una mejor calidad de vida, una mejor moneda, aunque en algunos casos no se hace ni siquiera la diferencia. Pero es vivir del fútbol, estar todo el tiempo con la cabeza en el fútbol, lejos de muchos problemas que quizás algunas tenemos.

-¿Cuánto va a beneficiar a la Selección?

-Lo que está pasando las va a ayudar a crecer a todas, porque Europa está muy adelantado a lo que es Argentina, y cuantas más jugadoras estemos acá, más va a crecer la Selección. Vamos a tener otro roce internacional, en mayor o menor medida, y eso nos va a ayudar también. Creo que va a mejorar muchísimo a la Selección. Por lo que ví acá, en Valerenga está la jugadora de Holanda del Mundial (Sherida Spitse), hay jugadoras de Suecia, de Islandia y un montón de otras partes del mundo. Asumo que eso también pasa en Italia y en España. Nos ayuda a todas eso. Es muy importante tener la cabeza ciento por ciento en el fútbol y no como en Argentina, donde vamos a entrenar y después tenemos que ponernos a hacer cosas de la facultad o acostarnos temprano porque al otro día hay que trabajar. Y eso se vive porque todavía es un falso profesionalismo. La iniciativa está buenísima, pero no alcanza para nada todavía, menos con todo esto de la pandemia, porque no creo que aumenten los sueldos y es como otra vez dar un paso atrás.

-Y en el torneo local, ¿cuánto va a repercutir?

-Me parece que con tantas jugadoras en el exterior, ha bajado un montón la calidad del torneo, en competencia en sí. No lo digo por determinados equipos, sino porque en Argentina no hay inferiores, no se ve futuro. Entonces esas son cosas que nos hacen ruido a nosotras: ¿después de nosotras quién está? Nadie. No hay nada. El torneo de Reserva no sé cuánto se jugó, cuatro o cinco fechas, y no todos los equipos lo tienen. Y te podés encontrar con jugadoras de 14 a 17 años, también es una diferencia muy grande. Creo que hasta que AFA y los clubes no tomen la misma medida que tiene el masculino, esto no va a dejar de pasar.

-¿Pensás que es momento de que los clubes apuesten a las jugadoras porque en el futuro les darían un ingreso económico que ayudaría a desarrollar las inferiores?

-Sí, tal cual. Tampoco es te pongo una cláusula de cinco millones de dólares, así no te vas. Me parece que tienen que empezar a mirarlo desde otro lado. De decir ‘transferimos una jugadora a España, ganamos tanto’ y ese club ya abrió las puertas para las jugadoras que se quedan. Desde España están mirando jugadoras en Argentina de determinado club. Me parece que tiene que pasar por ahí y no en tratar de hacer un negocio en lo inmediato.

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MFV

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