Madres del Dolor: “Le tenemos tan poco respeto a la vida que la desafiamos a diario”



LA CARTA. Hoy es el tercer domingo de noviembre y es el Día Mundial de las Víctimas de Tránsito. Tienen una fecha y tienen un monumento. Pero lo que no tienen, prácticamente todos esos hechos, es justicia. Una palabra tan inalcanzable para muchos. El deseo constante de poder darles un poco de paz a cada familia es recibiendo justicia.

Lamentablemente, estas pérdidas ocurren día a día, y las estadísticas son tan graves que no se entiende que tan pocos tengan conciencia de este flagelo. Que sigan jugando a ser Dios cuando se suben a un auto y que no midan las consecuencias que ocasionan. ¿Cuántas muertes más seguiremos contabilizando? ¿Cuántas estrellas amarillas más colocaremos? ¿Cuántas tumbas más visitaremos? Arroja una cifra de 552 víctimas fatales mensuales y 18 diarias.

Muchos no saben el significado de las estrellas amarillas, las miran al pasar con miradas vacías. Ahí enaltecen para recordarnos que alguien no cumplió con las leyes de tránsito y que, por ello, alguien ahí perdió su vida, que su historia terminó cuando recién se empezaba a escribir, que había un montón de sueños que quedaron sin cumplir. Y atrás de cada una de esas estrellas amarillas quedó una familia, una silla vacía, un cuarto lleno de recuerdos, un dolor lacerante, una pelea interna. Su voz de apoco se va borrando y uno lucha incansable para que eso no suceda.

¿Cuánto queda detrás de esa estrella? ¡Cuánto dolor inimaginable sentimos a diario. ¡Cuántos porqué aún no encuentran sus respuestas! Ellos dejaron de vivir y nosotros estamos aprendiéndolo a hacerlo sin ellos. ¿Será eso realmente vivir?. No lo sé. Lo que sí sé es que siento que perdimos la batalla, que el destino nos jugó sucio. Sólo se avanza. ¡Y cómo cuesta hacerlo!

Si tomáramos dimensión de todo lo que sucede por la falta de controles, por la falta de respeto a las leyes de tránsito, por la falta de empatía a la hora de subirnos a un vehículo: 25 muertes por día, 25 familias destruidas. Le tenemos tan poco respeto a la vida que la desafiamos a diario. Nosotros no sabíamos que existía el Día de las Víctimas de Tránsito hasta que pasamos a pertenecer a ese número, a esa estadística. No sabíamos que su monumento se llama “Brotes hacia una nueva conciencia”. Si esa conciencia que apelamos a que todos tomemos, que todos tengamos el derecho de llegar a casa. Las estrellas están ahí para recordarnos que ellas no pudieron. Que no se los permitieron. Que alguien decidió por ellos.

El cartel que hoy impulsa Silvia Fredes, en el Día Mundial de la Víctimas de Tránsito.

Después de estos largos años sin mi hija Martina, aprendimos que las leyes no son tan justas, que el dolor que se lleva no tiene precio y que la vida tiene otro color. Que nada es igual que ayer. Y que sólo se espera, sin muchas expectativas, el mañana. Que la parte que quedó de nosotros es la que ahora pide que ustedes, que todos, cambiemos esta realidad juntos, que el año que viene en el nuevo aniversario de las víctimas de tránsito, la larga lista de nombres no haya crecido. Que no tengamos que sumarnos y aprender a fuego que existe un día, un monumento, una estrella que nos recuerda que alguien no tuvo la posibilidad de volver a casa.

Martina perdió su vida con 16 años de edad cuando sus alas empezaban a abrirse, pero sus ojos tuvieron que cerrarse un domingo 14 de febrero en 2016, cuando Damián Villanueva terminó con su vida, instantáneamente, dejándola tirada y dándose a la fuga. ¡Duele! Duelen todos los días y se suma el dolor de ver que nada cambia, o que es mínimo lo que aprendimos.

Pero esta lucha sigue por Martina, Sofía, Fran, Yésica, Kevin, Lucas, Martiniano, Letty, Bruno, Yoa, Celso, Nico, Facundo, Érica, Agustín y tantos nombres más que hoy nos recuerdan por qué se conmemora el Día Mundial de las Víctimas de Tránsito.

¡No nos dejen solos!

Silvia Fredes​

INTEGRANTE DE LA ONG MADRES DEL DOLOR

silfredes16@gmail.com

EL COMENTARIO DEL EDITOR

Estrellas amarillas al costado del camino

A fines de julio, Clarín publicaba que en las primeras semanas de la cuarentena por el coronavirus, entre el 20 de marzo y los primeros días de abril -y cuando el país arrancaba una sucesión de fases con diferentes restricciones- el tránsito se desplomó y le dio un descanso a la siniestralidad vial.

Decía también en la nota que se estima que entre 5.800 y 7.300 personas mueren en el país en incidentes viales y es la mayor causa de muerte entre los más jóvenes. Y el dato es que en base a cifras de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (Ministerio de Transporte), por momentos la circulación se redujo hasta el 90%, lo que provocó también un descenso en la cantidad de víctimas fatales por día: de 16,2 a 4,8. Aunque algunas estimaciones hablan de 20 muertos por día.

Hoy, que ya dejamos atrás el aislamiento y entramos en la nueva etapa de Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO), no dejemos que vuelvan a subir los porcentajes de muertos viales. Digo “no dejemos” porque siempre depende de nosotros, de cada uno, que esa cifra se congele para que los familiares de víctimas de tránsito no sientan que perdieron la batalla, como lamenta Silvia.

Honremos la memoria de aquellos hoy concientizan a través de las estrellas amarillas. Y demostremos con hechos que ya aprendimos la lección.

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